La desigualdad en el empleo

Si bien durante las últimas décadas se han logrado avances importantes en lo que se refiere a la incorporación de las mujeres al mercado laboral, aún queda bastante por hacer en relación con la mejora de las condiciones en que trabajan, el reconocimiento del trabajo no remunerado que realizan, la erradicación de los hábitos y las leyes sobre derechos de propiedad y sucesorios que las discriminan, y la prestación de ayudas para el cuidado infantil.

Garantizar que hombres y mujeres tengan las mismas oportunidades para generar y gestionar sus ingresos es una medida importante en favor del cumplimiento de los derechos de la mujer. Además, el que las mujeres disfruten de los derechos sociales y económicos que les corresponden redunda, por lo general, en beneficio de los derechos de la infancia.

Las mujeres trabajan más...

Con independencia de que vivan en países industrializados o en desarrollo, o en entornos rurales o urbanos, por lo general las mujeres trabajan más horas que los hombres. A pesar de que los datos acerca de cómo emplean su tiempo hombres y mujeres son escasos, estudios realizados en años recientes confirman la validez de esta afirmación en los países en desarrollo. Según Oxfam, las mujeres trabajan entre 60 y 90 horas a la semana, mientras que sondeos realizados sobre el empleo del tiempo revelan que en diversos países en desarrollo de Asia, América Latina y África subsahariana, las horas que las mujeres dedican al trabajo superan, a veces por un amplio margen, a las que dedican los hombres.

En el caso de muchas mujeres, el trabajo no remunerado en el hogar ocupa la mayor parte de sus horas laborables, con lo cual invierten mucho menos tiempo en trabajos remunerados. Datos procedentes de zonas urbanas de 15 países latinoamericanos indican que el trabajo doméstico no remunerado constituye la principal actividad de 1 de cada 4 mujeres; mientras que el coeficiente correspondiente a los hombres es de 1 de cada 200.

Incluso cuando participan en el mercado laboral trabajando de forma remunerada, la mayor parte de las labores domésticas continúa recayendo sobre ellas. Los sondeos sobre el empleo del tiempo practicados en seis estados de la India revelan que las mujeres dedican generalmente 35 horas semanales a las tareas domésticas y al cuidado de los niños, niñas, ancianos y enfermos, frente a 4 horas por semana que invierten los hombres.

El reparto de las tareas del hogar no es muy distinto en los países industrializados. Si bien la disparidad entre los géneros en relación con la carga total de trabajo es menos acentuada que en los países en desarrollo, las mujeres de las naciones más ricas continúan dedicando muchas más horas que los hombres a trabajo no remunerado.

...pero ganan menos que los hombres

Aunque los datos desglosados acerca de los salarios mínimos son escasos, los indicadores disponibles muestran que el salario mínimo de la mujer es inferior en un 20% al del hombre en varias regiones. Si bien los datos muestran que la diferencia salarial por razón de género es una constante en todos los países, esta tendencia puede variar de manera importante e incluso invertirse. En el Brasil, por ejemplo, las mujeres menores de 25 años ganan más a la hora como promedio que sus homólogos masculinos.

Debido a que gran parte del trabajo que realizan las mujeres está mal remunerado y a que a menudo desempeñan puestos de escasa consideración y ganan menos que los hombres, el promedio per cápita de los ingresos salariales de la mujer es muy inferior al del hombre. Según cálculos basados en las diferencias salariales y la participación en el mercado laboral, los ingresos procedentes de actividades económicas de las mujeres representan cerca de un 30% del de los hombres en los países objeto de estudio de Oriente Medio y África septentrional, cerca de un 40% en América Latina y Asia meridional, un 50% en África subsahariana y cerca de un 60% en Europa Central y del Este y la Comunidad de Estados Independientes, así como en Asia oriental y los países industrializados.

El lugar donde trabaja la mujer influye en la infancia

La participación de las mujeres en el mercado laboral puede ser beneficiosa para la infancia, dado que a menudo trae consigo un mayor acceso a recursos económicos y un control mayor sobre los mismos por parte de las mujeres. Pero el empleo remunerado de la mujer no siempre revierte en beneficio de la infancia. Factores tales como el número de horas que la mujer pasa trabajando fuera del hogar, las condiciones en las que es contratada y quién detenta el control sobre los ingresos que genera, determinan el modo en que su empleo afecta a su propio bienestar y el de su progenie.

También es más frecuente que las mujeres trabajen en condiciones precarias, con remuneraciones bajas, poca seguridad económica y ayudas sociales escasas o inexistentes. La creciente incorporación de las mujeres al mercado laboral ha venido acompañada de un aumento paralelo del empleo en el sector no estructurado y de formas de empleo irregular.

El trabajo de la mujer en el sector no estructurado y su repercusión en la infancia

En casi todas las regiones en desarrollo, el 60% o más de las mujeres que se dedican a actividades distintas de la agricultura trabajan en el sector no estructurado. África septentrional constituye la excepción, con una participación de las mujeres en el sector no estructurado del 43%. De entre las zonas en desarrollo, África subsahariana presenta el mayor índice de mujeres empleadas en el sector no estructurado (un 84%). A diferencia de los hombres, suelen trabajar por cuenta propia, como empleadas domésticas, como trabajadores industriales a domicilio o de forma no remunerada en empresas familiares.

Las mujeres que trabajan en el sector no estructurado sufren por lo general condiciones de trabajo difíciles y durante muchas horas, y tienen que realizar a veces horas extraordinarias imprevistas. La falta de seguridad en el empleo y la carencia de prestaciones sociales tales como la baja por enfermedad con sueldo completo y ayudas para los gastos de guardería, lleva a que las mujeres y la infancia sean más vulnerables a la pobreza. Los hijos e hijas de madres pobres que han de trabajar en el sector no estructurado, con horarios interminables y poco flexibles, que tienen un escaso control sobre sus ingresos y que apenas cuentan con ayudas para atender a su progenie, están más expuestos a padecer problemas de salud y de desarrollo. Tales condiciones prevalecen en muchos ámbitos del sector no estructurado, así como en empleos mal remunerados del sector estructurado.

Un campo que ha recibido especial atención en los últimos años es el del servicio doméstico. La mayor parte de los empleados del servicio doméstico son mujeres, y casi todas ellas están empleadas de manera informal. Cuando una madre que trabaja en el servicio doméstico asume la responsabilidad de cuidar de los hijos de la persona que la emplea, se origina una situación paradójica en la que la seguridad cotidiana de la progenie del empleador está en manos de un empleado que ha de dejar a sus propios hijos para ir a trabajar.

La crisis de la atención infantil en el sector de empleo estructurado

La participación creciente de las mujeres en el mercado laboral pone en entredicho el modelo familiar tradicional según el cual los hombres trabajan por un salario fuera del hogar mientras que las mujeres se ocupan del hogar de forma no remunerada. En numerosos países, como los países más desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, las economías en transición y los países con mayor crecimiento de Asia oriental, este esquema está siendo sustituido por un nuevo modelo en el que tanto hombres como mujeres trabajan a cambio de una remuneración. En el Reino Unido y los Estados Unidos, por ejemplo, en dos de cada tres hogares existen dos fuentes de ingresos. En la Federación de Rusia, en el 52% de los hogares donde hay niños y niñas de corta edad, todos los adultos de entre 25 y 55 años trabajan. En el caso de Viet Nam, la cifra es del 88%.

No obstante, a pesar de que dicho modelo de generación de ingresos familiares está cada vez más extendido, por lo general la mayor parte de la carga de las tareas domésticas y el cuidado de la progenie continúa recayendo sobre las mujeres. Como consecuencia, y dada la escasa participación de los hombres en las labores domésticas y de cuidado de los hijos, cada vez es más difícil para las madres trabajadoras conciliar el trabajo con las responsabilidades familiares.

Para muchas mujeres que viven en la pobreza, trabajar en el sector no estructurado es la única manera de ganarse la vida. Lea cómo Ena, de Indonesia, consiguió apoyar a su familia y reconstruir su vida después del tsunami abriendo su propio quiosco.