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Las causas fundamentales de la exclusión

La exclusión perjudica a la infancia en todos los países, sociedades y comunidades. A nivel nacional, las causas fundamentales de la exclusión son la pobreza, la gestión deficiente de los asuntos públicos, los conflictos armados y el VIH/SIDA. Los análisis estadísticos de los principales indicadores de los ODM relacionados con la salud y la educación de la infancia muestran una brecha cada vez mayor entre la salud y educación de los niños y niñas que crecen en los países con el nivel más bajo de desarrollo, devastados por las guerras o asolados por el VIH/SIDA, y la salud y educación de los niños y niñas del resto de los países en desarrollo.

Estos factores no solamente ponen en peligro las posibilidades de que estos niños y niñas se beneficien del programa del Milenio, sino que también aumentan el riesgo de que pierdan su infancia y se enfrenten a la exclusión cuando sean adultos. Debido a que los ODM están basados en promedios nacionales, es muy probable que las desigualdades entre los niños y niñas del mismo país – las cuales contribuyen a su exclusión o son el resultado de ésta – pasen desapercibidas. Los datos desagregados procedentes de las estadísticas nacionales y las encuestas de los hogares indican que los ingresos familiares y el emplazamiento geográfico son la fuente de grandes disparidades en los resultados relativos a la atención de la salud y la educación. Otras desigualdades similares tienen también mucho que ver con el género, el origen étnico o la discapacidad.

Estas desigualdades pueden producirse cuando los niños, niñas y sus cuidadores están directamente excluidos de los servicios debido a que viven en zonas pobres y donde los servicios son inadecuados o inexistentes, o a barreras culturales como el idioma, la discriminación por motivos étnicos o la estigmatización.

Abordar los problemas que representan estos factores exige medidas rápidas y decisivas en cuatro esferas clave:

  • Pobreza y desigualdad. Ajustar las estrategias de reducción de la pobreza y ampliar los presupuestos o reasignar los recursos hacia la inversión social podría servir de asistencia a millones de niños y niñas en los países y comunidades más pobres.

  • Conflictos armados y estados "frágiles". La comunidad internacional debe prevenir y resolver los conflictos armados, e incorporar a los estados con un marco institucional y de políticas frágil en las labores de protección de la infancia y la mujer, y la prestación de servicios esenciales. Las respuestas de emergencia para niños y niñas atrapados en conflictos deben de incluir servicios relacionados con la educación, la protección de la infancia y la prevención de la transmisión del VIH.

  • El VIH/SIDA y la niñez. Es preciso prestar una mayor atención a las consecuencias del VIH/SIDA sobre los niños, las niñas y los adolescentes, y a los métodos para protegerles contra la infección y la exclusión. La Campaña Mundial sobre la Niñez, la Juventud y el VIH/SIDA, iniciada en octubre de 2005, desempeñará un papel fundamental a este respecto.

  • Discriminación. Los gobiernos y las sociedades deben enfrentarse abiertamente a la discriminación, promulgar y poner en vigor leyes que la prohíban, y aplicar iniciativas para abordar la exclusión que sufren las mujeres y las niñas, los grupos étnicos e indígenas y los discapacitados.