Estado Mundial de la Infancia 2004

La mejor decisión

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© 2003/Progida

La educación de las niñas es una inversión fundamental para el desarrollo. En lugar de dejar sin recursos a otros sectores del desarrollo social, la financiación de la educación de las niñas ofrece un valor añadido a su trabajo. Limita la tensión que recae sobre el sistema de atención de la salud al reducir la mortalidad infantil y de la madre, al mantener más saludables a los niños y las niñas y reducir la incidencia de VIH/SIDA. Aumenta la productividad de las mujeres, fortaleciendo la economía a largo plazo. Abastecer con agua potable y saneamiento a una escuela fomenta la asistencia de las niñas y mejora la salud y la higiene de la comunidad.

El costo es fácil de superar. Los costos aproximados para lograr la educación universal oscilan entre los 9.100 millones de dólares y los 38.000 millones de dólares al año, gran parte de los cuales correrían a cargo de los propios países en desarrollo. Según los cálculos del Banco Mundial, la asistencia externa necesaria desde ahora mismo hasta 2015 supondría una factura de unos 60.000 millones de dólares. Se trata de una suma considerable, pero es bastante menor que el costo de operaciones militares de amplia escala para las que, al parecer, siempre se puede encontrar dinero.

Las barreras prácticas también se pueden superar. Las soluciones se han ensayado y se han puesto a prueba. Aquellas que dan resultado no pueden incorporarse a los programas educativos existentes. Los proyectos de educación de las niñas deben diseñarse como tales desde el comienzo.

Los programas para la educación de las niñas deben tener tres objetivos claros: reducir la cifra total de niñas que no asisten a la escuela; mejorar la calidad de la educación para las niñas y los niños por igual; y asegurar que se obtienen progresos en el nivel de aprendizaje de todos los alumnos.

Nuevo paradigma en materia de educación

Para conseguir que las niñas acudan a la escuela y no la abandonen, es necesario aplicar estrategias integradas en todos los planos: familia, comunidad, gobierno local y nacional. El desafío atañe a todos los ministros de gobierno, no solamente el ministro de educación.

Siete medidas para el futuro

Los gobiernos, los organismos de asistencia y las instituciones internacionales deben tomar medidas prácticas para rescatar a estos 65 millones de niñas. Es preciso tomar siete medidas fundamentales:

  1. Incluir la educación de las niñas como un elemento esencial de las actividades de desarrollo. Los principios fundamentales de los derechos humanos deben regir los programas de desarrollo económico y reducción de la pobreza.
  2. Fomentar un espíritu nacional en favor de la educación de las niñas. Las comunidades deben preocuparse ante el problema de las niñas que no acuden a la escuela, del mismo modo que se preocupan ante los niños y las niñas que realizan trabajos peligrosos.
  3. No permitir que haya costos educativos de ningún tipo. Todas las escuelas primarias deben ser gratuitas, universales y obligatorias.
  4. Pensar tanto fuera como dentro del marco educativo. La educación en general –y la educación de las niñas en particular– deben estar completamente integradas en los planes nacionales de reducción de la pobreza.
  5. Establecer escuelas como centros para el desarrollo de la comunidad. Las escuelas y otros espacios de aprendizaje menos formales deben convertirse en centros para la educación y el fomento de aptitudes para la vida práctica, así como para la participación y desarrollo comunitarios.
  6. Integrar las estrategias. La lucha contra las numerosas barreras a la educación de las niñas debe producirse en tres planos: las inversiones, políticas e instituciones; la prestación de servicios; y los marcos conceptuales, es decir los que se refieren a los enfoques económicos y de derechos humanos.
  7. Aumentar la financiación internacional para la educación. Todos los países industrializados deben asignar a la educación básica un 10% de la asistencia oficial y cumplir con sus promesas de dedicar a la asistencia por lo menos un 0,7% de su producto nacional bruto, y un 0,15% a los países menos adelantados. Es preciso ampliar la Iniciativa Acelerada [PDF en inglés] para abarcar a más países y garantizar una rápida financiación de sus necesidades.


Una tarea que no se terminó en el siglo XX

El mundo debe concentrarse en la meta para la educación de las niñas de 2005; de lo contrario, no será posible alcanzar en 2015 los Objetivos de Desarrollo para el Milenio. Es el siglo XXI; un buen momento para acabar una tarea que se debería haber realizado en el siglo XX.

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