Embargado hasta el 9 de diciembre de 2004, 11.00 GMT
Estado Mundial de la Infancia 2005
La infancia amenazada
Para la mitad de los niños y las niñas
del mundo, la infancia es un período de graves dificultades, dice
el UNICEF – Estos años fundamentales sufren las terribles consecuencias
de la pobreza, los conflictos y el SIDA
Londres, 9 de diciembre de 2004 – A pesar de que casi todos los países
del mundo han adoptado una serie de normas para la protección de la
infancia, un nuevo informe del UNICEF indica que más la mitad de los
niños y las niñas del mundo sufren graves privaciones debido
a la pobreza, la guerra y el VIH/SIDA, tres problemas que ponen en peligro
su infancia y retrasan el desarrollo de las naciones.
Durante la presentación de su décimo informe anual sobre el Estado
Mundial de la Infancia, la Directora Ejecutiva del UNICEF, Carol Bellamy,
dijo que más de 1.000 millones de niños y niñas no
disfrutan del desarrollo y la protección que prometió en
1989 la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado
derechos humanos más ampliamente aprobado en el mundo. El informe
hace hincapié en que la incapacidad de los gobiernos para cumplir
las normas de la Convención causa un perjuicio permanente a los
niños y las niñas e impide a su vez el progreso hacia los
derechos humanos y el avance económico.
“Hay demasiados gobiernos que toman decisiones deliberadas y con conocimiento
de causa que en realidad perjudican a la infancia”, dijo Bellamy durante
la presentación del informe en la Escuela de Economía de Londres. “La
pobreza no surge de ninguna parte; la guerra no estalla por ninguna razón;
el SIDA no se propaga por sí solo. Todo esto son decisiones nuestras .
Cuando la mitad de los niños y las niñas del mundo crecen hambrientos
y con mala salud, cuando las escuelas se han convertido en blancos de guerra
y poblados enteros se quedan vacíos debido al SIDA, no hemos conseguido
cumplir las promesas que habíamos hecho a la infancia”.
El informe, titulado “La infancia amenazada”, examina tres de los factores
más generalizados y devastadores que ponen hoy en día en peligro
a la infancia: el VIH/SIDA, los conflictos y la pobreza.
Siete privaciones mortales
El informe sostiene que los niños y las niñas experimentan
la pobreza de una manera diferente a la de los adultos y que los indicadores
tradicionales relacionados con los ingresos o el consumo no logran captar
completamente la forma en que la pobreza afecta realmente a la infancia.
Por tanto, el documento ofrece un análisis de las siete “privaciones” básicas
que sufren los niños y las niñas y que influyen de manera fundamental
en su futuro. En colaboración con los investigadores de la Escuela
de Economía de Londres y de la Universidad de Bristol, el UNICEF concluyó en
que más de la mitad de los niños y las niñas del mundo
en desarrollo sufren privaciones graves de uno o más de los bienes
y servicios esenciales para la niñez.
- 640 millones de niños y niñas carecen de una vivienda adecuada
- 500 millones de niños y niñas no tienen acceso al saneamiento
- 400 millones de niños y niñas no consumen agua potable
- 300 millones de niños y niñas carecen de acceso a la información
(televisión, radio y periódicos)
- 270 millones de niños y niñas no tienen acceso a servicios
de atención de la salud
- 140 millones de niños y niñas, la mayoría estas últimas,
nunca han acudido a la escuela
- 90 millones de niños y niñas sufren graves privaciones
de alimentos.
Incluso más preocupante es el hecho de que alrededor de 700 millones
de niños y niñas sufren de por lo menos una o más de
estas privaciones, indica el informe.
La publicación también revela que la pobreza no es exclusiva
de los países en desarrollo. En 11 de 15 países industrializados
de los cuales había datos comparables disponibles, la proporción
de niños y niñas que vivían en hogares de bajos ingresos
durante los últimos diez años había aumentado.
Una guerra creciente contra la infancia
Además de una gobernación deficiente, la pobreza extrema se
encuentra entre los principales elementos que contribuyen al estallido de
los conflictos, especialmente dentro de los países, cuando las facciones
armadas compiten por la obtención de recursos nacionales mal gestionados.
El informe señala que 55 de los 59 conflictos armados que se produjeron
entre 1990 y 2003 fueron guerras internas, en lugar de conflictos entre países.
Las repercusiones sobre la infancia han sido graves: cerca de la mitad de
los 3,6 millones de personas que murieron en guerras desde 1990 han sido
niños y niñas, según el informe. Y las partes beligerantes
consideran cada vez más a los niños y las niñas como
objetivos de guerra, una tendencia que se puso en evidencia durante el ataque
de septiembre de 2004 contra una escuela en Beslán, Federación
de Rusia.
El informe describe también los logros y fracasos del mundo con respecto
a un programa antibélico de 10 puntos que el UNICEF enunció en
1995 para proteger a la infancia contra los conflictos. El análisis
examina cuestiones como los niños y niñas combatientes, la
violación como arma de guerra, los crímenes de guerra contra
la infancia y los perjuicios que pueden provocar las sanciones, entre otros
temas, y observa que aunque se han logrado algunos progresos, no han sido
lo suficientemente amplios como para aliviar las repercusiones de la guerra
sobre las vidas de los niños y las niñas.
Por ejemplo, todavía se recluta o secuestra para que participen como
soldados a cientos de miles de niños y niñas todos los años,
mientras que otros sufren actos de violencia sexual, son víctimas
de las minas terrestres, se les obliga a presenciar actos de violencia y
asesinatos y con frecuencia quedan huérfanos debido a la violencia.
En los años 1990, alrededor de 20 millones de niños y niñas
tuvieron que huir de sus hogares debido a los conflictos.
Los conflictos tienen también repercusiones catastróficas
sobre la salud. Durante una típica guerra de cinco años, la
mortalidad de menores de cinco años aumenta en un 13%, según
indica el informe.
Y debido a que los conflictos agravan la pobreza existente, el informe hace
hincapié en la necesidad de que la comunidad internacional preste
una mayor atención y aumente la inversión en las situaciones
posteriores a los conflictos, para asegurar una transición progresiva
y estable hacia el desarrollo.
Cuando los adultos siguen muriendo
La oleada de huérfanos a causa del SIDA, que ha alcanzado en la actualidad
los 15 millones de niños y niñas en todo el mundo, es un ejemplo
dramático de las repercusiones del VIH/SIDA sobre la infancia.
La muerte de un padre o una madre afecta todos los aspectos de la vida del
niño, indica el informe, desde el bienestar emocional a la seguridad
física, el desarrollo mental y la salud en general. Pero los niños
y las niñas sufren los efectos perniciosos del VIH/SIDA mucho antes
de quedar huérfanos. Debido a las presiones financieras que se derivan
de la enfermedad de sus cuidadores, muchos niños y niñas cuyas
familias están afectadas por el VIH/SIDA, especialmente las niñas,
tienen que abandonar la escuela a fin de trabajar u ocuparse de sus familias.
Con ello, corren un riesgo mayor de verse obligadas a realizar trabajos peligrosos
o de ser víctimas de otro tipo de explotación.
El VIH/SIDA no solamente mata a los progenitores; también destruye
la protección que ofrecen los adultos a los niños durante su
infancia. Muchas de las personas enfermas o moribundas son maestros, trabajadores
de la salud y otros adultos de quienes los niños y las niñas
dependen. Y debido a que el SIDA surge en determinadas zonas, una vez que
los adultos comienzan a morir, las repercusiones generales sobre los niños
y niñas supervivientes en una comunidad son devastadoras.
Debido al lapso de tiempo que transcurre entre la infección por VIH
y la muerte por SIDA, la crisis se agravará por lo menos durante los
próximos 10 años, incluso aunque las tasas de nuevas infecciones
se estabilicen o comiencen a descender. El informe detalla las medidas que
los países deben tomar para prevenir la propagación del SIDA,
conseguir que los adultos con VIH sigan vivos y proporcionar atención
y cariño a los niños y niñas que han quedado huérfanos.
Poner a los niños primero
Como lo indica el Estado Mundial de la Infancia, superar la diferencia
que existe entre el ideal de la infancia y la realidad en que vive la mitad
de los niños y las niñas del mundo es una cuestión de
elección, que exige:
- La adopción de un enfoque del desarrollo económico y social
basado en los derechos humanos, con un hincapié especial en llegar
a los niños y niñas más vulnerables.
- La adopción en todas las esferas del desarrollo de políticas
socialmente responsables que tengan en cuenta específicamente a
los niños y las niñas.
- El aumento de la inversión en la infancia por parte de gobiernos
y donantes, con una supervisión y análisis de los presupuestos
nacionales desde la perspectiva de sus repercusiones sobre la niñez.
- El compromiso de los individuos, las familias, las empresas y las comunidades
para participar continuamente en la mejora de las vidas de los niños
y las niñas y la utilización de sus recursos para promover
y proteger los derechos de la infancia.
“La aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño
fue un momento de lucidez del mundo, que reconoció que el progreso
humano solamente puede alcanzarse cuando todos los niños y las niñas
tienen una infancia sana y protegida”, dijo Bellamy.
“Pero la calidad de vida de un niño o de una niña depende
de las decisiones que se tomen todos los días en los hogares, las
comunidades y los despachos del gobierno. Tenemos que tomar decisiones inteligentes,
y con el interés superior del niño siempre presente. Si no
conseguimos proteger a la infancia no lograremos alcanzar otros objetivos
más amplios y generales en favor de los derechos humanos y el desarrollo
económico. Es así de simple”.
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www.unicef.org
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