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Encontrar el equilibrio entre el trabajo y el hogar

Marisa Thalberg, de 37 años, una madre trabajadora de Nueva York, no tiene un reloj despertador desde hace muchos años. Todas las mañanas, su hija de cinco años, Hannah, como su hija de cinco meses Avery, se ocupan de despertarla muy temprano.

Como millones de mujeres en todo el mundo, desde el momento en que comienza el día, Marisa comienza a tratar de compatibilizar dos mundos que compiten entre sí y a veces entran en conflicto: el trabajo y la maternidad.

En un momento en que las mujeres forman alrededor de un 40% del mercado laboral mundial, encontrar una guardería de buena calidad y asequible es una batalla para muchas familias en las que ambos miembros trabajan. En muchas partes del mundo, los progenitores dependen a veces de los miembros de la familia ampliada para que se ocupen de sus hijos. También suele ocurrir que un niño o niña de mayor edad, especialmente estas últimas, tenga que ocuparse de sus hermanos y hermanas más pequeños, a veces a costa de su propia escolarización.

Por fortuna, éste no es el caso de Marisa y su familia.

Las mañanas son por lo general un “caos organizado” en el hogar de los Thalberg, una rutina muy ensayada. Marisa y su marido, David, se preparan para trabajar, visten y alimentan a sus hijos, esperan a que llegue la cuidadora de Avery y dejan a Hannah en la escuela. Luego se apresuran hacia sus respectivos trabajos: Marisa es una ejecutiva en una agencia de publicidad, mientras que David trabaja como director ejecutivo de una firma de relaciones públicas.

Hacia el final de un día lleno de ocupaciones, Marisa y David comiencen enviarse mensajes para ver quién puede llegar antes a casa a las 7 p.m. para relevar a la cuidadora y poner a los niños en la cama. No es fácil compatibilizar todo esto, pero se las arreglan.

“Mi marido y yo somos realmente socios”, dice Marisa. “somos socios en mantener a nuestra familia y somos socios en el hogar. Ambos regresamos por la tarde, y no empleamos papeles anticuados de género, según los cuales yo tengo que hacer las tareas del hogar y él tiene que leer el periódico. De hecho, ¡nunca comeríamos comida casera si no fuera por él!”

Un lugar para que se reúnan las madres

Después de dar a luz a su hija Hannah en 2000, Marisa sabía que volvería a trabajar, tanto porque resultaba una obligación financiera como porque su trabajo de ejecutiva exitosa le satisfacía personalmente.

“Es posible obtener muchas cosas del trabajo: estar con otros adultos, un sentimiento de uno mismo y la sensación de que estás realizando una contribución al mundo”, dice. Pero también percibió que necesitaba estar en contacto con otras mujeres que se encontraban en la misma situación. Marisa vive en la ciudad de Nueva York, donde también viven muchas otros mujeres profesionales, pero tenía grandes dificultades en encontrar un grupo de apoyo de madres que trabajaran fuera del hogar, con quien compartir experiencias, consejos y apoyo.

En 2002, Marisa decidió crear el grupo “Executive Moms”, mamás ejecutivas. “me di cuenta de que había tropezado con esta necesidad que existía entre miles de mujeres en todo el país”, dice. “La ironía, por supuesto es que en mis esfuerzos por resolver mis propios problemas como madre trabajadora, ¡terminé por adquirir una segunda profesión!”

Executive Moms ofrece apoyo a madres profesionales, proporcionándoles oportunidades de hablar entre ellas y recursos emocionales para superar y progresar en su doble función. La organización, que tiene actualmente varios miles de miembros, dispone de un sitio en Internet, un mensaje semanal para sus miembros y diversas actividades especiales.

En 2005, Project Legacy nombró a Marisa Mujer Contemporánea Especial en el Mundo Empresarial, como resultado de su labor con Executive Moms. También se ha convertido en portavoz ante los medios de comunicación sobre temas relacionados con la maternidad, las profesiones y el estilo de vida de las mujeres trabajadoras. Pero quizá la parte de su trabajo como fundadora de la organización que mayores recompensas le depara es la oportunidad que tiene de cambiar algunos estereotipos.

“Muchas personas creen que las madres trabajadoras corren de un lado a otro sin parar y que harían cualquier cosa por no tener que compatibilizar el trabajo y la familia”, dice. “Pero la primera encuesta que distribuirlos entre nuestros miembros reveló que el 97% de las mujeres de Executive Moms sentían que trabajar les convertía en mejores madres”.

A pesar de las muchos recompensas que tiene equilibrar una vida profesional con los hijos, los problemas que afrontan las familias trabajadoras son considerables. “No podemos escapar del hecho de que la licencia por maternidad en los Estados Unidos y en otros países es cada día más corta, tanto en tamaño como en calidad”, dice Marisa. “Muchos lugares de trabajo te dejan saber que no aceptan que te vayas completamente, que es necesario que vuelvas pronto. Cuando a este hecho se le añade que la licencia por paternidad en este país no está bien establecida y que resulta difícil encontrar una guardería asequible y de calidad, uno termina con un escenario problemático”.

Dadas estas dificultades persistentes para compatibilizar el trabajo y la familia, el apoyo de las mujeres en lugar de trabajo es incluso más importante. “En mi profesión, a veces encuentro que las mujeres no son tan buenas con otras mujeres como deberían ser”, dice Marisa. “Deberíamos equilibrar algunas de nuestras cualidades maternales y utilizarlas en el trabajo para apoyarnos las unas a las otras”.

Hay que promover políticas y programas sociales que permitan a las mujeres y los hombres, como Marisa y su marido, compatibilizar sus responsabilidades laborales y familiares, y alentar a los hombres a que se ocupen en igual medida de las tareas domésticas y la crianza de los hijos. Mas información sobre la autonomía en el lugar de trabajo.