Igualdad en la política y en la gestión pública

La participación de las mujeres en la política –ya sea ésta local o nacional- puede contribuir a promover una legislación más centrada en la mujer, la infancia y las familias. Cuando las mujeres carecen de poder en la esfera política, no es posible escuchar sus opiniones en defensa de la infancia.

A nivel nacional, las mujeres parlamentarias han logrado cambios decisivos para la infancia, a pesar de no estar equitativamente representadas.

  • En países tan distintos como Argentina, la Federación de Rusia, Francia y Rwanda, las mujeres parlamentarias han impulsado la aprobación de leyes relacionadas con la infancia y han contribuido a su preparación. En Rwanda, por ejemplo, las mujeres parlamentarias promovieron con éxito un aumento en los gastos de salud y educación, y el apoyo especial a los niños y niñas con discapacidades.
  • La influencia de las mujeres en el parlamento fomenta cambios en las prioridades de sus colegas masculinos. Las investigaciones indican que los legisladores masculinos son hoy en día cada vez más conscientes de la importancia de las cuestiones relacionadas con la mujer y la familia.

Sin embargo, a pesar de los progresos, las mujeres siguen estando ausentes en la esfera de la política nacional:

  • Hasta julio de 2006, menos del 17% de los parlamentarios del mundo eran mujeres (alrededor de una de cada seis). Según las tasas anuales de progreso vigentes, hasta 2068 no se lograría la paridad entre los géneros en las legislaturas nacionales.

Las mujeres siguen sufriendo casos de discriminación en las urnas: más del 50% de las personas entrevistadas en países seleccionados de Asia oriental y el Pacífico, Asia meridional y África subsahariana creen que los hombres son mejores dirigentes políticos que las mujeres.

Las mujeres desempeñan también una función muy importante para la infancia a nivel local, alterando en algunos casos la distribución de los recursos comunitarios en favor de la mujer y la infancia. Los poblados dirigidos por mujeres en Bengala occidental, India, habían invertido el doble en agua potable, aumentado las visitas de los agentes de salud y logrado una reducción de un 13% en la diferencia de género en la matriculación escolar. Sin embargo, las mujeres representan solamente algo más del 9% de los alcaldes del mundo, y alrededor de un 21% de los concejales.

Las cuotas pueden representar un cambio considerable e inmediato en la representación de la mujer. En 17 de los 20 países con las mayores proporciones de mujeres en la política nacional se había implantado algún tipo de sistema de cuotas. Rwanda, por ejemplo, aumentó del puesto número 24 en 1995 al primer puesto en 2003 en lo que atañe a la representación de las mujeres en el parlamento debido al uso de cuotas. Estadísticas parecidas se han registrado en países tan distintos como el Afganistán, Argentina, Burundi, Costa Rica, Iraq, Mozambique y Sudáfrica.

Aunque los estudios indican que, en general, las mujeres parlamentarias tienen más probabilidades que sus colegas masculinos de fomentar cambios en favor de la infancia, la mujer y la familia, no todas las mujeres parlamentarias consiguen cambios positivos para la niñez. Cada mujer legisladora o dirigente política es un individuo que tiene una personalidad y una ideología diferentes, y por tanto sus acciones no siempre marcan la diferencia.

Las razones por las que se puede asumir que las mujeres podrían actuar desde una perspectiva diferente que sus homólogos masculinos son prácticas más que teóricas. Además de aportar diferentes patrones de socialización y distintas experiencias vitales a su proceso de toma de decisiones, las mujeres tienen más posibilidades de incorporarse a la política desde entornos diferentes, como son el trabajo social o de las organizaciones no gubernamentales.