El VIH/SIDA priva a los niños y las niñas de sus derechos. El consumo de alimentos en un hogar afectado por el SIDA puede descender hasta en un 40%, lo que pone a los niños en un mayor peligro de sufrir desnutrición y cortedad de talla. En Camboya, un estudio conjunto reciente realizado por la Alianza Khmer de ONG sobre el VIH/SIDA y Family Health International observó que alrededor de uno de cada cinco niños y niñas de las familias afectadas por el SIDA habían tenido que comenzar a trabajar durante los seis meses anteriores para apoyar a su familia. Uno de cada tres se había dedicado a prestar atención a los miembros de la familia y a ocuparse de las principales tareas domésticas. Otros se vieron obligados a abandonar la escuela o fueron enviados lejos de sus hogares. Estas experiencias expusieron a los niños y niñas al estigma y a tensiones psicosociales a gran escala, y se observó que las niñas eran más vulnerables que los niños.
Las familias sufren los efectos de la enfermedad antes de que muera el progenitor, debido a que el adulto suele perder la capacidad de trabajar desde el momento en que se enferma por primera vez. Un estudio realizado en la zona oriental de Zimbabwe destacó las importantes pérdidas de ingresos y de capital relacionadas con una enfermedad terminal. El aumento en los costos debidos a la atención de la salud y, posteriormente, la necesidad de desembolsar dinero para el entierro, suponen una mayor presión sobre unos ingresos que generalmente ya eran exiguos. El mismo estudio observó que los costos del entierro representaban alrededor de la mitad del promedio del ingreso per cápita.
Debido a estas presiones financieras, muchos niños y niñas cuyas familias están afectadas por el VIH/SIDA, especialmente las niñas, tienen que abandonar la escuela para trabajar con sus familias, y se enfrentan a un peligro cada vez mayor de realizar trabajos peligrosos o de ser víctimas de otro tipo de explotación. Los niños y niñas que trabajan para prestar apoyo a sus familias lo hacen a expensas no solamente de su educación, sino también del descanso, el juego y la recreación. También pierden la oportunidad de participar en actividades comunitarias, religiosas, culturales y deportivas. La pérdida de estos derechos significa que, en efecto, muchos niños y niñas huérfanos o vulnerables a causa del VIH/SIDA pierden completamente su infancia
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