Un niño que crece protegido contra la violencia y el abuso tiene más posibilidades de crecer sano física y mentalmente, con confianza y respeto de sí mismo y con menos probabilidades de abusar de los demás o explotarlos. Por el contrario, cuando a los niños se les deja desprotegidos y vulnerables a la explotación y el abuso, se menoscaban de manera fundamental su infancia y sus derechos. Asegurar un entorno protector es la responsabilidad de los gobiernos, las organizaciones internacionales, la sociedad civil, las familias y los individuos.
Los elementos esenciales del entorno protector son:
- Capacidad de las familias y las comunidades: Todos aquellos que interactúan con niños –padres, maestros y líderes religiosos– deberían observar prácticas educativas protectoras y disponer de los conocimientos, las aptitudes, la motivación y el apoyo que les permitan reconocer y dar respuesta a la explotación y el abuso.
- El compromiso y la capacidad del gobierno: Los gobiernos deberían ofrecer apoyo presupuestario para la protección del niño, adoptar políticas de bienestar social adecuadas para proteger los derechos de la infancia, y ratificar con contadas o nulas reservas las convenciones internacionales relativas a los derechos y la protección de la infancia. La ratificación de los dos Protocolos Facultativos de la Convención sobre los Derechos del Niño sería una importante demostración del compromiso con la protección de los niños en los conflictos armados y contra la explotación.
- Legislación y medidas policiales: Los gobiernos deberían aplicar leyes para proteger a los niños y las niñas del abuso, la explotación y la violencia, enjuiciar enérgica y sistemáticamente a quienes cometen delitos contra niños y niñas, y evitar criminalizar a las víctimas infantiles.
- Actitudes y costumbres: Los gobiernos deberían cuestionar las actitudes, prejuicios y creencias que facilitan o propician los abusos. Deberían también comprometerse a preservar la dignidad de los niños y las niñas y conseguir que la población acepte sus responsabilidades en lo que se refiere a la protección de la infancia.
- Un debate abierto que incluya a la sociedad civil y a los medios de comunicación: Las sociedades deberían enfrentarse abiertamente a la explotación, al abuso y a la violencia a través de los medios y los grupos de la sociedad civil.
- Conocimientos para la vida práctica y de carácter general y participación de los niños: Las sociedades deben asegurarse de que los niños conocen sus derechos –y de que se les alienta y se les faculta para expresarlos– y se les proporcionan la información y los conocimientos que les permitan protegerse frente al abuso y la explotación.
- Servicios esenciales: Debería disponerse de servicios para las víctimas de abusos a fin de hacer frente a sus necesidades con confianza y dignidad, y también poner servicios sociales básicos a disposición de todos los niños y niñas, sin discriminación.
- Vigilancia, sistemas transparentes de denuncia y supervisión: Es preciso poner en práctica mecanismos de vigilancia, sistemas transparentes de presentación de denuncias y medidas de supervisión en relación con los abusos y la explotación.