Los niños y las niñas son cada vez con mayor frecuencia los
blancos en los conflictos armados. Cerca de la mitad de los 3,6 millones
de personas que murieron en conflictos durante los años 1990 (un
45%) eran menores de edad.
Millones más de niños y niñas sufrieron graves heridas
o resultaron permanentemente discapacitados, o tuvieron que enfrentarse
a la violencia sexual, el trauma, el hambre y la enfermedad. Alrededor de
20 millones de niños y niñas se vieron obligados a huir de
sus hogares y de sus comunidades debido a los conflictos.
Cientos de miles de niños y de niñas se han visto forzados
a presenciar actos de violencia o a participar en ellos. No todos los niños
ni las niñas secuestrados o reclutados en los conflictos portan armas;
a muchos se les obliga a convertirse en esclavos sexuales, o a ser cocineros,
sirvientes, mensajeros o espías. Las niñas son especialmente
vulnerables.
La violencia sexual es a menudo un arma deliberada de guerra. En Bosnia
y Herzegovina y en Croacia, los soldados violaron a las niñas y las
mujeres como parte de una política de combate. La violencia sexual
fue también generalizada en conflictos recientes en la República
Democrática del Congo, Sierra Leona, Liberia y Darfur. Los asaltos
continúan en los campamentos para las personas desplazadas por los
conflictos.
En muchos países en conflicto se registró también
una elevada incidencia del VIH, lo que contribuye a crear condiciones para
un rápido aumento de las infecciones. En Rwanda, 2.000 mujeres, muchas
de ellas sobrevivientes de violaciones, fueron sometidas a la prueba del
VIH durante los cinco años posteriores al genocidio de 1994. De ellas,
se encontró que un 80% eran seropositivas. Muchas no habían
practicado actividades sexuales antes de la violencia.
Los sistemas de los que dependen los niños y las niñas para
obtener seguridad se desmoronan a menudo durante los conflictos armados.
Las instituciones encargadas de la aplicación de la ley, las escuelas
y las instalaciones sanitarias, las familias y las comunidades, pierden
la estructura y la autoridad que tenían en tiempos de paz.
Las tasas de menores de cinco años aumentan en un 13% durante una
típica guerra de cinco años. En los primeros cinco años
de paz, las tasas de mortalidad infantil son alrededor de un 11% más
elevadas que antes del conflicto. En Sierra Leona se dan las tasas absolutas
de mortalidad de menores de cinco años más elevadas del mundo,
después de diez años de guerra civil: 284 niños de
cada 1.000 no llegan a cumplir cinco años.
Las minas terrestres causan la muerte de 15.000 a 20.000 víctimas
todos los años, de los cuales uno de cada cinco es un niño.
Los niños y las niñas corren un riesgo mayor de sufrir heridas
o morir a causa de las minas terrestres debido a su pequeño tamaño,
su forma poco conocida y su colorido, que las hace parecidas a los juguetes.