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© UNICEF video

Durante el día, cuando la madre de Yuleini y su padrastro están trabajando, esta niña de 13 años se queda al cargo de los otros cuatro menores: les hace la comida en la vieja cocina, les lava la ropa y la cuelga sobre las placas metálicas que cumplen la doble función de paredes, y juega con ellos entre los escombros que rodean su hogar.

Sin embargo, desde 2004, Yuleini ha podido hacer algo que nunca había hecho antes: ha ido a la escuela. Un proyecto conjunto de la Fundación Luz y Vida, UNICEF y UNILEVER, ha permitido su asistencia a clases comunitarias especialmente diseñadas para proporcionar educación escolar a los niños más desfavorecidos de Petare.

"Asistir a la escuela ha cambiado mi vida, he aprendido muchas cosas y he hecho amigos", dice Yuleini. "Pero lo que más me gusta es mi profesora, porque me escucha y es muy cariñosa".

La clase se ha convertido en un refugio seguro para Yuleini y para los 5.000 muchachos y muchachas que en la actualidad se benefician del proyecto. Hasta ahora, el 60% de los niños y niñas que asisten a las clases de la comunidad se han integrado en el sistema de educación oficial.

Para Yuleini no fue nada fácil acceder a la escuela. Cuando UNICEF reportó su caso, Yuleini dijo que sus padres habían muerto y que ella vivía con su hermana, su cuñado y sus sobrinos. Mientras esta historia se estaba redactando, la madre de Yuleini (que nosotros creíamos que era su hermana) reveló que ella y Yuleini habían mentido sobre la verdadera naturaleza de su parentesco. Por lo visto, la madre de Yuleini había tenido a su hija cuando era una adolescente de 16 años. No había registrado el nacimiento de Yuleini y la había dejado en Colombia al cuidado de su madre, la abuela de Yuleini, mientras ella buscaba trabajo en Caracas.

Cuando la abuela murió en 2002, la madre de Yuleini se la llevó a vivir con ella, su nuevo marido y sus cuatro hijos. Sin embargo, no disponer de un certificado de nacimiento suponía que Yuleini no podía acudir a la escuela así que la madre decidió decir que Yuleini no tenía documentos porque no tenía padres. De esta manera, lo que empezó como la historia de una pobre muchacha huérfana se convirtió en un asunto mucho más complejo: la pobreza, una maternidad adolescente y el carecer de certificado de nacimiento afectaban a las vidas de varias generaciones dentro de una misma familia.

Las grandes dificultades que Yuleini ha encarado en su corta vida la han convertido en una joven adulta antes de tiempo. "He visto lo que les sucede a otros niños y niñas de mi vecindario que no van a la escuela", dice Yuleini. "Se pasan el día oliendo pegamento, pidiendo dinero y metiéndose en líos. Me dan pena".

Yuleini es especialmente consciente de lo que les puede ocurrir a las muchachas jóvenes que viven en la pobreza y tienen escaso acceso a la educación: "No deseo casarme y tener hijos, al menos no de momento", declara. "Quiero trabajar y estudiar. No quiero ser como otra muchacha que conozco que tiene 13 años y ya está embarazada".