La organización no gubernamental Reaching Out ofrece un refugio seguro a niñas rumanas que son víctimas de la trata de personas y que han logrado escapar de sus captores y regresar a su país. En el albergue dirigido por la organización, las niñas encuentran un lugar seguro donde estar, sanar y recuperarse mientras se preparar para reincorporarse al mundo real. Allí reciben asesoría, recuperan el amor propio y la confianza, aprenden a coser, a pintar y a edificar una nueva vida.
“No es fácil”, dice el administrador del albergue. “Tenemos que aprender a arreglárnoslas con los gastos: mantenimiento, comida, medicinas, escuela, viajes y ropa. Por todo hay que pagar”. La Oficina del UNICEF en Rumania considera que éste es el único albergue del país con condiciones óptimas y que brinda asistencia técnica para ayudar a garantizar su sostén.
“Mi historia es sencilla”, dice Milena*, una de las muchachas que vive en el albergue. “Quedé embarazada y tuve un hijo por mi cuenta. Poco después de dar a luz, una amiga se ocupó del bebé y yo conseguí un empleo. Encontré un lugar donde vivir, pero pronto empecé a tener problemas económicos. No pude hacerles frente y algunos amigos me sugirieron que probara a trabajar en el extranjero. Creí que podría ser una buena solución por un tiempo hasta que volviera a recuperarme; nunca pensé que trabajaría de prostituta”.
©UNICEF 2004
Milena trabajó de prostituta en Austria. Puesto que la prostitución es ilegal en ese país, pasaba los días encerrada con llave en un cuarto oscuro. Estaba tan deprimida que las otras muchachas que trabajaban con ella se las arreglaron para recaudar 200 euros a fin de que pudiera pagar el regreso a su país.
“Estoy tan enfurecida conmigo misma por haberme dejado embaucar por toda clase de falsas promesas”, dice Milena, que ahora vive en un albergue con otras mujeres que se encuentran en la misma situación. “Creí en toda suerte de mentiras. Ahora intento calmarme y decirme a mí misma que hice lo que hice porque estaba desesperada. Miro a mi alrededor aquí en el albergue y me doy cuenta de que soy la más vieja, ya que las otras muchachas tienen menos de 20 años; yo podría haber sido más madura. Por otra parte, la gente no ve más allá de los hechos. Se enteran de que traficaron contigo y te obligaron a convertirte en prostituta y comienzan a tratarte como si fueras una manzana podrida sin tomarse el trabajo de descubrir la verdadera historia”.
En estos días, intenta concentrarse en el futuro. “Tengo mucho miedo de cómo me va a ir en el mundo real, pero tengo que portarme bien por mi bebé”, dice.
Anna es otra joven que vive en el albergue. Sólo tiene 15 años, un tatuaje de una mariposa en la espalda y una sonrisa inocente. En su cuarto del albergue hay juguetes, animales de peluche, muñecas, libros de cuentos de hadas: todos los objetos de la infancia perdida. Anna se fue de su casa a los 12 años y durmió en las escaleras de un edificio de apartamentos. En la búsqueda de trabajo se tropezó con una mujer que le prometió un futuro más brillante. En realidad, la mujer era parte de una red de trata de personas y Anna no tardó en verse obligada a trabajar de prostituta.
©UNICEF 2004
Anna es otra joven que vive en el albergue. Sólo tiene 15 años, un tatuaje de una mariposa en la espalda y una sonrisa inocente. En su cuarto del albergue hay juguetes, animales de peluche, muñecas, libros de cuentos de hadas: todos los objetos de la infancia perdida. Anna se fue de su casa a los 12 años y durmió en las escaleras de un edificio de apartamentos. En la búsqueda de trabajo se tropezó con una mujer que le prometió un futuro más brillante. En realidad, la mujer era parte de una red de trata de personas y Anna no tardó en verse obligada a trabajar de prostituta.
“Al principio bebía y tomaba drogas”, dice. “Me ayudaban a dejar de pensar en lo que me estaba ocurriendo”.
A los 14 años, a Anna le dieron un pasaporte y la enviaron a Turquía, donde fue arrestada por la policía y devuelta a su país. Pero de regreso a Rumania, la misma mujer la estaba esperando y la envió a España. Allí la encerraban en una casa de día y la obligaban a salir a buscar clientes de noche. Finalmente, encontró a un hombre que la ayudó a escapar a Rumania.
Las historias de Anna y de Milena distan de ser atípicas en Rumania, una de las fuentes principales para la trata de mujeres y niños. Al igual que en la mayoría de los países de Europa oriental, el derrumbe de la economía en los años 1980 significó drásticas reducciones en el ingreso y la seguridad social, desmesuradas tasas de inflación y un elevado desempleo. Las mujeres resultaron especialmente afectadas por el aumento de la pobreza y se encontraron con pocas oportunidades en el mercado laboral. Según un estudio reciente sobre la trata de personas en Europa sudoriental, realizado por el UNICEF, el Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos, la difícil situación económica, pareja con antecedentes de problemas en la familia y bajo nivel de instrucción, se encuentran detrás de muchos de los casos de trata de personas. Las redes ilegales atraen a las mujeres y las niñas con promesas de empleos bien pagados en otros países, o simplemente las secuestran y las obligan a irse al extranjero.
Según la fuente, el número de víctimas que ha recibido atención oscila entre
500 [
1] y casi 900 [
1] entre 2000 y 2004. El Gobierno rumano ha identificado
el tráfico
de personas como una de las prioridades en su empeño de combatir el crimen organizado.
Está en el proceso de crear un plan nacional de acción y de organizar una agrupación
interministerial que se concentrará en la trata de niños y niñas.
©UNICEF 2004
Tanto Milena como Anna esperan recuperarse y reintegrarse a la sociedad. Su estancia en el albergue de Reaching Out podría proporcionarles las herramientas necesarias para lograrlo y evitar la estigmatización
* Los nombres de las mujeres víctimas de la trata de personas son ficticios.
[
1] Fuente: Ministerio del Interior | Fuente: OIM Rumania