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Los niños y niñas sin cuidadores corren el riesgo de ser excluidos

Las familias tienen la responsabilidad principal de ocuparse de los niños y niñas y protegerlos. Pero debido a numerosas razones -entre ellas la pérdida de sus progenitores, la separación relacionada con el desplazamiento, la violencia doméstica, los malos tratos y la pobreza extrema- muchos niños y niñas carecen de un entorno familiar que se ocupe de ellos con cariño. Cuando se interrumpe por la razón que sea la protección que ofrece la familia a los niños y niñas, los Estados partes están obligados bajo los artículos 20 y 22 de la Convención sobre los Derechos del Niño a proporcionarles protección y asistencia especiales.

Sin embargo, para un gran número de niños y niñas, esta asistencia no llega nunca. En lugar de ello, tienen que tratar de sobrevivir por su cuenta en el mundo de los adultos. No es extraño por ello que se encuentren a menudo en peligro de explotación y de exclusión de los servicios esenciales.

Cada vez hay más niños y niñas a quienes la muerte de uno o ambos progenitores les obliga a asumir responsabilidades no solamente por sus propias vidas, sino también las de sus hermanos y hermanas, a menudo con consecuencias trágicas para sus derechos y su desarrollo.

A finales de 2003 había alrededor de 143 millones de huérfanos menores de 18 años en 93 países en desarrollo. Más de 16 millones de niños y niñas quedaron huérfanos solamente en 2003. Estas cifras alarmantes se deben en parte a la pandemia del VIH/SIDA, sin la cual el número mundial de huérfanos habría descendido. [gráfico 3.2]

Uno de los primeros derechos que pierden los huérfanos es el de la educación. Los niños y niñas huérfanos tienen que abandonar la escuela debido a que sus responsabilidades en el hogar son demasiado grandes o porque los nuevos cuidadores en su comunidad o la familia ampliada no pueden cubrir los costos relacionados con la educación. Si esto ocurre, también están más expuestos a la exclusión de otros servicios, entre ellos información fundamental sobre la salud, la nutrición y las aptitudes para la vida práctica, que incluyen la protección contra la violencia y los malos tratos.

Los niños y niñas huérfanos son más vulnerables a los malos tratos y la explotación. La muerte de un progenitor en una situación en que no existe un sistema de atención alternativa abre una brecha en la protección. Los niños y niñas que viven por su cuenta corren un mayor peligro de sufrir malos tratos a manos de adultos depredadores. Las evaluaciones realizadas por la Organización Internacional del Trabajo han descubierto que los niños y niñas huérfanos tienen más probabilidades de trabajar en la agricultura comercial, como vendedores callejeros, en el servicio doméstico o en las actividades sexuales comerciales, que los niños que no son huérfanos. En la capital de Etiopía, Addis Ababa, por ejemplo, un 28% de los trabajadores infantiles domésticos entrevistados en un estudio habían quedado huérfanos, mientras que otro estudio sobre niñas que trabajaban en Zambia - muchas de ellas como prostitutas - reveló que una tercera parte eran huérfanas.