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Luchar por los derechos de las niñas en las zonas rurales

La voz suave y el comportamiento tímido de Mulu Melka, de 13 años, oculta una personalidad marcada por el valor, la decisión y unos nervios de acero.

Cuando tenía 11 años, Mulu fue secuestrada por un hombre que la encerró en su casa durante la noche.

El secuestro de niñas para ofrecerlas en matrimonio es una práctica generalizada en muchas regiones de las zonas rurales de Etiopía. Tradicionalmente, a fin de casarse, el novio y su familia deben pagar una considerable cantidad de dinero a la familia de la novia. Pero para algunos hombres de escasos recursos, secuestrar a una niña y luego negociar el matrimonio con los ancianos de poblado es una alternativa menos costosa.

Por lo general, la niña es secuestrada por un hombre o un grupo de hombres y posteriormente el hombre que quiere casarse con ella la viola; puede tratarse de alguien que ella conoce o de un completo extraño.

Los ancianos del poblado del secuestrador exigen a la niña que se case con el hombre que la violó, y la familia de la niña suele consentir, convencida de que no puede negarse debido a que su hija ha perdido su virginidad y por tanto es socialmente inaceptable para casarse con otro hombre.

Por fortuna, Mulu consiguió escaparse por la puerta de atrás un día después del secuestro. Temiendo que sus progenitores la obligaran a casarse con su secuestrador, se refugió en la casa de su tía. Después de algunas semanas, la tía convenció al padre y la madre de Mulu para que la acogieran de nuevo y le permitieran continuar su educación.

“Yo no quería casarme con aquel hombre. Quería continuar mis estudios”, explica Mulu con calma y los ojos fijos en el suelo.

La lucha contra el matrimonio temprano

Mulu, que dice que no fue violada por su secuestrador, consiguió evitar el matrimonio temprano en aquella ocasión. Sin embargo, a comienzos de este año, sus progenitores y los ancianos de la comunidad la engañaron para que se casara con un hombre mucho mayor a quien nunca había visto antes.

Esta vez estaba atrapada, hasta que alguien que había conocido en la escuela le dio una ruta de escape.

En la escuela, Mulu había aprendido que el VIH podía transmitirse sexualmente. Con esa idea en mente, pidió a su familia que tanto su marido como ella se sometieran a una prueba del SIDA antes de consumar el matrimonio. En un país donde el SIDA causó en 2003 alrededor de un 30% de las muertes de personas de 15 a 49 años, se trataba de una petición que nadie podría negar.

La prueba reveló que ella estaba sana, pero que su marido había contraído el VIH. Los ancianos de la comunidad acordaron anular el matrimonio inmediatamente. El padre y la madre de Mulu se enfadaron debido a la vergüenza que aquello significaba para la familia, y su ex marido está todavía decidido a recuperarla. Pero ella se ha mantenido firme en su negativa y ha amenazado con huir si sus progenitores la obligan a casarse de nuevo.

Una lección que puede salvar una vida

Por medio de su ingenio y su valor, Mulu se protegió para evitar contraer el VIH y consiguió seguir su educación. Su experiencia ha fortalecido su convencimiento de que acudir a la escuela es fundamental, especialmente para las niñas. “Si no recibo una educación, siempre estaré bajo el poder de un hombre”, dice. “Lo que quiero es ser independiente, no recibir órdenes de nadie”.

Inspirado por la inventiva de Mulu, Abeche Simel, el oficial de distrito encargado de la promoción de la educación de las niñas, y el Oficial de Educación de UNICEF, Kefyalew Ayano, decidieron realizar una visita al padre de Mulu, Melka Satu.

Sentados en su tradicional casa de barro redonda, le pidieron respetuosamente que apoyara la educación de Mulu y que hiciera lo mismo con sus otras dos hijas más pequeñas. Las niñas, explicaron, tienen los mismos derechos que los niños.

Al final, Melka Satu aceptó respetar los deseos de su hija de permanecer en la escuela.

Otras siete niñas que asisten a la escuela de Mulu han sido secuestradas este año. Debido a que camina dos horas al día para ir a la escuela y regresar, Mulu tiene miedo de que puedan volver a secuestrarla. Y sin embargo, con su valor y decisión característicos, sigue regresando al aula día tras día.

Para Mulu, ir a la escuela ha salvado su vida y le ha permitido evitar un matrimonio prematuro. Más información sobre cómo la educación puede contribuir a atacar la discriminación de género en su raíz y producir por tanto el doble dividendo que representa alcanzar los derechos de la mujer y de la infancia.