Los restos de explosivos de guerra
Incluso después de que ha terminado un conflicto, todo lo que deja detrás amenaza a los niños y las niñas. Los restos de explosivos de guerra –entre ellos los explosivos y armamentos abandonados, las minas terrestres y los materiales bélicos que no han explotado– matan y hieren todos los años a miles de niños y niñas. Los restos de explosivos de guerra pueden impedir a comunidades enteras el acceso a los campos, los pozos, las clínicas o las escuelas, algo que provoca privaciones mucho después de que hayan cesado las hostilidades. Las familias pueden tener que estar condenadas a vivir en asentamientos temporales debido a la presencia continua de minas en sus comunidades. Solamente las minas terrestres son responsables de entre 15.000 y 20.000 nuevas víctimas al año. Cerca de dos terceras partes de los 65 países donde se produjeron bajas debido a las minas entre 2002 y 2003 no habían sufrido un conflicto activo en ese periodo. Un estudio realizado por Human Rights Watch encontró que la utilización de municiones de racimo por las fuerzas de la coalición en zonas pobladas de Iraq fue una de las principales causas de bajas civiles en 2003.
La mayor parte de las víctimas de los restos de explosivos de guerra son hombres, a menudo agricultores. Pero los niños y las niñas se encuentran también en peligro: suelen tener una gran curiosidad y cuando se encuentran con objetos extraños les atraen los diseños coloridos de algunas minas mariposa y bombas de racimo. Además, muchos niños se encargan del pastoreo de los animales y de buscar agua, lo que exige atravesar amplias zonas del campo donde puede que haya minas terrestres; además, suelen ser menos capaces que los adultos de comprender los signos que señalan los campos de minas.
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