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La pobreza deniega a los niños y niñas el acceso a servicios esenciales y oportunidades

Más de 1.000 millones de niños y niñas sufren a causa de una o más formas extremas de privación de necesidades tales como una nutrición adecuada, agua potable, instalaciones decentes de saneamiento, servicios de atención de la salud, vivienda, educación e información. [gráfico 2.1]

La pobreza no solamente amenaza a los niños y las niñas con privarlos de las capacidades necesarias para sobrevivir, desarrollarse y prosperar. También arraiga o amplía las desigualdades sociales, económicas y de género que impiden a los niños y niñas disfrutar de la igualdad de oportunidades y menoscaba los entornos protectores de la familia y la comunidad, dejando a la infancia vulnerable a la explotación, los malos tratos, la violencia, la discriminación y la estigmatización.

Los niños y las niñas padecen los efectos de la pobreza con sus manos, su mente y su corazón. La pobreza material -comenzar el día sin un alimento nutritivo o verse obligados a realizar un trabajo peligroso- entorpece su capacidad cognoscitiva así como su crecimiento físico.

Al limitar su participación en la sociedad e inhibir su potencial, la pobreza no solamente hace sufrir a los niños y niñas, sino que también elimina su autonomía.

La pobreza en la infancia es una causa fundamental de la pobreza durante la edad adulta. Los niños y niñas pobres se convierten a menudo en progenitores pobres cuando crecen, y a su vez crían a sus hijos en un entorno de pobreza. Para romper el ciclo generacional, la reducción de la pobreza debe de comenzar por la infancia.