La muerte y la enfermedad que sufren millones de adultos debido al SIDA
están causando también estragos en las vidas de los niños
y las niñas. El número de menores de edad que mueren debido
al SIDA es cada vez mayor.
El SIDA es actualmente la principal causa de mortalidad de personas de
15 a 49 años en todo el mundo. En 2003, 2,9 millones de personas
murieron debido al SIDA, entre ellos casi medio millón de menores
de 15 años. Alrededor de 4,8 millones de personas contrajeron la
infección por VIH, entre ellos 630.000 niños y niñas.
En 2003, alrededor de 2,1 millones de menores de 15 años vivían
con el VIH/SIDA, y la mayoría de ellos habían contraído
la infección durante el embarazo, el nacimiento o a través
del amamantamiento. En Botsw ana, Zimbabwe y Swazilandia, donde se dan las
tasas más elevadas de incidencia del VIH en el mundo, se registraron
el segundo, tercero y cuarto mayor aumento de muertes infantiles desde 1990
a 2002. En todo el mundo, alrededor de un 4% de las muertes entre los niños
y las niñas se deben a SIDA.
Las repercusiones de la epidemia sobre la infancia tienen su mayor expresión
en la oleada de huérfanos causados por el SIDA. En solamente dos
años (2001-2003), el número de niños y niñas
que habían perdido a uno o a ambos progenitores debido al SIDA aumentó de
11,5 millones a 15 millones, de los cuales alrededor de un 80% viven en África
subsahariana.
Alrededor de un 90% viven con sus familias ampliadas, muchas de las cuales
se encuentran ya en graves dificultades. Millones más de niños
y niñas viven con miembros enfermos o agonizantes de su familia.
La enfermedad o la muerte de una madre o un cuidador durante los primeros
años de la vida del niño, que son los más vulnerables,
ponen en peligro el cumplimiento de las necesidades más básicas
de la infancia. La epidemia priva a los niños y las niñas
del cuidado de sus familias, que son la mejor línea de defensa contra
el peligro y la enfermedad.
Los niños y niñas cuyos progenitores han muerto tienen menos
probabilidades de ir a la escuela, de encontrarse en el nivel educativo
apropiado, y más probabilidades de abandonar la enseñanza.
Los niños y niñas huérfanos tienen también más
probabilidades que los no huérfanos de ser víctimas de las
peores formas de trabajo infantil: la agricultura comercial, el servicio
doméstico, el trabajo en la industria del sexo o como vendedores
callejeros. Casi la mitad de los trabajadores infantiles de la industria
del sexo entrevistados en Zambia dijeron que tanto su padre como su madre
habían muerto; alrededor de una cuarta parte habían perdido
a un solo progenitor.
Especialmente en África subsahariana, el VIH/SIDA destruye las comunidades
debido a que sus recursos humanos fundamentales –agricultores, maestros,
trabajadores de la salud, policías y personal militar– se enferman
y mueren. Sólo las repercusiones sobre los maestros y los sistemas
de educación significan una reducción en la escolarización
de la infancia.