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El matrimonio prematuro destruye la infancia de los niños, especialmente las niñas

Todos los años, millones de niñas pierden su infancia debido al matrimonio prematuro, definido como un matrimonio oficial o una unión basada en la costumbre o sancionada por la ley antes de los 18 años (la Convención sobre los Derechos del Niño considera que las personas menores de 18 años son todavía niñas, excepto en los países donde la mayoría de edad es anterior). Después del matrimonio se espera que la niña deje atrás su infancia y adopte nuevas funciones como mujer, asumiendo inmediatamente una vida que incluye relaciones sexuales, la maternidad y todas las obligaciones del hogar que tradicionalmente se espera que realice la esposa.

Aunque el matrimonio prematuro afecta también a los varones, es mayor el número de niñas sometidas a esta práctica. Según un análisis de los datos de una encuesta en hogares realizada en 49 países, que llevó a cabo UNICEF en 2005, un 48% de las mujeres en Asia meridional de 15 a 24 años se habían casado antes de cumplir 18 años. Las cifras correspondientes en los 29 países de África y los 8 países de América Latina y el Caribe que participaron en la encuesta fueron de un 42% y un 29%, respectivamente. La incidencia varía ampliamente entre los países y los continentes: en África subsahariana, por ejemplo, Níger presenta la mayor tasa de mujeres entre los 20 y los 24 años que se casaron a los 18 años (un 77%); por el contrario, esta tasa es solo de un 8% en Sudáfrica. [gráfico 3.3]

A algunas de estas niñas se les obliga a casarse a una edad muy temprana, mientras que otras aceptan el matrimonio cuando son todavía demasiado jóvenes para comprender las implicaciones o intervenir en la selección del futuro marido. En los lugares donde se practica el matrimonio prematuro es por lo general una tradición establecida desde hace mucho tiempo, por lo que cualquier protesta no solamente es difícil, sino casi imposible. Esta práctica suele servir para someter a la mujer firmamente bajo el control del marido, viviendo en el hogar de este último; también evita supuestamente las actividades sexuales premaritales de las mujeres.

Se considera que los deseos de independencia que aparecen durante la adolescencia son un atributo indeseable en una mujer que se espera que sea obediente: por tanto, el matrimonio prematuro es conveniente porque cancela de manera efectiva el periodo adolescente, eliminando cualquier destello de autonomía e interrumpiendo el desarrollo del sentimiento de identidad.

La pobreza es otro factor que subyace en el matrimonio prematuro. En muchas culturas se considera que las niñas son una carga económica para la familia y, por tanto, se entiende que el matrimonio es una estrategia de supervivencia, sobre todo si el marido es de mayor edad y dispone de más recursos. En África occidental, por ejemplo, un estudio de UNICEF realizado en 2000 estableció una correlación entre las dificultades económicas y el aumento del matrimonio precoz, incluso en algunos grupos demográficos que no practican normalmente esta tradición. También hay informes de África oriental que indican que los cuidadores de niñas huérfanas a causa del VIH/SIDA suelen entregarlas en matrimonio porque tienen grandes dificultades para mantenerlas.

Cualquiera que sea su causa, el matrimonio prematuro pone en peligro los derechos de los niños, las niñas y los adolescentes. La Declaración Universal de Derechos Humanos reconoce el derecho al consentimiento libre y pleno para contraer matrimonio, mientras que el artículo 16 de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer dice específicamente: "No tendrán ningún efecto jurídico los esponsales y el matrimonio de niños". El matrimonio prematuro puede poner punto final al desarrollo educativo y las oportunidades para los niños y las niñas. Muy a menudo es la entrada a una vida de obediencia doméstica y sexual.

El matrimonio prematuro tiene también implicaciones físicas para las niñas, especialmente el embarazo y el parto prematuros, que representan un alto riesgo de mortalidad materna y neonatal. Las muertes relacionadas con el embarazo son la principal causa de mortalidad entre las jóvenes de 15 a 19 años en todo el mundo, tanto si están casadas como no, y las menores de 15 años tienen cinco veces más probabilidades de morir que una mujer de más de 20 años. Sus hijos tienen también menos probabilidades de sobrevivir: en el caso de las madres menores de 18 años, las probabilidades de morir de sus hijos durante su primer año de vida son un 60% más elevadas que las de los niños nacidos de una madre mayor de 19 años.