Igualdad en el empleo

Las condiciones de trabajo de la mujer tienen implicaciones decisivas sobre la infancia. Las mujeres trabajan por lo general más que los hombres, pero ganan menos que ellos. Asegurar que la mujer y el hombre tengan igualdad de oportunidades para generar y gestionar sus ingresos es una medida importante para el logro de los derechos de la mujer, una conquista que con gran probabilidad facilitará el cumplimiento de los derechos de la infancia.

En las últimas décadas se han producido grandes progresos en la incorporación de la mujer al mundo laboral, pero ha habido menos avances para mejorar sus condiciones de trabajo, reconocer su labor no remunerada, eliminar las prácticas y leyes discriminatorias relacionadas con los derechos a la propiedad y la sucesión, y proporcionar apoyo para el cuidado infantil.

  • Una encuesta realizada en ocho países en desarrollo donde había datos disponibles reveló que las mujeres trabajan todos los días un promedio de 1 hora y 9 minutos más que los hombres. En algunos lugares, las mujeres trabajan más de 12 horas al día.
  • En 2005, las mujeres representaban aproximadamente un 40% de la población económicamente activa del mundo. Los ingresos estimados de la mujer representan alrededor de un 30% de los ingresos de los hombres en los países analizados de Oriente Medio y África del Norte, un 40% en América Latina y Asia meridional, un 50% en África subsahariana y un 60% en ECE/CEI, Asia oriental y los países industrializados.
  • Las mujeres disponen de menos bienes que los hombres debido a que reciben salarios inferiores y carecen de control sobre los ingresos del hogar; otros factores son los prejuicios de género en las leyes sobre la propiedad y la sucesión, e incluso en los programas de distribución de tierras estatales. Todas estas cuestiones aumentan los riesgos de las mujeres y los niños de caer en la pobreza.
  • En América Latina, las mujeres son propietarias de una fracción de la tierra en comparación con los hombres, que oscila del 11% frente al 89% en el Brasil al 27% frente al 70% en Paraguay. En África subsahariana, el patrón es el mismo. En el Camerún, por ejemplo, las mujeres realizan más del 75% del trabajo agrícola, pero son propietarias de menos del 10% de la tierra.

Ofrecer a la mujer un mayor control sobre la tierra y la planificación agrícola puede mejorar la productividad agrícola.

  • Un estudio del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Política Alimentaria revela que si se redujeran las desigualdades por razones de género en Burkina Faso, y los hombres y las mujeres agricultores recibieran el mismo acceso a una información y una educación agrícola de calidad, la productividad podría ascender hasta en un 20%.

En casi todas las regiones en desarrollo, el 60% o más de las mujeres que realizan labores no agrícolas trabajan en empleos no estructurados, y a menudo sufren condiciones de trabajo difíciles durante muchas horas, y se les deniegan los beneficios y la seguridad laboral. En la India, el 86% de las mujeres trabajan en el sector no estructurado, el 83% en Kenya y el 69% en El Salvador.

En muchos países, la atención infantil de calidad sigue siendo excesivamente cara para las familias de bajos ingresos cuando el estado no proporciona guarderías o subsidios. Los progenitores dependen a menudo de los miembros de la familia ampliada o de sus hijos mayores –la mayoría niñas– para que se ocupen de los más pequeños mientras trabajan. Esta labor de cuidado infantil puede perjudicar la educación de los niños y niñas dedicados a ella.