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La discriminación por motivos étnicos está generalizada

El origen étnico, como una serie de características -culturales, sociales, religiosas y lingüísticas- que conforman una identidad concreta, compartida por una comunidad de personas, es una expresión natural de la diversidad humana y una fuente de fortaleza, resistencia y riqueza de la familia humana. Cuando un niño sufre discriminación o marginación debido a su origen étnico, el riesgo de que quede excluido de los servicios esenciales aumenta rápidamente.

En el mundo hay alrededor de 5.000 grupos étnicos, y en más de 200 países hay grupos étnicos o religiosos minoritarios importantes. En la mayoría de los países -alrededor de dos terceras partes- hay más de un grupo religioso o étnico que representa por lo menos un 10% de la población.

Algunos grupos étnicos están distribuidos a lo largo de distintas fronteras nacionales, como por ejemplo los gitanos en Europa central y del este o los mayas en los países del norte de América Central y el sur de México. Algunos son minoritarios, y representan una proporción reducida de la población nacional, mientras que otros forman una proporción considerable de la población pero tienen muy poco poder en la sociedad, como resultado de su aislamiento y, muy a menudo, de su profunda desventaja histórica.

Un elemento común entre los grupos étnicos minoritarios es que se enfrentan a menudo a una marginación y discriminación de considerables proporciones. Casi 900 millones de personas pertenecen a grupos que sufren desventajas como resultado de su identidad, de los cuales 359 millones padecen restricciones debido a su religión. En todo el mundo, alrededor de 334 millones sufren restricciones o discriminación relacionada con el uso de su idioma. Por ejemplo, en más de 30 países de África subsahariana (donde habita un 80% de la población de la región), el idioma oficial es diferente del que se habla habitualmente, y solamente un 13% de los niños y niñas de estos países reciben instrucción primaria en su lengua materna.

La discriminación basada en el origen étnico puede erosionar la autoestima y la confianza de los niños y niñas, y privarles de oportunidades para crecer y desarrollarse, incumpliendo con ello una promesa que es un derecho de nacimiento de todos los niños. Los prejuicios en el marco de la comunidad y las instituciones pueden limitar las oportunidades para los miembros de un grupo étnico. Por lo que se refiere a la selección de carreras y el avance en las mismas, o al acceso a un cargo político o al liderazgo de la comunidad, los miembros de las minorías étnicas pueden encontrar que su participación en la sociedad está limitada, incluso en los lugares donde las leyes prohíben la parcialidad y la exclusión.

La exclusión basada en el origen étnico puede generar violencia callejera, conflictos armados y la violencia étnica, como ocurrió durante el genocidio en Rwanda en 1994 y las atrocidades por motivos étnicos cometidos en Darfur, Sudán, desde 2003.

Los niños y niñas indígenas y sus familias se enfrentan a menudo a numerosas barreras que impiden su participación en la sociedad

Hay alrededor de 300 millones de pueblos indígenas en más de 70 países, de los cuales la mitad aproximadamente vive en Asia. Los pueblos indígenas tienen muchas características y experiencias en común con las minorías étnicas, pero les diferencia una mayor disposición a exigir su derecho a una cultura separada, vinculada a un territorio particular y a su historia. En algunos países como Bolivia, Groenlandia (Dinamarca) y Guatemala, los pueblos indígenas representan la mayoría de la población.

Los niños y niñas indígenas pueden sufrir discriminación cultural y marginación económica y política. Tienen menos posibilidades de que se inscriba su nacimiento y son más propensos a padecer enfermedades, a registrar una baja participación en la escuela y a sufrir malos tratos, violencia y explotación. El Comité de los Derechos del Niño ha expresado su preocupación sobre la posición concreta de los niños y niñas indígenas en Australia, Bangladesh, Burundi, Chile, Ecuador, India, Japón y Venezuela. A muchos de ellos se les deniegan todavía sus derechos definidos en la Convención, especialmente en lo que atañe a la inscripción del nacimiento y el acceso a los servicios educativos y de atención de la salud.

Los estudios monográficos realizados en diversos países sugieren que las tasas de mortalidad infantil y de la niñez son más elevadas entre los grupos indígenas que entre la población nacional. Hay muchos factores que contribuyen a estas disparidades, entre ellas las condiciones medioambientales, la discriminación y la pobreza. En muchas de las zonas donde viven los pueblos indígenas no hay servicios de salud, entre ellos los que ofrecen la vacunación contra las enfermedades que se pueden evitar. En México, por ejemplo, se calcula que hay 96,3 médicos por cada 100.000 personas a nivel nacional, pero solamente 13,8 por cada 100.000 personas en las zonas donde los pueblos indígenas representan hasta un 40% o más de la población.

Los niños y niñas indígenas tienen también menos probabilidades de que se inscriba su nacimiento, en parte debido a la ausencia de información en su lengua materna sobre la cuestión. Esto puede generar unos niveles muy bajos de inscripción del nacimiento, un problema crónico: por ejemplo, en la región amazónica del Ecuador solamente un 21% de los menores de cinco años tienen un certificado de nacimiento, en comparación con el promedio nacional de un 89%. La distancia que hay hasta la oficina de inscripción más cercana y el costo del certificado no ofrecen demasiados incentivos a la población.

Entre los niños y niñas indígenas suelen darse tasas bastante reducidas de matriculación en la escuela. La escasez de establecimientos educativos, el fracaso de los gobiernos para atraer a maestros cualificados que trabajen en las zonas, a menudo remotas, donde viven los pueblos indígenas, y la percepción de la comunidad local de que la mayor parte de los programas escolares carecen de interés para ellos, actúan como obstáculos a la participación escolar.

Cuando acuden a la escuela, los niños y niñas indígenas comienzan a menudo su educación oficial en una situación de desventaja con respecto a los demás niños y niñas debido a su falta de familiaridad con el idioma de instrucción. Las investigaciones indican que estos niños y niñas solamente cuando alcanzan el tercer grado comienzan a comprender al mismo nivel que los niños y niñas que hablan el idioma dominante.