Unicef Logo and the text: Children Under Threat. The State of The World's Children 2005.

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David mata a su Goliat y resuelve a la vez un problema de matemáticas

“Me llamo David”, dice el adolescente, dándome cortésmente la mano. “Mis padres me pusieron David por el David de la Biblia. ¿Conoce la historia de cómo David mató a Goliat?”

David tiene 16 años y cree que él ya ha matado a un Goliat en su vida. “Mi primer Goliat fue sobrevivir la guerra contra Mobutu”, dice. “Tuve que combatir durante siete meses y estoy vivo. Pero no estaba solo en la batalla: había muchos otros niños y niñas que habían sido reclutados para luchar al igual que yo. El Goliat con que ahora me enfrento va a ser más difícil de derrotar, porque lo enfrento solo. Pero creo que ganaré si me concentro y me empeño lo suficiente”.

A lo largo de los últimos años, se calcula que más de 20.000 menores de edad –muchos de ellos varones como David, pero niñas también– han sido reclutados para pelear por todas las partes implicadas en el conflicto armado de la República Democrática del Congo. En algunos casos, los niños y niñas constituyen aproximadamente un 35% de las tropas y con frecuencia combaten en las líneas del frente, obligados a participar en horrorosos actos de violencia y a realizar las tareas más peligrosas. También con frecuencia se les utiliza como esclavos sexuales y domésticos. Incontables niños y niñas congoleses han muerto o han sufrido mutilaciones en combate. Otros sobrevivieron, pero, al igual que David, con un futuro muy incierto.

“Yo tenía 12 años y estaba en mi aula en la escuela cuando oí las balas y el tiroteo”, dice David. “Peleaban en mi pueblo de Uvira, de la provincia de Kivu Sur. El maestro nos dijo que todos nos tiráramos al piso y él también lo hizo. Nos escondimos en el aula por muchísimo tiempo hasta que hubo una tregua en el combate. Luego todos corrimos en diferentes direcciones, algunos a sus casas, otros a esconderse en la selva. Yo corrí a mi casa para estar con mis padres y mis hermanos, pero cuando llegué, no encontré a nadie. Mis padres y hermanos ya se habían ido huyendo”. Él hace aquí una larga pausa. “Al menos, eso es lo que yo esperaba que les hubiera pasado.

“Me capturaron poco después, junto con muchos otros niños de la aldea. Nos dijeron que podíamos unirnos a ellos y luchar para liberar a nuestro país o nos matarían a tiros. Yo tenía mucho miedo a morir y no sabía dónde estaba mi familia ni qué hacer, así que me uní a ellos”, explica David. “Durante dos meses, los nuevos reclutas como yo pasábamos el entrenamiento militar y ejercicios de disciplina. Luego fuimos enviados al frente a combatir”.

Obligado s a combatir

Al igual que David, la mayoría de los niños y niñas asociados con grupos armados de la República Democrática del Congo no tienen otra opción que incorporarse: las alternativas suponen graves perjuicios, con frecuencia la muerte, para sus familias o ellos mismos. Otros, que viven en la pobreza, separados de sus padres, desplazados por la guerra o sin ninguna opción de ir a la escuela, se unen a los grupos armados porque sienten que no tienen ninguna alternativa mejor. El reclutamiento de niñas y niños prosigue hasta el día de hoy, pese a la firma de acuerdos de paz, mientras a diario tienen lugar combates, robos y saqueos, particularmente en el Distrito de Ituri y en las provincias de Kivu Norte, Kivu Sur y Maniema, en la parte oriental del país.

“Al principio estaba muy asustado, pero tenía un fusil Kalashnikov y era sólo cuestión de combatir y disparar o que te dispararan y te mataran. Tuvimos que luchar por todo el camino desde Uvira hasta Kinshasa, Nos tomó siete meses”. La distancia más corta entre Uvira y Kinshasa es aproximadamente de 1.800 kilómetros. Pero en un país con sólo una rudimentaria red de carreteras en el mejor de los casos, David tuvo que viajar mucho más de 2.000 kilómetros para llegar a Kinshasa. Recorrió esa distancia hambriento, cansado, atemorizado y casi siempre a pie.

“Cuando llegábamos a una aldea, los combatientes la rodeaban y luego atacaban. Nos llevábamos a los niños de la aldea a pelear. Por entonces, a mí me parecía bien llevarnos a otros niños, porque eso fue lo que me pasó a mí”, dice David. “Ahora sé que no estuvo bien, pero nosotros tampoco teníamos opción, porque nos hubieran matado si no obedecíamos las órdenes inmediatamente. Y nos daban drogas para aumentar nuestra agresividad y nuestra fuerza”.

Los grupos armados reclutan a menores y los obligan a tomar parte en horribles actos de violencia porque resultan más fáciles de amenazar y de manipular que los adultos. El reclutamiento de niños y niñas en la República Democrática del Congo comenzó a acrecentarse durante los intensos combates entre 1996 y 1997, pese a que el reclutamiento de cualquier menor de 18 años es ilegal. El reclutamiento y el uso de menores de edad por grupos armados viola también el artículo 38 de la Convención sobre los Derechos del Niño, y los términos de su Protocolo Facultativo sobre la participación de niños y niñas en un conflicto armado .

“Vi muchos muertos” prosigue con la voz apagada. “Era como estar preso. Recordaba que deseaba regresar a casa, ir a la escuela, pero eso no era posible en la selva: sólo pelear y sobrevivir. Me sentía frustrado y furioso pensando que nunca volvería a ver a mi familia y que no tendría la oportunidad de ir a la escuela otra vez, aunque luego, después de llegar a Kinshasa, me sentí orgulloso de haber participado en la victoria. Pero no me llevó mucho tiempo ver que la victoria había sido sólo para un grupo de personas en el poder. Para el resto de nosotros, sólo había sido una pérdida de nuestro tiempo y de nuestras vidas y no tenía ninguna esperanza en mi futuro”.

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Regreso a la normalidad

La primera desmovilización de menores en los territorios controlados por el gobierno se inició en diciembre de 2001. David estuvo entre los primeros 207 niños desmovilizados, que luego dieron sus primeros pasos hacia la reintegración mientras estaban en el Centro de Tránsito de Kimwenza. Al igual que David, la mayoría provenía de la región oriental del país. En Kimwenza, el UNICEF ayudó a ofrecer atención psicológica y médica, enseñanza básica y preparación para la vida práctica, y actividades de búsqueda y reunificación familiar para los niños y niñas hasta septiembre de 2002. Durante ese tiempo, el 95% de los menores escribieron cartas y se pusieron en contacto con sus familias. Sólo el 66% obtuvo respuesta. David no.

Un porcentaje mucho más bajo fue lo bastante afortunado para reunirse de nuevo con los suyos. El rastreo de familiares sigue siendo difícil debido a los desplazamientos a gran escala de la población y a las muertes causadas por la guerra, si bien la reunificación con mucha frecuencia no es posible debido a la inseguridad y los combates que actualmente se libran en la parte oriental del país. Eso se ha exacerbado aún más por el temor a represalias y el riesgo de ser reclutado nuevamente. “Me siento muy solo”, dice David. “Yo no sé si mi madre y mi padre siguen vivos ni donde se encuentran. Tal vez los mataron el día del ataque” Baja la cabeza en busca de las palabras que no acuden.

“Al principio fue muy difícil para mí porque no tenía idea de qué iba a hacer. Ya no iba armado ni tenía ninguna familia aquí en Kinshasa”, dice David. “Pero sabía que si había de tener un futuro, tendría que volver a la escuela. Ahora estoy a mediados de mi último año de escuela secundaria y, si apruebo los exámenes en julio de 2004, recibiré mi diploma. Me gusta estudiar física y álgebra, son mis asignaturas preferidas. Muchos de mis amigos encuentran esas materias demasiado difíciles, pero yo las disfruto”, dice con orgullo, al tiempo que abre su cuaderno con la tarea de álgebra escrita con mucha pulcritud.

“Estudio todos los días y no ando con muchachas, porque eso me distraería y no tengo tiempo que perder: ¡todo en su momento! Primero debo estudiar y después conseguir un empleo y luego puedo tener tiempo para una novia o una esposa, pero no antes. Estudio muy duro todas las noches. Si apruebo mis exámenes de la escuela secundaria, puedo tener una oportunidad de ir a la universidad. Si no, no sé qué será de mí.

“¿Cuál es mi Goliat de estos días? ¡Estudiar con ahínco para aprobar mis exámenes!”, dice David. “Ahora realmente estoy luchando por mi propio futuro. Dicen que la pluma es más poderosa que la espada. No es fácil, pero sé que no tengo otra opción.

“Sin preparación, nunca te van a aceptar en la sociedad, no conseguirás un buen empleo, no podrás atender a tu esposa y no tendrás un buen futuro. Estudiar es mi único camino. Y quiero que mis padres se sientan orgullosos de mí… en el momento en que vuelva a encontrarlos.”


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El VIH/SIDA y los niños en situaciones de conflicto armado [PDF]

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"Otro factor que actúa contra la concienciación del VIH/SIDA es el hecho de que... una serie de adultos, como los encargados de establecer políticas, los maestros y los padres y las madres, consideran que el tema es muy sensible para los niños y las niñas o demasiado controversial …"
Por Maytex1, 21 años, Nigeria

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