Cuando el VIH/SIDA penetra en una casa e infecta a uno o a ambos progenitores, destruye también el engranaje de la vida del niño. En 2003, 15 millones de menores de 18 años habían quedado huérfanos a causa del VIH/SIDA. Muchos millones más viven en hogares donde hay miembros de la familia enfermos y agonizantes. Los efectos de la epidemia dominan todos los aspectos de las vidas de los niños y las niñas: su bienestar emocional, su seguridad física, su desarrollo mental y su salud general. Los niños y las niñas, especialmente estas últimas, se ven a menudo obligados a abandonar la escuela para trabajar, ocuparse de sus progenitores, cuidar a sus hermanos y hermanas y tratar de conseguir alimentos. Estos niños y niñas corren un mayor peligro de sufrir desnutrición y ser víctimas de la violencia, el trabajo infantil explotador, la discriminación y otros abusos.
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Las Naciones Unidas y sus organizaciones aliadas han apoyado un marco de acción que ofrece orientación a los países donantes y a los gobiernos de los países afectados sobre la mejor forma de responder a las necesidades urgentes de los niños y niñas que viven con el VIH/SIDA. Entre las metas específicas que es preciso alcanzar para 2005 se encuentran la preparación de estrategias nacionales para abordar el problema de los huérfanos y otros niños y niñas vulnerables, eliminar la discriminación, movilizar recursos y fomentar la cooperación internacional.
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Los recursos para proporcionar apoyo a los huérfanos y otros niños y niñas vulnerables a causa del VIH/SIDA han aumentado los últimos años, especialmente gracias a la creación del Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y el Paludismo y el inicio en 2004 del Plan de Emergencia para el Alivio del SIDA del Presidente de los Estados Unidos. Sin embargo, la financiación de programas para los huérfanos y niños y niñas vulnerables sigue siendo inferior a la cifra que se necesita para proteger y apoyar de manera adecuada a este grupo.
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