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Trabajando juntos

Crear un mundo apropiado para los niños y niñas puede parecer un objetivo tan distante como imposible, pero la fórmula para lograrlo es muy simple: tenemos que hacer todo lo posible para mantener nuestros compromisos con la infancia. Estos compromisos son muy claros y no dejan lugar a dudas. Lo que hace falta ahora es entender que un compromiso es un pacto que conlleva obligaciones morales y prácticas. Desde un punto de vista moral, un compromiso significa una relación de obligación. En términos prácticos, un compromiso exige a quienes lo asumen el que adopten una línea firme de conducta.

Esta cuestión se reconoció de manera implícita en la Cumbre del Milenio de 2000, que por medio de la Declaración del Milenio transformó una serie de bellas palabras y nobles aspiraciones en objetivos para el desarrollo con un plazo fijo. Los dirigentes del mundo aceptaron que estos objetivos sirvieran como pauta de sus acciones y accedieron a rendir cuentas de sus resultados.

El programa del Milenio para la infancia está al alcance de todos. Lo que se necesita ahora son medidas firmes y decisivas en tres frentes fundamentales durante los próximos 10 años:

  • Alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio: En la Cumbre Mundial celebrada en septiembre de 2005, los dirigentes mundiales reafirmaron su compromiso de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en 2015. Lograr los ODM debe de ser el primer paso para proporcionar a todos los niños y niñas el acceso universal a los servicios esenciales, así como ofrecerles protección y la posibilidad de participar. Los países que se encuentran a la zaga en el cumplimiento de los objetivos deben redoblar sus esfuerzos con un amplio apoyo de los donantes y los organismos internacionales, mientras que aquellos que se encuentran en la vía adecuada deben de ir más allá de los objetivos a fin de cumplir con el reto que supone eliminar las disparidades en la salud, la educación y el desarrollo de la infancia.

  • Llegar a los excluidos e invisibles: Nuestros compromisos con los niños exigen que lleguemos a todos aquellos que estén más necesitados de atención y protección: los más pobres y los más vulnerables, los explotados y los que sufren malos tratos. Debemos enfrentarnos a verdades incómodas sobre las disparidades y abusos que padecen las niñas y niños excluidos e invisibles dentro de nuestros países, nuestras sociedades, nuestras comunidades y nuestras fronteras, y hacer lo máximo para eliminarlos.

  • Trabajar juntos: Para lograr que todo esto sea posible, será necesario aportar bastante más que una voluntad política firme o la formulación de estrategias bien intencionadas.Ningún gobierno, organismo u organización puede lograr ninguno de estos objetivos por su cuenta; el programa del Milenio no se alcanzará sin establecer alianzas eficaces, creativas y uniformes. No sólo debemos reconocer todos la responsabilidad que tenemos de formar parte de la solución, sino también estar preparados y dispuestos a trabajar juntos en pro de los niños y las niñas. Debemos ser sus aliados, procurando dotarles de autonomía y al mismo tiempo incluirlos y protegerlos, sabiendo que lograr la visión descrita en la Declaración del Milenio –es decir, un mundo en paz donde reinen la igualdad, la tolerancia, la seguridad, la libertad, el respeto por el medio ambiente y la responsabilidad compartida– depende de asegurar que ningún niño quede excluido o sea invisible. Todos los niños y niñas del mundo, especialmente aquellos que no disfrutan de las oportunidades que necesitan para crecer y prosperar, cuentan con nosotros.