
©UNICEF/HQ01-0459/
Paula Bronstein
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El Estado Mundial de la Infanciade
2005 se centra en la
manera en que la pobreza, los
conflictos y el VIH/SIDA amenazan el ideal de la infancia,
considerada como un período
de tiempo en el que los niños y las niñas
deben crecer y desarrollar su pleno potencial.
La infancia es una época
especial en la vida de los niños y las niñas,
una época en
la que
su familia y una comunidad más amplia de adultos
cariñosos les deben estimular para
que aprendan y jueguen. Es un elemento esencial en el desarrollo
de futuras generaciones
sanas y productivas. La Convención sobre los Derechos
del Niño, aprobada en 1989,
ofrece una nueva definición de infancia basada en
los derechos humanos. Anunció avances
notables en el respeto de los derechos de la infancia a
la supervivencia, la salud y la
educación por medio de la provisión de bienes
y servicios esenciales y un reconocimiento
cada vez mayor de la necesidad de crear un entorno protector
que defienda a
los niños y las niñas contra la explotación,
el abuso y la violencia.
Sin embargo, en varios países
y regiones, algunos de estos avances corren peligro de
retroceder como resultado de la pobreza, los conflictos
y el VIH/SIDA. Los derechos
de más de 1.000 millones de niños y niñas
no están bien defendidos porque carecen
de uno o más de los servicios básicos necesarios
para sobrevivir, crecer y desarrollarse.
Millones de familias crecen en familias y comunidades desgarradas
por los conflictos.
En África subsahariana, el VIH/SIDA ha provocado
un aumento de la mortalidad en la
infancia, graves reducciones en la esperanza de vida y
millones de huérfanos.
No son estos los únicos factores
que ponen en peligro la infancia, pero se encuentran sin
duda entre los más importantes, con efectos profundamente
dañinos sobre las posibilidades
de supervivencia y el desarrollo del niño. Los daños
que causan trascienden más
allá de la infancia, y aumentan las probabilidades
de que la próxima generación se
vea afectada por las mismas amenazas, poniendo en peligro
la sostenibilidad de
los Objetivos de Desarrollo del Milenio y las metas de “Un
Mundo Apropiado para
los Niños”.
Niños y niñas que viven en la pobreza
Los niños y las niñas que viven en la pobreza se enfrentan
a la privación de muchos de
sus derechos: a la supervivencia, la salud y la nutrición, la educación,
la participación y la
protección contra los daños, la explotación y la discriminación.
Más de 1.000 millones de
niños y niñas sufren graves privaciones de por lo menos uno
de los bienes y servicios
esenciales que necesitan para sobrevivir, crecer y desarrollarse. Millones
de niños y niñas
padecen graves privaciones en materia de nutrición, agua, instalaciones
de saneamiento, acceso a los servicios básicos de
atención de la salud, vivienda adecuada, educación e
información. La discriminación de género es un resultado
visible y un factor subyacente de todas estas privaciones
graves. Incluso en países donde la privación absoluta es
reducida, la privación relativa en lo que atañe a los ingresos
y la riqueza de la familia implica una desigualdad de
oportunidades para la niñez.
La pobreza también afecta a los niños y niñas
que sufren
la violación de sus derechos a la seguridad y la dignidad.
Todos los años, decenas de millones de niños y niñas
son
víctimas de la explotación, la violencia y el abuso, que
les priva de su infancia y les impide alcanzar plenamente
su potencial.
Las diferentes dimensiones de la pobreza llevan a la necesidad de
adoptar un enfoque
integrado y multidimensional que incluya las siguientes medidas:
- Definir y medir la pobreza infantil. Hay que aceptar que no es
posible entender la pobreza
infantil solamente en relación a los ingresos de la familia.
Las respuestas deben
estar basadas en la forma en que los niños y las niñas
experimentan la pobreza.
- Asegurar que las estrategias de reducción de la pobreza
hacen hincapié en
medidas
destinadas a proteger a la infancia. Las estrategias de reducción
de la pobreza deben
concentrarse firmemente en satisfacer los derechos de la infancia
y abordar cuestiones
fundamentales relacionadas con la privación y la protección
de los niños y sus
familias.
- Ampliar servicios sociales y educativos básicos y asegurar
el acceso universal. Los
países que han tenido éxito en la mejora en el
acceso a la atención básica de la salud
y educación para los niños y las niñas
han estado dispuestos a gastar más en servicios
sociales, incluso en épocas de crisis económicas
o financieras.
- Establecer metas y movilizar a
las partes interesadas. Todas las partes interesadas
deben comprometerse a alcanzar las metas de desarrollo –el
mundo está muy
retrasado
en el cumplimiento del plazo de los Objetivos de Desarrollo
del Milenio y “Un
mundo apropiado para los niños”– que abordan
muchas de las dimensiones de la
pobreza que experimentan los niños y las niñas.
- Promover la familia. Las familias son la primera línea de defensa
de la infancia: cuanto
más lejos se encuentran los niños y las niñas de sus familias,
más vulnerables son a
cualquier tipo de peligro.
- Eliminar la discriminación de género. Tratar de promover
políticas
fiscales y del mercado
laboral que aborden la inseguridad económica entre las mujeres contribuye
también a
reducir la pobreza infantil.
- Alentar soluciones locales y la participación de la comunidad. Los países
en desarrollo
que han tenido éxito en la reducción de la pobreza promueven
cada vez más la participación
de la comunidad. Es preciso incorporar a los niños y las niñas
al debate sobre
los mejores mecanismos para reducir la pobreza.
Niños y niñas atrapados en conflictos
Los niños y las niñas son siempre las primeras víctimas
de los conflictos armados.
Incluso cuando no mueren o sufren mutilaciones, pueden quedar huérfanos,
ser secuestrados
o padecer complicaciones psicológicas y psicosociales debido a una
exposición
directa a la violencia, el desplazamiento, la pobreza o la pérdida
de seres queridos.
Aquellos que sobreviven se encuentran a menudo sometidos a una batalla diferente
por
la supervivencia: contra la enfermedad, las viviendas inadecuadas, la falta
de servicios
básicos y una nutrición deficiente. Hay veces en que la violencia
afecta a las escuelas,
a menudo con consecuencias trágicas.
En ocasiones, los niños y las niñas son sometidos por
la fuerza al reclutamiento y la servidumbre, son víctimas
de la violencia o la explotación sexual, o se encuentran
expuestos a restos de explosivos de guerra
que matan y mutilan a miles todos los años. Las
niñas son especialmente vulnerables a la violencia
sexual, al abuso, la explotación y la estigmatización
durante las situaciones de conflicto y después de las
guerras. Muchas niñas sufren los efectos de la guerra
en el frente de batalla.
Para proteger a los niños y las niñas contra los conflictos
armados, es preciso tomar una serie de medidas:
- Considerar a los niños primero, antes y después
del conflicto. Antes de involucrarse
en un conflicto o imponer sanciones, los países deben tener
en cuenta sus
consecuencias sobre la infancia y deben permitir a los organismos
humanitarios la posibilidad
de proteger a los niños, las niñas y las mujeres
durante los conflictos.
- Poner fin al reclutamiento de niños y niñas soldados. Es preciso acelerar la adopción y
puesta en vigor del Protocolo Facultativo de la Convención
sobre los Derechos del
Niño relativo a la participación de los niños
en conflictos armados.
- Fortalecer el entorno protector para la infancia
en todos los planos. Alentar a los
países a que ratifiquen y apliquen –sin reservas– los
tratados diseñados para proteger
a los niños y las niñas contra los efectos perniciosos del
conflicto.
- Eliminar la cultura de la impunidad y fortalecer
la rendición
de cuentas. Es importante
llevar ante la justicia a los culpables de genocidio, de crímenes
de guerra –entre ellos
el reclutamiento de niños menores de 15 años– y de
crímenes contra la humanidad.
- Mejorar la supervisión y la presentación
de informes sobre las violaciones a los
derechos de la infancia durante los conflictos. Esto debe convertirse
en una prioridad,
especialmente la recopilación de datos fiables sobre los niños
y las niñas afectados
por los conflictos armados, o que participen en ellos.
- Ampliar las campañas de desmovilización y concienciación
sobre el peligro de las
minas. La reintegración sensible en la sociedad civil de los
niños
y niñas combatientes
por medio de un amplio programa de apoyo es fundamental. Es preciso
prestar una
mayor atención a la reintegración de las niñas
combatientes. La educación sobre los
peligros de las minas debe incluirse en el programa de estudios y
los programas de
salud pública.
- Reiniciar la educación para los niños y las niñas
atrapados en conflictos armados tan
pronto como sea posible puede aportar una dosis de estabilidad
y normalidad a sus
vidas.
- Evitar el conflicto, abordando las causas subyacentes de la violencia
y la pobreza, e
invirtiendo más en la mediación y en la resolución
de conflictos.
Niños y niñas huérfanos o vulnerables a causa del VIH/SIDA
El VIH/SIDA está destruyendo la estructura que
sostiene a la infancia. Alrededor de 15 millones
de menores de 18 años habían quedado huérfanos debido
a la pandemia a finales
de 2003. Ocho de cada 10 de estos niños y niñas viven en África
subsahariana. A menos
que se tomen medidas rápidas y decisivas para contrarrestar la oleada
de infecciones y
pérdidas, se calcula que para 2010 más de 18 millones
de niños y niñas africanos habrán perdido a uno
o a ambos progenitores debido al VIH/SIDA.
La pérdida de un progenitor implica mucho más que
la desaparición de un cuidador. Penetra en todos los
aspectos de la vida del niño: su bienestar emocional,
su seguridad física, su desarrollo mental y su salud
general. Le priva del derecho a vivir en un entorno familiar.
Implica la pérdida de una parte de la red de seguridad
del niño contra la violencia, el abuso, la explotación, la
estigmatización y la discriminación, factores todos ellos
que contribuyen
a aislarle aún más de los demás en un momento en que
necesitan el mayor cuidado y
apoyo posibles. En los casos más graves, los niños y las
niñas pueden encontrarse completamente
privados del apoyo familiar y terminan viviendo en las calles.
El derecho de un niño a la educación peligra con frecuencia
cuando los cuidadores se enferman
o mueren, debido a que el niño tiene que abandonar la escuela
para asumir las
funciones adultas de ocuparse y mantener a sus familias. También
ocurre lo mismo con
el derecho al descanso, el juego y la recreación. Debido a que
el VIH/SIDA agrava a menudo
la pobreza, aumenta el peligro que corren los niños y las niñas
de realizar trabajos
peligrosos y de ser víctimas de la explotación.
Respetar los derechos de los niños y las niñas huérfanos
o vulnerables a causa del
VIH/SIDA debe ser una prioridad internacional durante los próximos
20 años. Para
conseguirlo, es preciso tomar medidas en varios frentes:
- Limitar la propagación del SIDA por medio de una capacidad de liderazgo
abierta, una
amplia campaña de concienciación pública y actividades
intensivas de prevención.
- Dedicar los fondos necesarios para apoyar programas dirigidos a los huérfanos
y
niños y niñas vulnerables, que reciben solamente una pequeña
proporción del total de
la financiación destinada al VIH/SIDA.
- Prolongar las vidas de los progenitores y proporcionar apoyo económico,
psicosocial
y de otro tipo.
- Movilizar y prestar apoyo a las respuestas basadas
en la comunidad para
proporcionar
asistencia inmediata y a largo plazo a los hogares vulnerables.
- Asegurar el acceso a los servicios esenciales, entre ellos la educación,
la atención de la
salud y la inscripción del nacimiento, para los huérfanos
y los niños y niñas vulnerables.
Una infancia para todos los niños y las niñas
La promesa de la infancia consagrada en la Convención
sobre los Derechos del Niños
está rota para cientos de millones de niños y niñas,
ya que no han heredado su derecho
a una infancia llena de amor, atención y protección, en un
entorno familiar que les ofrezca
el aliento necesario para alcanzar su pleno potencial. Cuando sean padres
o madres,
sus propios hijos correrán el peligro de que les denieguen sus derechos
a medida que las
amenazas a la infancia, especialmente la pobreza, el conflicto armado y el
VIH/SIDA, se
reproduzcan de una generación a la siguiente.
No tiene por qué ser así. Disponemos de una oportunidad
sin precedentes para satisfacer
los derechos de la infancia. La intención existe, como lo prueba
la ratificación casi universal
de la Convención y el apoyo a otros instrumentos internacionales
y nacionales relacionados con los derechos y el bienestar de la infancia.
Los recursos –conocimiento,
dinero, tecnología, estrategias y personas– están disponibles
de manera abundante.
Los objetivos son claros: alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio
y las metas generales
de “Un mundo apropiado para los niños”, que conseguirían
hacer que el mundo
sea un lugar mejor para la infancia.
El UNICEF considera que los derechos de todos los niños y
las niñas en todas partes pueden satisfacerse si el mundo demuestra
la voluntad de cumplir sus promesas.
Todos pueden
hacer una contribución:
- El mundo debe reafirmar sus responsabilidades morales
y jurídicas hacia la infancia y volver a comprometerse con
ellas. Para los gobiernos y los donantes, el mensaje carece
de ambigüedad: tienen que mantener sus compromisos
hacia la infancia. Los derechos de los niños y las niñas
deben recibir la mayor prioridad.
- Todos los países deben aplicar un enfoque del
desarrollo social y económico basado en los derechos humanos.
Situar los derechos en el centro mismo de las estrategias
de desarrollo humano permite a los países establecer
una prioridad sobre los bienes y los servicios esenciales para la infancia
y construir
un entorno protector.
- Los gobiernos deben adoptar políticas sociales
responsables, que tengan en cuenta
concretamente a la infancia. Establecer medidas que tengan específicamente
en cuenta
a los niños y las niñas es la forma más efectiva de
reducir la pobreza y la incidencia
del VIH. Un punto esencial para comenzar sería abolir los costos
escolares, algo que
alentaría a las familias pobres a matricular a sus hijos en la escuela.
- Los donantes y los gobiernos deben invertir fondos
adicionales en la infancia. Los recursos
están disponibles para financiar una transformación mundial
de la infancia, por
medio de un aumento en la asistencia oficial para el desarrollo y mejoras
en la calidad
de las finanzas públicas nacionales.
La infancia es la base del futuro del mundo. Muchas personas e instituciones
contribuyen
ya, a todos los niveles y de formas innovadoras, a asegurar que
todos los niños
y las
niñas disfruten de su derecho a una infancia digna de ese
nombre. Muchos más deben
seguir su ejemplo.
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