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Niñas adolescentes con una misión

Para los cientos de miles de personas que viven en los tugurios de Dhaka, la capital de Bangladesh, los desagües desbordados, la basura en descomposición y la desnutrición infantil son la realidad de sus vidas cotidianas.

Pero en Rupnagor, el barrio de tugurios donde vive Doly Akter, de 17 años, las cosas son bastante diferentes. Aquí, los niños y niñas ríen y juegan en callejones limpios. Niñas vestidas con túnicas de colores brillantes se dirigen rápidamente hacia la escuela o a visitar a sus amigos. El aire está saturado no por el olor pútrido de las cloacas abiertas, sino por un aroma agradable a azafrán y ajo que emana de los cientos de cocinas donde se prepara el almuerzo. En el barrio de tugurios de Rupnagor, que alberga a 2000 familias, no hay basura a la vista, a pesar de las condiciones de hacinamiento.

Las cosas comenzaron a cambiar en 2004, cuando Doly y otras niñas adolescentes de la zona establecieron un grupo como parte de un proyecto sobre saneamiento ambiental, higiene y abastecimiento de agua en los tugurios urbanos y las zonas marginadas, que se inició en 2000 y recibe apoyo de UNICEF y sus aliados.

Por medio del proyecto, las niñas adolescentes como las del club de Doly visitan las casas para supervisar los hábitos higiénicos de por lo menos 25 familias de su vecindario. Las niñas reciben capacitación para comprender los vínculos entre una mejor higiene y una mejor salud, y de este modo pueden asesorar a sus vecinos sobre las razones para mejorar sus hábitos higiénicos.

“Los caminos son muy estrechos en este barrio, pero nos sentimos muy cómodos. Sin embargo, la vida no era antes como lo es hoy”, dice Doly. “Hace solamente dos años y medio había basura y enfermedades por todas partes”.

El programa de seguimiento ha conseguido traer grandes mejoras en la higiene y la salud de las familias y los vecindarios. Pero incluso después de haber obtenido tan buenos resultados, estas jóvenes apasionadas se niegan a interrumpir su trabajo. Ahora utilizan las reuniones y la confianza recién descubierta para abordar otros temas que les afectan.

Habilitar a las niñas

Doly y las otras niñas han impedido varios matrimonios infantiles en la zona utilizando la unión para presionar a las familias. Cuando esto no funciona, piden al personal del Centro de Desarrollo Urbano que intervenga. Aunque cerca de dos terceras partes de las jóvenes de Bangladesh se casan antes de cumplir 18 años, en el barrio de Doly apenas hay matrimonios infantiles.

Las niñas están también luchando contra la práctica cultural de la dote, según la cual la familia de la novia debe pagar al novio y a su familia. Aunque ahora está declarada ilegal, las exigencias de la dote que pueden conllevar actos de violencia contra la novia. En 2004, 165 mujeres fueron asesinadas en Bangladesh y a 77 les arrojaron ácido por cuestiones relacionadas con la dote. “Si no hubiésemos abordado estos problemas, esas niñas, que ahora están trabajando con nosotras no habrían tenido estas oportunidades”, dice Doly. “Ahora pueden ir a la escuela, seguir su educación y trabajar con nosotros. Esto es un elemento ventajoso para nosotras”.

Los miembros del grupo de Doly se protegen también los unos a los otros pagando 1 taka (1 centavo de los EEUU) a la semana, o lo que puedan costear, para ayudar a cubrir los gastos escolares de otras niñas. Recibir una educación es un enorme logro para las niñas de los tugurios, cuyas familias generalmente les obligan a casarse o a comenzar a trabajar tan pronto como puedan.

Para Doly, que recientemente terminó la escuela superior y es muy probable que acuda a la universidad con la ayuda de una organización no gubernamental local, se trata sobre todo de una cuestión de solidaridad. “Si varias de nosotras, 10 o 12 niñas, se unen, nos volvemos muy poderosas”, dijo Doly. “Si nos unimos, pienso que podemos resolver cualquier problema que tengamos”.

Doly dice que las niñas de su zona son el doble de poderosas de lo que fueron sus madres. “Mi madre no tiene ningún poder de decisión, pero yo tengo alguno”, dice Doly.

Cuando tenía 17 años, la madre de Doly, Parven Begum, ya estaba casada y cuidaba a Doly, que era entonces una bebé. No se atrevía a salir de casa sin permiso de su marido o de su familia política. Por el contrario, Doly visita –y aconseja– diariamente a sus vecinos, puede seguir estudiando y se reúne frecuentemente con sus amigos. Cuando Doly camina por los callejones del barrio, sus vecinos se detienen a hablar con ella, ancianos, hombres respetables, mujeres de su hogar y jóvenes. Todos la respetan y escuchan lo que les dice esta niña de 17 años.

“Ahora somos más conscientes de nuestros derechos y de nuestras necesidades, mucho más de lo que fueron nuestras madres", dice Doly. “Las niñas como yo obtenemos por lo menos el doble de oportunidades que nuestras madres. Espero que la generación futura de niñas de Bangladesh reciba por lo menos de nuevo esa misma cantidad”.

La cooperación entre las mujeres y los adolescentes, como Doly y sus amigas, es uno de los sistemas más eficaces para promover la autonomía de la mujer en la comunidad y en el hogar, y puede tener beneficios duraderos para la mujer. Más información sobre cómo promover la autonomía de la mujer en el hogar.