Unicef Logo and the text: Children Under Threat. The State of The World's Children 2005.

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Los niños y niñas de las zonas en conflicto luchan por alcanzar la paz

Darién, la provincia más grande de Panamá, se encuentra en la frontera colombiana. Es el hogar de los principales grupos indígenas del país, de una considerable comunidad afrocaribeña y de gran número de refugiados colombianos. La región sur, comúnmente conocida como “el Tapón del Darién”, es una vasta zona de selvas exuberantes que se nutre de copiosas lluvias y que resulta impenetrable por carretera o por ferrocarril. Intacta aún de los efectos del turismo masivo, la frecuentan guerrilleros y paramilitares colombianos. Los choques entre estos dos grupos han creado en la provincia un ambiente peligroso e impredecible.

En el pueblo de Boca de Cupe, que se encuentra en la provincia, viven unos 2.000 habitantes, de los cuales el 30% son colombianos desplazados. En enero de 2003, el asesinato de cuatro ancianos indígenas en dos pueblos vecinos, a manos de los paramilitares colombianos, trajo al pequeño poblado, según informes de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, a unos 500 indígenas panameños –300 de ellos niños y niñas– en busca de refugio y protección.

Boca de Cupe está protegida por una pequeña fuerza policial panameña, tiene un solo teléfono, cuenta con un solo médico y se encuentra a kilómetros de distancia de cualquier gran ciudad. Sin embargo, sus residentes recibieron a sus atemorizados vecinos hasta que pudieron regresar a sus hogares con seguridad. Hasta Boca de Cupe llegó el socorro para los desplazados aldeanos en forma de comida, ropa y abrigo. Pero mientras la ayuda disminuyó y los socorristas se marcharon, el sentimiento de trauma entre los niños desplazados se mantuvo.

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Las huellas emocionales del conflicto

“En este tipo de situación, la gente no siempre piensa en los efectos psicológicos del conflicto entre los pequeños”, dice Ana Lorena Alfaro, auxiliar del programa del UNICEF en Darién. “Ayudar a los niños y niñas a vencer las consecuencias emocionales del conflicto es tan necesario como cualquier otra forma de ayuda, porque contribuye al desarrollo mental y emocional de los menores que viven en medio de la violencia y la inseguridad”.

La recuperación psicológica de niños, niñas y adolescentes que viven en zonas de conflicto es un elemento esencial para la paz. Por consiguiente, el UNICEF decidió concentrarse en Boca de Cupe para poner en práctica “Retorno a la Alegría”, un proyecto que beneficiaría tanto a los residentes indígenas como a los colombianos desplazados del Darién.

El proyecto comenzó en noviembre de 2002, con el adiestramiento de maestros de la zona, seguido por la formación de adolescentes de los pueblos más pequeños que rodean a Boca de Cupe. Son adolescentes los que imparten las lecciones en la actualidad y se valen de juegos, dibujos, canciones y representaciones para promover la recuperación de la salud menta de los más chicos. Alfaro explica que, antes de que comenzara el proyecto, los niños y niñas de la zona daban muestras de conducta negativa, tales como depresión, enuresis nocturna (orinarse en la cama) agresividad, miedo, pesadillas, desconfianza y falta de amor propio. El proyecto fue concebido para enseñar a los menores medios pacíficos para hacer frente a sus problemas y ayudar a restaurar la confianza y el sentido de seguridad en aquellos que se habían criado en un clima de temor y de muerte.

“Cuando el proyecto comenzó no había ningún lugar para que los niños y las niñas jugaran, de manera que unos pocos se reunían cerca de la iglesia a cantar y practicar deportes, pero muchos se quedaban afuera y sólo miraban”, dice Alfaro. “Recuerdo que yo pensaba que no es normal que los niños no quieran jugar. Es cuando uno sabe que algo anda mal”.

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El proyecto ya se ha reproducido con éxito en ocho comunidades distintas del Darién, con la participación de muchos adolescentes. En la actualidad, hay más de 120 adolescentes que ayudan a unos 5.000 niños y niñas a crear una sociedad más pacífica en la provincia. Alfaro explica que el problema ahora no radica en la falta de participación, sino en lograr que los niños vuelvan a casa después que se acaban las sesiones: “Todos quieren quedarse y jugar”.

“Algunos niños desplazados de Colombia vienen a esta región y al principio hablan de regresar a pelear a Colombia”, dice Alfaro. “Retorno de la Alegría les presenta nuevas opciones para su futuro, y ahora algunos andan diciendo: ‘quiero ser maestro o abogado o misionera’. Empiezan a pensar más en la paz y menos en la violencia, porque se dan cuenta de que la guerra y el derramamiento de sangre ya no son las únicas opciones”.

Jesús Ariel Graciano, un muchacho colombiano de 15 años –que vino a pie con su familia, a través de las montañas, de Colombia a Boca de Cupe, cuando sólo tenía siete años– es ahora uno de los adolescentes supervisores que trabaja en el proyecto. “He pasado por lo mismo que estos niños están pasando”, dice. “He gastado la mitad de mi vida en la guerra, y no quiero seguir viviendo de ese modo. Quiero ser alguien que ayude a los demás”.


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"El SIDA es un peligro / el SIDA es extraño / conoce tu valía / recrea tu pensamiento / protege tu vida / cambia tu estilo / moldea tus maneras / enmienda tu percepción / recibe orientación / las emociones son reales / vigila el sentimiento / cierra el sello / llega a un acuerdo / sométete a una prueba de sangre / el SIDA es real”
Por Chiyere, 21 años, Nigeria

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Porcentaje de menores de 1 año con bajo peso: en Yemen, 32; Sudán, 31; Bangladesh, 30; India, 30; y Suecia, 4.
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