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Himal es uno de los ocho hijos de una familia que lucha por sobrevivir. Para ayudar a los exiguos ingresos que producen las pequeñas cosechas de maíz de la familia, el padre de Himal pasa la mitad del año fuera de casa, trabajando de porteador.

Al igual que muchos otros muchachos en los distritos del este de Nepal, Himal solía ayudar a su padre a transportar cargas mientras su madre y hermanas se quedaban al cuidado de la granja. Para la familia Magar, ganarse la vida era más prioritario que obtener una educación y de ahí que Himal no fuera a la escuela más que una semana.

Conforme adquiría más fuerza la influencia de los rebeldes maoístas que pretendían derrocar la monarquía nepalesa en Udayapur, la preocupación del padre de Himal por el futuro de su hijo fue en aumento. Inicialmente, los rebeldes habían tratado de convencer a jóvenes como Himal para que se incorporaran a la revolución. Pero enseguida sus demandas se hicieron más claras y, bajo la política de "un niño por familia", exigieron que cada hogar legase un adolescente al ejército.

Para poder salvar a Himal, que entonces tenía 14 años, de ser reclutado a la fuerza por los rebeldes, su padre lo envió a Biratnagar, la segunda ciudad más grande de Nepal. Allí, Himal trabajó de empleado doméstico, cuidando las vacas del patrón y limpiando la casa por 7 dólares al mes.

Desde hace tiempo ha sido una práctica habitual entre las familias nepalesas pobres que viven en las zonas rurales enviar a los jóvenes a trabajar en las ciudades. Sin embargo, desde que comenzó el conflicto político en 1996, se ha producido un notable aumento de esta tendencia. Los padres confían en que las zonas urbanas mantendrán a sus hijos a salvo de los rebeldes, les conseguirán mejores ingresos y les proporcionarán la oportunidad de obtener una educación.

Si bien Himal, al irse a Biratnagar, pudo evitar ser reclutado por los rebeldes, su asistencia a la escuela le parecía un sueño imposible hasta que un representante de los Derechos Humanos y Medio Ambiente convenció a su patrón para que le enviase a un programa urbano de educación extraescolar.

El Forum llega hasta los jóvenes más desamparados, especialmente los que trabajan en tareas domésticas, sin ningún tipo de formación. Primero se envía al personal del Forum a rastrear los vecindarios de Biratnagar para comprobar cuántos niños trabajan sin estar escolarizados. El siguiente paso es convencer a los patrones de los niños para que los envíen a una clase diaria de dos horas. El programa de educación extraescolar consiste en un curso intensivo de dos sesiones de 10 meses de duración durante las cuales niños y niñas aprenden los elementos básicos de la lectura, la escritura y las matemáticas. Una vez completado el programa se les encauza hacia las escuelas oficiales, generalmente en niveles de quinto o sexto grado.

Además de la enseñanza escolar, también asisten a clubes para jóvenes trabajadores domésticos donde tienen acceso a libros y a televisión, participan en bailes y teatro y aprenden cuáles son sus derechos.

Ahora, Himal se las arregla para cumplir con sus obligaciones en el establo, ir a clase y asistir también a las actividades del club. El rostro de Himal se ilumina visiblemente cuando está con sus amigos. Acaba de completar sus primeros 10 meses de educación y ya lee, escribe, hace sumas básicas y restas. Está deseando estudiar más y poder matricularse en la escuela, y sueña con llegar a ser banquero.

Pero además, Himal es un artista. Una obra que el club de jóvenes trabajadores preparó para el Día Internacional contra el trabajo infantil, ganó el primer premio en una competición organizada por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Biratnagar. El verano pasado, Himal fue seleccionado como uno de los cinco adolescentes que representaron a Nepal en el Festival de Jóvenes en Corea del Sur, donde interpretó danzas nepalesas y conoció a otros jóvenes de 32 países.

La mayoría de los niños nepaleses no son tan afortunados como Himal. Sólo el 65% de los que se matriculan en la escuela primaria terminan el quinto grado y sólo el 31% se matricula en la escuela secundaria.

La exclusión social y la mala calidad de la educación son los dos factores que mantienen fuera de las escuelas a los niños de las familias más pobres. Más de un tercio de los nepaleses vive con menos de 1 dólar al día, de manera que, aunque la educación primaria es gratuita, muchos padres no tienen dinero para comprar a sus niños los uniformes, los libros y el material escolar.