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Nuestros compromisos con la infancia

Si el mundo consigue alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y las metas más generales de la Declaración del Milenio, sería posible transformar las vidas de millones de niños y de niñas, que de este modo estarían protegidos contra las enfermedades graves, la muerte prematura, la pobreza y la desnutrición extremas, y tendrían acceso al agua potable, a instalaciones de saneamiento decentes y al ciclo completo de la enseñanza primaria.

Aunque algunas regiones y países se encuentran a la zaga en el logro de los objetivos, es una meta que todavía está a nuestro alcance. Los Estados Miembros de las Naciones Unidas se han comprometido a alcanzar los ODM, y para impulsar este cometido, se han unido en torno a una serie de iniciativas fundamentales.

Para llevar a la práctica estas iniciativas será necesario renovar los compromisos con el programa del Milenio y conseguir nuevos recursos. También será preciso un mayor esfuerzo para llegar a aquellos niños y niñas a quienes en la actualidad se priva de los servicios esenciales y a quienes se deniega la protección y la participación a la que tienen derecho. Si no aumenta el número de niños y niñas que tienen acceso a estos servicios y derechos, no será posible completar a tiempo algunos ODM, especialmente el objetivo sobre la educación primaria universal.

Entre los niños y niñas a quienes resulta más difícil proporcionar estos servicios están aquellos que viven en los países más pobres y en las comunidades con menos recursos; aquellos que sufren a causa de la discriminación por razones de género, origen étnico, discapacidad o pertenencia a un grupo indígena; los niños y niñas atrapados en medio de conflictos armados o afectados por el VIH/SIDA; los niños y niñas que carecen de una identidad oficial, que sufren malos tratos o a quienes no se les trata como los niños y niñas que son.

Todos ellos, así como los factores que generan su exclusión y les convierten en seres invisibles, y las medidas que los responsables de su bienestar deben tomar para protegerlos y lograr su inclusión, es el tema principal del Estado Mundial de la Infancia de 2006.

Para cumplir con los aspectos del programa del Milenio que atañen a los niños y las niñas, entre ellos los excluidos y los llamados invisibles, se necesita lo siguiente:

  • Una ofensiva a gran escala para impulsar el acceso a los servicios esenciales de aquellos niños, niñas y sus familias que en la actualidad no los reciben. Esto incluye las intervenciones inmediatas impulsadas por los dirigentes de todo el mundo en la Cumbre Mundial de 2005 –denominadas "iniciativas de impacto rápido"– que puedan servir de acicate para promover el desarrollo humano y la reducción de la pobreza.

  • Iniciativas a un plazo mas largo, enraizadas en un enfoque del desarrollo basado en los derechos humanos –muchas de las cuales se encuentran ya en marcha– que es preciso intensificar o formular, al mismo tiempo que se ponen en práctica las intervenciones inmediatas, para que estas últimas sean lo más eficaces posibles. La formación de una capacidad nacional, por medio de estrategias dirigidas por los gobiernos nacionales y las comunidades locales, es la mejor manera de asegurar la sostenibilidad de estas iniciativas a largo plazo.

  • Enfoques integrales que ofrezcan una atención especial a los más vulnerables. Esto exige la participación de los gobiernos –por medio de leyes, presupuestos, iniciativas de investigación y programas– y de los donantes, los organismos internacionales, la sociedad civil y los medios de comunicación, para llegar a los niños y las niñas que corren un mayor peligro de quedar excluidos del programa del Milenio.