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Las guerras hacen retroceder los progresos en favor de la infancia
Los países en desarrollo están atrapados en
un ciclo vicioso en el cual la pobreza genera
la desesperación y el miedo que pueden
provocar un conflicto, un factor que amenaza
los derechos de muchos niños y niñas.
Los conflictos armados hieren y matan
a los niños y las niñas y a quienes les
protegen. Destruyen los hogares y las escuelas
que fueron construidos para criarlos. Separa a
los niños y las niñas de sus familias, aumenta
el riesgo a la explotación y los malos tratos, y
les expone a una violencia que puede originar
traumas psicológicos y psicosociales para el
futuro. En varios países, los niños se ven
obligados a participar en combates o a
convertirse en sirvientes, mensajeros o espías.
La amenaza de la violencia puede llevar a
comunidades enteras a huir de sus hogares,
creando grandes poblaciones de refugiados
y de personas internamente desplazadas
que son vulnerables a la desnutrición y las
enfermedades, entre ellas el VIH/SIDA. Muy
a menudo, el exilio se prolonga durante
muchos años e incluso décadas. Generaciones
enteras crecen en campamentos donde el
hacinamiento, el saneamiento inadecuado
y una aplicación deficiente de la ley hacen
que las condiciones de los niños y las niñas
sean especialmente peligrosas.
Las repercusiones de los conflictos
armados van más allá del campo de batalla.
Los daños a la infraestructura pueden
interrumpir las actividades sistemáticas
de inmunización o impedir el acceso a los
vacunadores, lo que hace que los niños y
niñas que viven en las zonas de conflicto
sean mucho más vulnerables a la muerte
debido a enfermedades que se pueden
evitar. Los restos de explosivos de guerra
permanecen a menudo enterrados en los
países afectados por las guerras, poniendo
en peligro las vidas de los niños y las niñas
y reduciendo la seguridad de su entorno.
Y al consumir fondos muy necesarios de
los presupuestos nacionales y privar a las
familias de sus medios de vida, la guerra
hace retroceder el desarrollo, profundiza la
pobreza y consolida las disparidades sociales
que arruinan todos los aspectos de la infancia. |
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“Creo que es maravilloso que la gente se dé cuenta del dolor que significa el trabajo infantil... los niños deben saber lo que significa ser un niño... sin ninguna duda no está bien empujarlos tan lejos para que se pongan en los zapatos de los adultos..."
Una joven, 21 años, Malasia
Visite www.unicef.org/voy/spanish
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Porcentaje de menores de un año que reciben la vacuna DPT3: 76
Número de menores de 1 año vacunados todos los años: 100 millones
Número de vidas que podrían salvarse todos los años por medio de vacunaciones ordinarias: 2,2 millones
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