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Cuando las cosas se calmaron, el pueblo fue ocupado por rebeldes y la situación se volvió muy tensa. El padre de Marta vio cómo su negocio caía abruptamente y tuvo que mudarse a una ciudad que consideraba a salvo del ataque de los rebeldes. Una vez allí pudo reconstruir su negocio y enviarle dinero y ropa a su hija.

Al irse su padre, Marta se fue a vivir con su abuela quien, para ganarse la vida, vendía verdura en el mercado. A veces, Marta tenía que ayudarla a vender las hortalizas y perdía días de escuela. Pero la situación empeoró dramáticamente cuando su abuela sufrió una apoplejía que la inhabilitó para andar y casi para hablar. Marta, que entonces tenía 13 años, se encontró cuidando de su postrada abuela y sin noticias de su padre.

Pasó el tiempo y, aunque con dificultades para llevar al día las tareas de la escuela, Marta consiguió aprobar el examen de la Escuela Nacional Primaria que le permitía continuar con los estudios de secundaria. Sin embargo, sin noticias de su padre y con su abuela incapacitada para el trabajo, no disponía de dinero para la matrícula escolar.

Las esperanzas de Marta para continuar su educación ahora dependían de su padre, así que esperaba ansiosamente restablecer el contacto con él. Una mañana recibió una noticia terrible: su padre había sido asesinado por los rebeldes.

"El mundo entero se derrumbó ante mí", dice Marta. "Por primera vez en mi vida me sentí sola. Me di cuenta de que era huérfana".

Marta vive ahora con su madrastra, la mujer con la que su padre se casó antes de morir, a la que llama "tía", y con los tres niños de ésta. Para ayudar a su nueva familia, Marta vende galletas en el mercado callejero pero añora regresar a la escuela. Afortunadamente, el nuevo marido de su madrastra parece apoyar su empeño y está dispuesto a ayudar.

La guerra civil de Sierra Leona, que duró más de 10 años (1991-2002), tuvo efectos físicos y psicológicos devastadores para miles de niños y niñas como Marta. Más de 10.000 estuvieron directamente afectados por la separación de sus familias, la violencia indiscriminada, los ataques sexuales y los secuestros para militarizarlos a la fuerza.