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© UNICEF video

Para huir del maltrato de su abuela, Keabetswe vive la mayor parte del tiempo en la calle y sólo puede acudir a la escuela esporádicamente. Pero Keabetswe sabe que las calles no son un lugar para un niño. Su temperamento vulnerable aflora cuando está en Bona Lesedi, un centro de día para huérfanos cuyo significado literal en idioma Setswana es "Ten esperanza". En Bona Lesedi Keabetswe se apoya en el hombro de Nono Molefe, uno de los codirectores del centro, y se convierte en un niño que busca atención y afecto. Y Nono le proporciona gustosamente ambas cosas.

Ahora que Keabetswe ha hallado un lugar que le ofrece la esperanza de una vida mejor, se alegra de no tener que fingir que puede abrirse paso en la jungla callejera.

"Desde la aparición del VIH/SIDA, no se han cubierto las necesidades básicas de muchos niños como Keabetswe", dice Nono. "Están necesitados de educación, cariño, comida y a veces cobijo. Nosotros les damos ropa, les ayudamos con las tareas escolares y sólo van a casa para dormir".

Pero ya sólo en Kanye hay unos 2.000 huérfanos y únicamente acuden al centro 200, lo que demuestra que todavía hace falta llegar a muchos más niños y niñas.

El número en aumento de niñas y niños huérfanos en Botswana es un resultado directo de la epidemia del VIH/SIDA, que en África subsahariana ha golpeado con más fuerza que en ningún otro lugar. Más de 12 millones de niñas y niños de la región se han quedado sin padres y sin infancia a consecuencia de la epidemia.

En Botswana, el país del mundo con el segundo índice más elevado de infecciones por el VIH/SIDA, el 15% de todos las niñas y niños se han quedado huérfanos y, si la tendencia a la propagación de la infección de VIH continúa, una cantidad sin precedentes de menores se quedarán sin padre ni madre y los mecanismos tradicionales de atención al menor pronto serán incapaces de hacer frente a esta situación.

Hoy en día, para niños como Keabetswe, los centros de atención como Bona Lesedi son la única esperanza de un futuro mejor.