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Reconstruir una vida después del tsunami

“Mami, ¡mira qué pez más bonito!”, grita Lili, de cuatro años, a su madre, mientras señala el estanque de agua de que hay cerca de su casa. Todo el mundo conoce a su madre, Agustina, de 25 años, por el apelativo de Ena. La madre mira con pena el estanque que Lille encuentra tan divertido. Su antigua casa, que compartía con su propia madre, se encuentra en el fondo de ese estanque desde el día de diciembre de 2004 en que el tsunami sacudió su poblado en Banda Aceh, Indonesia.

Ena y su hermano, su marido y su hijo sobrevivieron al tsunami, pero su madre y otros dos hermanos murieron ante el embate de las olas. El tsumani también arruinó su pequeño negocio, un quiosco de comida que llevaban Ena y su madre, que siempre estaba lleno de gente y que servía de sustento para toda la familia. Pero lo perdieron todo.

Construir una nueva vida

Aunque muy afectada por la pérdida, Ena estaba decidida a reconstruir su vida para ella y su familia. Se unió a una cooperativa llamada Kelompok Swadaya Masyarakat (grupo de autonomía comunitaria) gestionado por la Fundación Matahari, una organización no gubernamental local que trabaja con UNIFEM y realiza préstamos a los pequeños negocios establecidos por mujeres empresarias. En unos meses, Ena recibió 500.000 Rp. (unos 50 dólares) como capital inicial para construir un nuevo quiosco de galletas, bebidas gaseosas, cigarrillos y otro tipo de productos, que Ena montó frente a su vivienda en el campamento de refugiados.

“Empecé a trabajar en el quiosco con la esperanza de que podría conseguir más dinero para mantener a la familia”, señala Ena. “En ese momento, mi marido era conductor de becak (una calesa motorizada). Me di cuenta de que sus ingresos no serían suficientes, así que decidí abrir el quiosco en los barracones donde vivimos”.

Evi, una coordinadora de programas de Matahari, definió a Ena como una gran trabajadora. Según Evi, Ena solicitó el micro préstamo en junio de 2005 y nunca dejó de pagar las cuotas diarias de 20.000 Rp. En octubre, el préstamo ya estaba pagado.

“Me dio mucha alegría recibir el préstamo de Matahari”, dice Ena. “Antes no había muchas cosas disponibles. Cuando los clientes venían a comprar y pedían ciertas cosas, normalmente no las tenía. Pero ahora, a medida que tengo más cosas en el quiosco, la gente de los barracones no tienen que irse más lejos a comprar cosas”, explica sonriendo.

Los ingresos de Ena aumentan constantemente. “Antes, solamente podía hacer 50.000 Rp. al día, o como mucho 150.000 Rp. Pero ahora, gracias a Dios, se ha duplicado”. Ena acaba de recibir la aprobación de un segundo préstamo por el doble de dinero que el primero. Evi dice que la aprobación del segundo préstamo depende totalmente del rendimiento del prestamista y de su disciplina para pagar el primer préstamo.

“La vida de las mujeres solía ser muy dura aquí incluso antes del tsunami”, dice Evi. “Ahora, muchas han perdido sus casas, su forma de ganarse la vida e incluso a algunos miembros de sus familias. Tienen una gran necesidad de apoyo financiero y emocional para comenzar una nueva vida”.

Ena demostró que, con su decisión y disciplina, merece el próximo préstamo. Tiene pensado utilizar el dinero para ampliar su quiosco con más productos. Muchas mujeres de Aceh comparten sus sueños de una vida mejor.

El quiosco de Ena le ha permitido asegurar un ingreso para su familia. Pero para muchas mujeres del mundo en desarrollo, trabajar en el sector no estructurado representa hacerlo en condiciones difíciles durante muchas horas y sin saber cuándo van a terminar. Más información sobre la desigualdad en el empleo.