Nodira, de 18 años, vive en la región de Tashkent, en Uzbekistán. Nació con espina bífida, un defecto neural que se provoca cuando la espina dorsal no se cierra del todo durante el desarrollo del feto. Por consiguiente, Nodira sufre parálisis de cintura para abajo. Su vida está confinada a una silla de ruedas, su mundo se restringe a su casa y los alrededores más inmediatos. Y sin embargo, los sueños de Nodira no conocen límites. Sus esperanzas para el futuro incluyen ir a la universidad, conducir el coche de su padre y poder caminar como los otros niños y niñas. Pero, por ahora, sus sueños permanecen encerrados por el hecho real de vivir con una discapacidad. |
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