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Un programa en favor de la niñez

Durante la Cumbre del Milenio celebrada en septiembre de 2000, los dirigentes mundiales aprobaron la Declaración del Milenio y, posteriormente, los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM): una serie de metas concretas en pro del desarrollo de la humanidad con un plazo para 2015.

Todos y cada uno de los ODM están relacionados con el bienestar de la infancia, desde la erradicación de la pobreza extrema y el hambre hasta la protección del medio ambiente para las generaciones del futuro. Además, el Programa del Milenio ha unido a la comunidad internacional en torno a una serie de metas comunes en pro del desarrollo, y esto presenta una oportunidad sin precedentes para mejorar las vidas de los niños y las niñas, que componen en la actualidad más del 40% de la población del mundo en desarrollo y la mitad de la población en los países menos adelantados.

El logro de los ODM, aunque no es una panacea para acabar con todos los males que afectan a la infancia, sin duda servirá para que el mundo sea un lugar mejor para todos los niños y las niñas. Dicho de una manera simple, si durante los próximos 10 años se alcanzan los objetivos, será posible evitar que millones de niños y niñas contraigan enfermedades, mueran de manera prematura o sufran a causa de la pobreza extrema o de la desnutrición; al mismo tiempo, será posible conseguir que disfruten de una escolarización de buena calidad y de acceso al agua potable e instalaciones decentes de saneamiento. [gráfico 1.1]

No lograr los ODM tendría consecuencias devastadoras para los niños y niñas de esta generación, y para los adultos en los que se convertirán un día si sobreviven su infancia. Sobre la base de las tasas actuales de progreso, por ejemplo, 8,7 millones de menores de cinco años seguirán muriendo en 2015, mientras que si se alcanza el objetivo será posible salvar las vidas de 4,5 millones de estos niños y niñas solamente ese año. [gráfico 1.3]

Cumplir con los objetivos es, por tanto, una cuestión de vida o muerte, de desarrollo o de atraso, para millones de niños y niñas. También será un elemento crucial para el progreso de sus países y de sus sociedades.

Es posible lograr los ODM, pero se necesitan medidas urgentes

Aunque desde 2000 los progresos del mundo hacia los objetivos del Milenio no han estado en algunos países y regiones a la par de las aspiraciones, existe el consenso general de que todavía es posible alcanzarlos -plenamente y en el tiempo previsto- siempre que se demuestre la voluntad política necesaria y se tomen las medidas apropiadas.

A lo largo de 2005, los Estados Miembros de las Naciones Unidas se han unido en torno a una serie de iniciativas fundamentales para acelerar los progresos hacia los ODM y para asegurar que los avances sean sostenibles e irreversibles. Estas recomendaciones -denominadas "iniciativas de impacto rápido"- se centran en torno a una ofensiva a gran escala para impulsar el acceso a los servicios esenciales de aquellos niños y sus familias que no los reciben en la actualidad. Si se llevan a cabo, pueden servir de acicate para promover el desarrollo humano y la reducción de la pobreza. Pero esto es solamente el comienzo. Es preciso intensificar iniciativas a largo plazo que estén enraizadas en un enfoque del desarrollo basado en los derechos humanos o iniciar otras nuevas al mismo tiempo que se ponen en práctica las intervenciones inmediatas.

El programa del Milenio: un principio, pero no un fin

Adoptar las intervenciones inmediatas recomendadas y las estrategias a largo plazo aumentará las posibilidades de cumplir con los ODM en 2015. Pero a pesar de la naturaleza exhaustiva de estas estrategias, hay millones de niños y niñas a quienes no afectarán estas iniciativas por sí solas. Se trata de los niños y las niñas que están más allá del alcance de las leyes, los presupuestos, los programas, la investigación y, a menudo, de los gobiernos, las organizaciones y los individuos que tratan de satisfacer sus derechos.

Estos niños no solamente sufren en el presente la exclusión de servicios esenciales relacionados con la atención de la salud, la enseñanza, el agua potable y el saneamiento decente, sino que también es muy posible que se tengan que enfrentar a la exclusión de la sociedad cuando sean adultos. Muchos de ellos son víctimas de una falta de protección que aumenta su riesgo a la exclusión y les hacen, realmente, invisibles.

A medida que el mundo sigue impulsando las políticas, los programas y la financiación necesarios para lograr que la visión descrita en la Declaración del Milenio sea una realidad, no debe permitir que estos niños y niñas sean olvidados.