Unicef Logo and the text: Children Under Threat. The State of The World's Children 2005.

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©UNICEF/Sudan/
Debrah Bowers

Un viaje de regreso a la esperanza

Daniel Riong, de 22 años, es estudiante en la Escuela de Educación Secundaria de Rumbek, en el sur del Sudán, y profesor en la cercana Escuela Primaria de Deng Nhial. Pero en una comunidad aislada y asolada por 21 años de guerra civil, numerosas hambrunas e interminables oleadas de enfermedades, esto no resulta extraño.

También ha sido un niño soldado.

La historia de Daniel comienza como la de muchos niños y niñas de esta zona seminómada de Bahr al-Ghazal. A la edad de tres años marchaba junto a su padre, cuidando del ganado y yendo de un lugar a otro en busca de pastos y agua. Cuando cumplió ocho años, sus padres le matricularon en la escuela cercana a la aldea en que vivían, ubicada a varias horas a pie desde Rumbek. Cuando Daniel llevaba seis años en la escuela, la Guerra entre el Ejército de Liberación Popular del Sudán y el Gobierno del Sudán estaba en su punto más álgido.

Se desplegó personal de reclutamiento del Ejército de Liberación Popular del Sudán en cada comunidad a fin de llenar el cupo de soldados. Y así fue como, a la edad de 14 años, Daniel se vio obligado a abandonar la escuela, dejar a su familia y alistarse en el ejército.

Junto con otros 20 nuevos reclutas, fue conducido a una clínica de formación de personal médico. Una vez finalizada la etapa de formación, estos trabajadores médicos fueron enviados a batallones por todo el sur del Sudán. Daniel pasó los dos años siguientes trasladándose a diversos frentes, trabajando para salvar la vida de sus camaradas heridos.

Se considera muy afortunado de haber formado parte de uno de los primeros grupos de niños que fue desmovilizado del frente situado al norte de Bahr al Ghazal en 2001.

Los niños que combaten como soldados en el sur del Sudán rara vez sufren rechazo cuando regresan a la vida civil, dado que han participado en un movimiento que suscita un gran apoyo popular. Pero eso no significa que la vida fuera del ejército haya sido fácil. Para cuando Daniel fue desmovilizado, su padre había fallecido y su madre y su hermano pequeño habían sido desplazados como consecuencia de los combates en torno a Rumbek y habían huido lejos, a la zona norte del país, que se halla bajo el control del gobierno.

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©UNICEF/HQ01-0358/Roger LeMoyne


De combatiente a profesor

Daniel descendió de un avión fletado por el UNICEF para reunirse, en un emotivo encuentro, con sus parientes, que habían caminado durante dos horas para acudir a recibirle. Se matriculó en la Escuela Primaria de Deng Nhial, en la que actualmente es profesor voluntario.

“Me incorporé a la escuela en el octavo curso y fui el primero de Deng Nial en graduarse”, afirma Daniel con orgullo. Actualmente es alumno del Módulo 3 de la Escuela Secundaria de Rumbek, una de las pocas escuelas secundarias que existen en el sur del Sudán.

Daniel se está especializando en biología y, lo que no es de extrañar, quiere ser médico. “Si puedo, me gustaría estudiar medicina en Uganda o Australia, donde he oído que la formación es muy buena. Pero para eso haría falta un milagro. Si no lo consigo, continuaré trabajando como profesor. La falta de profesores es un problema aquí, y estoy contento de poder echar una mano.”

Entre clase y clase, Daniel enseña matemáticas y ciencias a los alumnos de cuarto y quinto curso de Deng Nhial.

Vive en una colonia cercana de chozas de paja que pertenecen a otros antiguos niños soldados y a personas que han sido desplazadas internamente. Después de la escuela, él y sus amigos trabajan para sobrevivir: cortan hierba que después venden para techar casas y con el dinero que obtienen compran alimentos. Cada dos semanas, Daniel se traslada a la zona en la que vive su familia para visitarles.

El 26 de mayo de 2004, el Ejército de Liberación Popular del Sudán y el Gobierno del Sudán firmaron los tres protocolos definitivos de un acuerdo marco de paz. Daniel no está seguro de que el pacto se mantenga, pero declara que la firma del acuerdo ha infundido esperanza a todos. “¡Especialmente a mí! Ayer recibí una carta de mi madre y mi hermano“, afirma. “Ahora tengo la esperanza de que regresen a casa muy pronto. Para mí, eso será lo mejor de la paz.”


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"Si queremos realmente erradicar esta enfermedad [SIDA], si realmente hemos visto los problemas que causa esta enfermedad, miraríamos dentro de nosotros para encontrar una solución..."
Por blue lagoon, 18, Micronesia

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