Sanciones
Las Naciones Unidas tienen el poder de imponer sanciones económicas y de otro tipo a los Estados Miembros mediante el Artículo 41 de su Carta. Los efectos negativos de las sanciones recaen de manera inevitable sobre los miembros más vulnerables de la población: por lo general, los adultos sanos pueden soportar largos períodos de privación, pero los niños y las niñas tienen menos recursos a los que recurrir y pueden sufrir daños irreparables.
Las sanciones impuestas a Haití en 1991, por ejemplo, tuvieron unas consecuencias devastadoras sobre la infancia. Una encuesta realizada entre 1994 y 1995 observó que un 7,8% de los menores de cinco años sufrían desnutrición aguda, en comparación con el 3,4% en 1990. La matriculación en la escuela descendió de un 83% en 1990 a un 57% en 1994, y el número de niños y niñas que vivían en las calles se duplicó durante el mismo periodo.
Datos como éstos provenientes de Haití, junto a la terrible situación de los niños y las niñas en Iraq (donde la tasa de mortalidad de menores de cinco años se duplicó durante el periodo de sanciones), convencieron a las Naciones Unidas de que en el futuro es preciso desplegar las sanciones de manera mucho más cuidadosa. En 1999, el Consejo de Seguridad se comprometió a considerar las repercusiones que pueden tener las sanciones sobre la infancia cada vez que las adopte bajo las disposiciones del artículo 41; en abril de 2000, el Consejo estableció un grupo de trabajo para analizar la política de sanciones de las Naciones Unidas y recomendó varias soluciones para lograr que las sanciones sean más específicas. En los últimos años, las sanciones impuestas sobre la UNITA en Angola, así como en Liberia y Sierra Leona, se han limitado a prohibir el comercio de armas y diamantes y los viajes de los funcionarios más altos del gobierno; además, sus repercusiones y eficacia se han evaluado de manera minuciosa.
La esperanza de las Naciones Unidas es que estas sanciones selectivas o “inteligentes” restablezcan la confianza de la comunidad internacional en medidas que, sin utilizar la fuerza militar, ejerzan una mayor presión sobre un Estado Miembro infractor que meras advertencias o exhortaciones verbales.
Niños y niñas como “zonas de paz”
La aspiración de incorporar a las leyes internacionales la idea de los niños y las niñas como “zonas de paz” no se ha logrado alcanzar. Esta opción, sin embargo, ha seguido mostrando su utilidad y salvando vidas en algunas situaciones de conflicto. En Sri Lanka, por ejemplo, más de medio millón de niños y de niñas atrapados en el conflicto que asola el noreste del país fueron vacunados contra la poliomielitis durante un Día subnacional de inmunización realizado en octubre de 2003, y que recibió el apoyo del UNICEF. Desde 1995, el Gobierno y los Tigres de Liberación de Tamil Eelam han observado anualmente estos “días de tranquilidad”, que son días de tregua en los que se vacuna a los niños y las niñas en todo el país.
Una importante novedad ha sido la mención específica sobre la necesidad de proteger a las mujeres y a los niños que se incluye en los mandatos que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dirige a las misiones de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. Cada vez es más frecuente que estas misiones –en el Afganistán, la República Democrática del Congo y Sierra Leona, entre otros países– nombre a uno o más consejeros para la protección infantil.
En Angola, Colombia y Sri Lanka, entre otros estados sacudidos por conflictos, se ha promovido activamente la idea de las escuelas como zonas de paz, es decir, como refugios seguros contra la violencia que asola sus países. Las escuelas deben ser lugares seguros para los niños y las niñas en todos los aspectos, y en ellas deben recibir la protección de adultos en quienes pueden confiar. Éste es uno de los principales requisitos de la campaña mundial en favor de la educación primaria universal, uno de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio. Si se pierde esta noción de seguridad –como ocurrió de manera trágica cuando niños y niñas murieron en octubre de 2003 durante un enfrentamiento armado en una escuela del oeste de Nepal– se pone en peligro la inviolabilidad de la infancia.
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