Proteger a la infancia contra la pobreza es una responsabilidad tanto internacional como nacional. Los gobiernos nacionales y locales tienen que demostrar su compromiso y su capacidad para tomar medidas contra la pobreza infantil.
La vigilancia y el análisis de los presupuestos nacionales desde la perspectiva de sus repercusiones sobre la infancia es un enfoque prometedor para promover un aumento en la asignación de recursos destinados a la niñez y aprovechar al máximo su utilización efectiva. Orientar mejor la educación, la salud y los servicios de asistencia social hacia los pobres, abordando los impedimentos relacionados con el gobierno para la calidad y eficacia de los servicios, aumentando la participación de la comunidad y ampliando la escala sobre la base de programas que han dado resultados, ayudaría a cumplir con los requisitos del
Consenso de Monterrey para los países en desarrollo .
Es posible liberar recursos adicionales considerables, desviando por ejemplo los gastos en armamento y otros materiales militares. Sólo si se desviara una fracción de estos gastos hacia la salud o la educación, se liberarían millones –sino miles de millones– de dólares.
Los donantes están también obligados a mantener sus compromisos hacia los niños y las niñas de los países en desarrollo. Las promesas que se hicieron a la niñez durante la Sesión Especial, consagradas en “Un mundo apropiado para los niños”, no pueden olvidarse. También es preciso poner en práctica los compromisos alcanzados después del Consenso de Monterrey en 2002, para aumentar la asistencia oficial al desarrollo en alrededor de 18.500 millones al año hasta 2006. Asimismo, será preciso mejorar la calidad de la asistencia mediante una mayor armonización de las políticas de los donantes con las prioridades de los países receptores. Las inversiones en bienes esenciales, servicios e infraestructura que satisfagan directamente los derechos de la infancia es crucial: sin ellas, no será posible conseguir ninguno de los otros programas internacionales de desarrollo.
Lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y tomar medidas contra la pobreza infantil son dos cuestiones relacionadas que se refuerzan mutuamente. Es posible abordar muchas de las privaciones que confrontan los niños y las niñas mediante un cambio positivo en los ingresos de sus familias y un mejor acceso a los servicios sociales básicos. Esto exigirá una mayor concienciación, conceptos que aborden la pobreza como una noción multidimensional, una mejor supervisión e intercambio de experiencias y el establecimiento de una amplia coalición de individuos e instituciones.
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