Socorro de emergencia
Hoy en día, las situaciones de emergencia son más complejas que nunca y su número es cada vez mayor. Los conocimientos técnicos de los trabajadores humanitarios –y su sensibilidad hacia las necesidades de las personas a quienes prestan asistencia– ha aumentado sin ninguna duda. Pero aunque se han logrado progresos en la prestación de socorro, el proceso de reconstrucción a largo plazo se encuentra en peligro por tres motivos: los trabajadores humanitarios se han convertido en el blanco de las facciones en lucha, los proyectos de asistencia más importantes no reciben los fondos necesarios y los trabajadores humanitarios carecen de la posibilidad de llegar a muchas zonas.
El problema en Somalia, por ejemplo, al igual que ocurre en otras naciones asoladas por un conflicto civil, se ha agravado debido a la financiación insuficiente de los programas humanitarios y al asesinato deliberado de los trabajadores de socorro. Estos factores han incrementado las restricciones de los organismos humanitarios y, por consiguiente, aumentado la privación de las poblaciones más necesitadas. En todo el mundo, más de 200 empleados civiles de las Naciones Unidas perdieron sus vidas debido a la violencia entre los meses de enero de 1992 y marzo de 2002. Cientos más fueron secuestrados o sufrieron violaciones o asaltos de otro tipo.
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