Autonomía en la política

La representación femenina en los parlamentos nacionales es, indudablemente, una medida clave de la habilitación política que han alcanzado las mujeres y de la voluntad de los países para hacer escuchar la voz de los defensores de la niñez.

Aun cuando los obstáculos oficiales para acceder a los parlamentos nacionales y locales han sido eliminados prácticamente en todos los países, esto no basta para corregir los desequilibrios en la gestión pública. Y a pesar de que se han creado espacios y se han desarrollado procesos, el número de mujeres en cargos que implican tomar decisiones no ha aumentado automáticamente. Desde la infancia, las mujeres son víctimas de la discriminación, que abarca desde niveles educativos más bajos hasta la actitud social predominante de desconfiar de su idoneidad para tomar decisiones. Esa discriminación, junto con una carga de trabajo significativamente más pesada, desalienta a las mujeres e impide que entren en la política, pues les deja menos tiempo y energía para la vida pública.

Junto con las organizaciones femeninas y los partidos políticos, una función vital de los gobiernos es garantizar la habilitación de la mujer. Esto se logra creando conciencia entre los funcionarios sobre las cuestiones de género o estableciendo foros dedicados a la formulación de políticas relacionadas con la mujer, como ministerios de asuntos femeninos y departamentos para la igualdad de oportunidades.

Sin embargo, el cambio de actitud en torno a cuestiones de género debe ir acompañado de recursos adecuados y de ciertas aptitudes.

La importancia de las cuotas

Tanto si existen por imperativo constitucional o de la ley electoral como si se basan en acciones voluntarias de los dirigentes políticos, las cuotas han dado lugar en todo el mundo a cambios espectaculares en la participación de la mujer en la vida política. En total, de los 20 países del mundo que tienen más mujeres en el parlamento, 17 (o el 85%) utilizan algún tipo de sistema de cuotas.

Las repercusiones de las cuotas son especialmente aparentes en los países asolados por conflictos en el pasado, como el Afganistán (donde el 27,3% de los legisladores son mujeres), Burundi (30,5%), Rwanda (48,8%) y Timor Leste (25,3%).

Asimismo, las cuotas están obteniendo un reconocimiento cada vez mayor como vehículo potencialmente efectivo para asegurar la representación de la mujer en las negociaciones de paz. En 1999, por ejemplo, después de que las mujeres tuvieran una participación fundamental en el esfuerzo por acabar con las hostilidades en el sur del Sudán, el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer se alió con una organización local en el proceso de paz, “People to People”, que reservó a las mujeres un tercio de los puestos en los encuentros locales y regionales para la paz y la reconciliación. De un modo similar, en Sudáfrica, el 41% de los miembros de la Comisión para la Verdad y la Reconciliación eran mujeres. Ninguno de estos ejemplos, sin embargo, se refiere a un proceso oficial de paz.

Para que sean verdaderamente eficaces, sin embargo, las cuotas deben recibir apoyo de los partidos políticos y de un sistema electoral que se comprometa a alentar la participación de la mujer en la política y la gestión pública.

El papel de los grupos de mujeres

Las organizaciones de mujeres pueden ser también catalizadores para el cambio. Suelen proporcionar apoyo a las mujeres que han sido elegidas para un cargo político y ponen todo su empeño en la defensa de las mujeres, niñas y niños y familias.

En Afganistán, por ejemplo, los grupos de mujeres han proporcionado una importante ayuda al movilizar a las mujeres para que participen en las elecciones presidenciales y parlamentarias y supervisen el proceso electoral. Asimismo han organizado talleres para mujeres refugiadas con el fin de ampliar la toma de conciencia de sus derechos.

En Australia, los grupos de mujeres, junto con otros de la sociedad civil, desempeñan un importante papel como defensores de los derechos de la infancia en los casos de arresto de emigrantes.

En 2002, en Rwanda, las mujeres parlamentarias y dirigentes de la comunidad colaboraron en la elaboración del borrador de una convención nacional para apoyar las oportunidades educativas de las mujeres, los créditos a pequeños comercios facilitados por los bancos rurales y la creación de una comisión que presione a favor de los jóvenes vulnerables.

Un ejemplo para la próxima generación

La participación de las mujeres en las legislaturas nacionales, los gobiernos locales y los procesos de paz no solo está transformando la política actual, sino también la del futuro. La razón es que, interviniendo en política, ellas logran cambiar las actitudes imperantes en torno al papel de las mujeres y las niñas en la toma de decisiones.

Por ejemplo, el papel de las mujeres de Rwanda durante el período de transición hacia la paz y la democracia allanó el camino para que las futuras generaciones de niñas asumieran funciones públicas que habrían sido inconcebibles hace apenas una generación.

En la India, se están fortaleciendo nuevas asociaciones gracias a las mujeres elegidas como representantes y a mujeres que fueron elegidas anteriormente, pero que ya no participan de manera oficial en los concejos locales.

Estos dos países son una muestra del creciente interés en la política que están manifestando las mujeres del mundo entero. Su influencia no solo se está expresando en leyes más fuertes en pro de la niñez y las mujeres; ellas también están ayudando a que los organismos encargados de tomar decisiones se vuelvan más democráticos y sensibles a las cuestiones de género. A pesar de la discriminación y los reveses, las mujeres y los hombres jóvenes que se deciden por el ejercicio de la política ingresan a un mundo que la presencia de la mujer ha modificado de un modo extraordinario.

Una de las formas en que las mujeres pueden inspirar a las próximas generaciones y actuar como catalizadoras del cambio es movilizando recursos para cuidar a la infancia y alcanzar sus derechos. Más información sobre Alaíde, del Brasil, y la organización que estableció para ayudar a las familias y a los niños que viven con VIH/SIDA.