Unicef Logo and the text: Children Under Threat. The State of The World's Children 2005.

Poverty Photo
©UNICEF/Paraguay/
Cecilia Sirtori

La lucha de toda una comunidad contra el trabajo infantil

La ciudad de Coronel Oviedo se halla en la carretera que une Paraguay con su vecino Brasil, a unos 137 kilómetros de la capital, Asunción. Aunque sigue habiendo caminos de tierra rojiza que cruzan la ciudad, la nueva carretera trae un importante tráfico a esta zona. Coronel Oviedo está a medio camino entre Asunción y la frontera brasileña, y esta ubicación estratégica ha transformado lo que antes era una ciudad pequeña y somnolienta en un gran centro comercial. La población crece sin cesar con los campesinos paraguayos que abandonan las zonas rurales y llegan a la ciudad en busca de trabajo.
Alrededor del 15% de la población de Paraguay sobrevive con menos de un dólar al día y, según los estudios del Gobierno, uno de cada cuatro niños de 10 a 17 años debe trabajar para ayudar a su familia. En Coronel Oviedo, los niños y niñas venden fruta, golosinas y todo tipo de utensilios a lo largo de la carretera, o limpian los parabrisas de los coches en las calles de la ciudad.

Poverty Photo
©UNICEF/Paraguay/Cecilia Sirtori


De la calle a la escuela

El proyecto Vida y Comunidad procura cambiar esta situación que se vive en Coronel Oviedo. Bajo la dirección del municipio, el proyecto cuenta con la participación y el compromiso de varios sectores sociales de la ciudad y la asesoría técnica y el apoyo financiero del UNICEF. El proyecto ofrece “centros abiertos” donde los niños y niñas trabajadores pasan su tiempo cuando no están en la escuela. En dichos centros, los niños reciben asistencia en sus tareas escolares, una o dos comidas diarias y cuidados sanitarios básicos, y pueden participar en actividades recreativas. Algunos asistentes sociales ayudan a las familias de los niños y niñas a conseguir que sigan en la escuela.

El proyecto mantiene también centros comunitarios que ofrecen asistencia a los niños que viven en barrios pobres, con el fin de impedir que pasen a formar parte de la fuerza de trabajo. Varias iniciativas destinadas a que las familias obtengan ingresos económicos y formación ofrecen a los padres y madres de los niños la posibilidad de sacar adelante a sus familias.

En uno de los centros abiertos donde los niños y niñas trabajadores de la calle participan en actividades educativas y culturales, Juan, de 12 años, toca con la mayor concentración un tambor improvisado al ritmo de la música de carnaval, siguiendo las instrucciones impartidas por el profesor, mientras presta una atención extrema a los movimientos del bastón que éste enarbola.

Antes de unirse al proyecto Vida y Comunidad, Juan solía salir por la mañana temprano a vender dulces en la terminal de autobuses y por lo general estaba demasiado cansado para asistir a la escuela. Ahora, es capaz de seguir las enseñanzas de sexto grado con regularidad en la escuela de Maragantú, y de participar en las actividades del centro abierto, que incluyen lecciones de música.

Tiene 7 años y unos ojos brillantes. Su nombre es Digna y solía vender naranjas todos los días hasta el anochecer. Ahora también forma parte del proyecto y afirma que está muy contenta de pasar parte de sus días en el centro y de ir a la escuela por la tarde.

Desde el comienzo del proyecto, en 2002, el 63% de los niños que han participado en el mismo han conseguido disminuir su horario de trabajo y 41 niños han podido dejar de trabajar completamente.

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“Creo que es maravilloso que la gente se dé cuenta del dolor que significa el trabajo infantil... los niños deben saber lo que significa ser un niño... sin ninguna duda no está bien empujarlos tan lejos para que se pongan en los zapatos de los adultos..."
Una joven, 21 años, Malasia

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Costo de los materiales pedagógicos básicos para los niños y niñas de Iraq en edad escolar primaria: 5 dólares.
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