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© UNICEF video

Para Ali, las largas jornadas laborales no solo han significado menos tiempo para jugar y disfrutar de su adolescencia, sino que han puesto en peligro su salud. De hecho, hace dos años estuvo a punto de perder una mano cuando se quedó dormido mientras molía el garbanzo. Afortunadamente, lo llevaron sin demora al hospital, donde lograron salvarle la mano.

La situación de las 17.000 personas que viven en el Campamento Souf es descorazonadora. Como las oportunidades de trabajo son escasas, la mayoría de los refugiados se ven obligados a aceptar empleos temporales como labradores y recolectores de aceitunas en las fincas cercanas. Hay muy pocos sitios aptos para que los 3.400 adolescentes que viven allí se reúnan y socialicen. Los niños y las niñas raras veces se mezclan, y no son pocas las muchachas que se casan antes de cumplir 18 años.

Teniendo en cuenta lo anterior, no debe sorprender el entusiasmo con que los jóvenes del Campamento Souf acogieron un proyecto para enseñarles a escribir libretos y grabar y editar vídeos como mecanismo para promover la autoexpresión y la participación.

"Este proyecto ha abierto los ojos a los jóvenes", dice su director, Bashar Sharaf. "Como las escuelas fomentan el aprendizaje de memoria, al principio tuvieron dificultad para expresarse y para interactuar con los jóvenes del sexo opuesto. Pero no tardaron mucho en vencer la timidez y en empezar a hablar con libertad sobre los temas que les interesan".

Los participantes comenzaron exponiendo ideas sobre el tema más adecuado para su vídeo. Al final, se decidieron por la situación de los niños y las niñas que tienen que trabajar para ayudar a mantener a sus familias, y eligieron a Ali como protagonista (ver el vídeo).

Una vez escogido el tema, los jóvenes escribieron el libreto. A continuación, filmaron imágenes de la vida en el campamento y, por último, se dedicaron a la edición y a la traducción.

"Con este documental queremos dar a conocer a quienes no viven en un campamento de refugiados cómo es la vida aquí dentro", dice Ali. "Esto es difícil, pero lo peor es cuando niños de mi edad pasan por aquí y se quedan mirándome, extrañados porque no puedo hacer lo mismo que ellos".

Ali es uno de los más de 40.000 menores entre los 7 y los 18 años que viven y trabajan en Jordania. Algunos cálculos indican que, a nivel mundial, el número de niños y niñas trabajadores asciende a 246 millones. De ellos, alrededor del 70% laboran en condiciones de alto riesgo; por ejemplo, en las minas, operando maquinaria peligrosa o manejando pesticidas y químicos en el sector agrícola. Pese a que esos menores están en todas partes, la mayoría de ellos permanecen prácticamente invisibles, ya que trabajan en talleres, en el servicio doméstico y en las plantaciones.