Prevención
En 1996 estallaron en todo el mundo 22 conflictos armados graves. En 2003 se produjeron 19 conflictos de este tipo, la segunda cifra anual más baja desde 1990. Sin embargo, resulta difícil asegurar que se haya producido un progreso considerable en la mediación y resolución de los conflictos. Por ejemplo, hoy en día hay 25 millones de personas desplazadas internamente por la violencia y la persecución en 52 países, el mismo número en términos generales que a mediados de los años 1990.
Durante los últimos nueve años se han producido algunos logros considerables. Por ejemplo, se consiguió acabar con el prolongado conflicto de Angola, que todavía persistía en 1996. También se llevaron a cabo grandes esfuerzos para resolver los conflictos de Burundi, Liberia y Sierra Leona. Sin embargo, por cada paso que se avanza –el proceso de paz que está en marcha en el Sudán después de 20 años de guerra entre el Gobierno y el Movimiento para la Liberación del Pueblo del Sudán, por ejemplo– se da un paso hacia atrás, debido a que nuevos conflictos surgen en otras partes o, en el caso de Darfur, en una zona diferente del mismo país. A comienzos del siglo XXI, el mundo, en lugar de ser un lugar más seguro, da la impresión de estar más dividido por los conflictos y el miedo, y el discurso político dominante está marcado por la guerra.
El UNICEF y los organismos aliados dedican una gran proporción de sus recursos a abordar las desigualdades sociales y económicas que pueden conducir a situaciones de violencia. Al hacer hincapié en la necesidad de llegar a los grupos vulnerables, entre ellos las niñas, las comunidades rurales y los pobres, estos programas combaten la marginación, calman las tensiones y promueven una integración social efectiva. El papel del UNICEF a la hora de presionar a los gobiernos para que mantengan políticas de desarrollo equitativas se ha ampliado durante la pasada década y contribuye a dotar a las comunidades de los instrumentos que necesitan para resolver las cuestiones de manera pacífica.
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