Los niños y las niñas nunca inician las guerras y, sin embargo, son quienes se encuentran más expuestos a sus consecuencias letales. Los grupos armados matan y mutilan a los niños y las niñas, perturban su educación, les impiden el acceso a los servicios esenciales de salud, aumentan la pobreza, la desnutrición y la enfermedad. Los conflictos pueden separar también a los niños y las niñas de sus padres y madres u obligarlos a huir de sus hogares, a ser testigos de atrocidades o incluso a perpetrar ellos mismos crímenes de guerra.
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En la última década, la situación de los niños y niñas afectados por los conflictos armados ha obtenido una mayor prominencia. Aunque esta atención cada vez mayor a los problemas de los niños y las niñas atrapados por los conflictos ha generado avances importantes para protegerlos mejor, muchos de los problemas que se señalaron entonces se han agravado incluso más, y han surgido nuevos desafíos que ponen a prueba la determinación del mundo para proteger a los niños y las niñas.
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El UNICEF y sus aliados dedican una gran proporción de sus recursos a abordar las desigualdades sociales y económicas que pueden conducir a la violencia, haciendo hincapié en la necesidad de llegar a los grupos vulnerables –entre ellos las niñas, las comunidades rurales y los pobres– combatir la marginación, calmar las tensiones y promover una integración social efectiva.
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