Autonomía en el hogar

Asegurar que la opinión de la mujer tenga un mayor peso en el hogar y en la comunidad es fundamental para satisfacer sus derechos, así como los derechos de la infancia. Aunque los organismos internacionales, gobiernos, organizaciones de la sociedad civil y las propias mujeres han logrado progresos considerables en la promoción de una dinámica más igualitaria, todavía queda mucho por hacer. Algunas esferas clave que exigen una atención urgente son:

  • Aumentar el empleo de la mujer y las oportunidades para obtener ingresos

Eliminar la diferencia entre los salarios, incorporar a la mujer a los puestos mejor remunerados y permitir que las trabajadoras tengan mayor poder de decisión beneficiará enormemente a la infancia. Cuando las mujeres son más productivas económicamente, aumentan también sus esferas de influencia. Tienen más posibilidades de tomar decisiones, no solamente para ellas mismas, sino también para sus hijos e hijas. Cuando una mujer aporta ingresos o bienes al hogar, hay más posibilidades de que participe en las decisiones sobre cómo se deben distribuir los recursos. Históricamente, cuando las mujeres tienen el poder de tomar decisiones, tratan de que sus hijos e hijas coman bien, reciban una atención médica adecuada, terminen la escuela y tengan tiempo para la recreación y el juego. Las mujeres con acceso a un trabajo interesante y bien remunerado tienen más posibilidades de aumentar el nivel de vida de sus familias, y de sacar a los niños y niñas de la pobreza.

La propiedad o el control de los bienes y los ingresos domésticos es un elemento importante en el poder negociador dentro del hogar. Asegurar que las mujeres tengan oportunidades para obtener ingresos, adquirir tierras, una casa y otras propiedades puede contribuir a fortalecer el poder negociador de la mujer y su influencia en las decisiones domésticas.

La igualdad en el derecho a la tenencia de tierras y bienes representaría una medida importante para eliminar la discriminación por razones de género en el hogar. Para que una reforma jurídica cambie las vidas de mujeres y niños, las leyes nacionales basadas en las normas y principios de los derechos humanos deben necesariamente prevalecer sobre las leyes consuetudinarias y prácticas tradicionales que favorecen a los varones. Las reformas jurídicas nacionales de las leyes sobre derechos sucesorios y de propiedad representan una de las estrategias más directas para aumentar el acceso de las mujeres a la tierra y los bienes. En Costa Rica, por ejemplo, entre 1990 y 1992, después de la reforma agraria las mujeres representaban el 45% de las beneficiarias de títulos de propiedad, frente al 12% antes de la reforma. De un modo similar, en Colombia, después de una norma promulgada en 1996 sobre títulos de propiedad conjuntos, la tierra entregada conjuntamente a las parejas equivalía al 60% de las adjudicaciones, frente al 18% en 1995.

  • Comprometer a los hombres

Los hombres pueden hacer una aportación crucial para acabar con la discriminación de género. A nivel mundial, los hombres siguen dominando los procesos de toma de decisiones en los hogares, economías y gobiernos. Además, su participación en las iniciativas para promover la incorporación de la problemática de género en la actividad general y la igualdad entre los géneros sigue siendo baja. Estas iniciativas pueden percibirse como una amenaza a su condición y poder.

Al tomar decisiones “favorables a los niños y niñas” y apoyar a las mujeres en su capacidad de responsables de la toma de decisiones, los hombres pueden ser aliados muy efectivos en la lucha por la igualdad de la mujer. Hay indicios de que los hombres tienen más posibilidades de ser padres activos y participativos cuando tienen un sentimiento positivo de sí mismos y de su relación con la madre del niño, cuando reciben de sus familiares y amigos apoyo para una participación activa en la vida de sus hijos, y cuando tienen empleo.

A menudo, son los hombres quienes toman la mayor parte de las decisiones domésticas, pero los programas destinados a mejorar las condiciones de mujeres y niños tienden a no tenerlos en cuenta. En un estado de la India, por ejemplo, los investigadores descubrieron que las campañas en favor de la nutrición iban dirigidas a las mujeres, aunque cerca de un 20% de los padres tomaban las decisiones sobre la alimentación de sus hijos.

La experiencia de UNICEF indica que los programas que se centran en los varones aportan formas de propiciar una socialización de género positiva. Los programas que animan a la participación de hombres y mujeres pueden contribuir al aumento de la comunicación entre los géneros, y fomentar una división más equitativa de las responsabilidades en el cuidado infantil. En Viet Nam, por ejemplo, UNICEF ha movilizado a los hombres con el objeto de promover el empleo de sales de rehidratación oral para tratar la diarrea y aumentar el alcance de la inmunización. En el Afganistán, Bangladesh, la India, Nepal, el Pakistán y Sri Lanka, activistas de ambos sexos hacen campaña contra la violencia por razón de género. En Uganda y en Zimbabwe, los programas de UNICEF están intentando fomentar la socialización entre jóvenes de ambos sexos como una forma de frenar la propagación del VIH/SIDA.

Otra estrategia para aumentar el apoyo de los hombres a la igualdad entre los géneros requiere políticas dirigidas a redistribuir las prestaciones más equitativamente entre hombres y mujeres. Datos obtenidos en el “experimento nórdico” ilustran cómo llevar a cabo este objetivo. En los países escandinavos, una combinación de iniciativas gubernamentales y no gubernamentales contribuyó a un drástico aumento de la disponibilidad de permisos de paternidad para los hombres. En Suecia, por ejemplo, los padres se hacen ahora cargo del 45% de las responsabilidades en el cuidado de los hijos, gracias, en gran medida, a la creciente popularidad de los permisos de paternidad.

Las iniciativas de promoción concebidas para educar a hombres y mujeres sobre las ventajas de la igualdad entre los géneros y la toma conjunta de decisiones pueden contribuir a fomentar unas relaciones de mayor cooperación entre ambos. Los datos indican que si se han visto expuestos a información sobre cómo la violencia por razón de género afecta a sus hijos, los padres suelen interrumpir el trato abusivo hacia las madres.

  • Prestar apoyo a las organizaciones de mujeres

Una de las vías más importantes y eficaces para lograr la autonomía de la mujer es la dinámica de cooperación entre mujeres. Los colectivos de mujeres no estructurados que se organizan en torno a cuestiones como la nutrición, la distribución de alimentos, la educación y la vivienda contribuyen a mejorar el nivel de vida de las mujeres, sus familias y sus comunidades. Al denunciar públicamente la discriminación y motivar a otras mujeres para que reclamen sus derechos, los grupos femeninos pueden poner en marcha un proceso de amplio cambio social que promueva el derecho de las niñas y las mujeres durante las próximas generaciones.

Los movimientos de base de mujeres han sido los defensores más aguerridos de la igualdad y la autonomía de la mujer a nivel local. Las pruebas extraídas de las Encuestas de Demografía y Salud indican que en algunos países en desarrollo gran parte de las repercusiones generales del poder de decisión de las mujeres se concentra en la esfera comunitaria. En todo el mundo en desarrollo, los estudios indican que la participación de la mujer en las iniciativas de la comunidad puede tener beneficios duraderos para ella.

Más información sobre cómo un grupo de niñas adolescentes trabajan para promover la autonomía de otras niñas en uno de los barrios de tugurios de Bangladesh mediante la lucha contra el matrimonio temprano y las exigencias de la dote.