La ruptura del entorno protector
Con la muerte de un progenitor, el niño pierde parte de su red de seguridad. Sin la protección del entorno familiar, corre el riesgo de abandonar la escuela, dedicarse al trabajo infantil o sufrir malos tratos, violencia, explotación, estigmatización y discriminación.
Las evaluaciones realizadas por la Organización Internacional del Trabajo han observado que los niños y niñas huérfanos tienen más probabilidades que los no huérfanos de trabajar en la agricultura comercial, como vendedores callejeros, en el servicio doméstico y en la industria sexual. De todos los niños que trabajaban en la prostitución en Zambia, se descubrió que un 47% eran huérfanos dobles, mientras que un 24% eran huérfanos de un solo progenitor. Alrededor de un 38% de todos los niños y las niñas que trabajaban en las minas de la República Unida de Tanzanía –cuyas edades oscilan entre los 7 y los 17 años– eran huérfanos. En Etiopía, más de tres cuartas partes de los trabajadores domésticos infantiles entrevistados en Addis Abeba eran huérfanos, un 80% no tenía derecho a abandonar su trabajo y muchos trabajaban más de 11 horas al día, 7 días a la semana, sin posibilidades de jugar y sin acceso a la información.
Más de la mitad de los huérfanos de África subsahariana, Asia y América Latina y el Caribe son adolescentes. Los niños y niñas de este grupo de edad son más vulnerables a la infección por VIH, especialmente porque sus dificultades psicosociales y económicas pueden desencadenar un comportamiento sexual arriesgado y el abuso de sustancias. Como resultado de ello, es necesario proporcionarles acceso a la educación sobre la salud sexual y a servicios que reduzcan el riesgo de infecciones, así como a entablar relaciones con adultos afectuosos por medio de escuelas y organizaciones eclesiásticas o comunitarias.
Para todos estos niños y niñas, las repercusiones psicosociales pueden ser tan graves como las físicas. Incluso en sociedades donde el VIH/SIDA es común, los niños y niñas en los hogares afectados por la enfermedad, o que viven ellos mismos con el VIH/SIDA, pueden ser víctimas de la estigmatización. A menudo sufren malos tratos en sus hogares de guarda, o tienen que enfrentarse a la separación de sus hermanos y hermanas además de a la pérdida de sus progenitores.
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