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Argumentos fundamentales

A pesar de los grandes esfuerzos que se han realizado para mejorar las vidas de los niños y niñas, se sigue olvidando a aquellos que son vulnerables y están marginados. Las actividades internacionales en favor del desarrollo, que podrían mejorar extraordinariamente sus vidas y sus posibilidades, pasan por alto a los niños y niñas que son víctimas del abuso, la explotación y la discriminación, y que sufren exclusión de la educación, la atención de la salud y otros servicios fundamentales.

Los niños y niñas que carecen de protección son a menudo invisibles. Millones de niños y niñas son invisibles para el mundo debido a que sus dificultades se mantienen ocultas, a que no se informa sobre ellos con la suficiente amplitud o a que están desamparados. Los niños y niñas con mayores probabilidades de volverse invisibles carecen de identidad oficial, crecen sin recibir atención de sus progenitores o su familia, tienen que asumir demasiado pronto las responsabilidades propias de los adultos y son víctimas de la explotación comercial.

El mundo no puede permitir que estos niños y niñas permanezcan ocultos. Al permitir que los niños y niñas desaparezcan de su vista y al no llegar a ellos y protegerles, las sociedades les condenan a sufrir un mayor abandono y abuso, con consecuencias duraderas para su bienestar y para el desarrollo de sus comunidades y sus países.

Los enfoques actuales no permitirán llegar a los niños y niñas excluidos e invisibles. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio ofrecen una oportunidad sin precedentes para transformar la situación de la niñez durante los próximos 10 años. Pero para llegar a los niños y niñas más necesitados de cuidados y protección, el mundo tendrá que superar los enfoques que se utilizan en la actualidad para alcanzar los objetivos.

Los niños y niñas necesitan un entorno protector que los proteja contra el peligro. Todos los estamentos de la sociedad –desde las familias y los gobiernos hasta los maestros y los medios de comunicación– tienen una función que desempeñar individual y colectivamente para evitar el abuso y asegurar que los niños y niñas dejen de ser invisibles u olvidados.

Los niños y niñas merecen vivir seguros y con dignidad. El abuso y la explotación son una afrenta a la dignidad de todos los niños y niñas y una vulneración intolerable de sus derechos. Proteger a la infancia es esencial para promover su salud física y emocional, su bienestar general y su capacidad para desarrollar su pleno potencial. Es por tanto esencial para el desarrollo humano y económico de los países.