Estado Mundial de la Infancia 2004

Poner en marcha el desarrollo

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© UNICEF/UN/2003/Debebe

En la Declaración del Milenio de septiembre de 2000, los estados miembros de las Naciones Unidas expresaron su compromiso de ocuparse de la pobreza atroz y la miseria desenfrenada que asolan a muchas zonas del planeta.

Los gobiernos fijaron el año 2015 para alcanzar los Objetivos de Desarrollo para el Milenio: erradicar la pobreza extrema y el hambre; lograr la educación primaria universal; promover la igualdad de los géneros y la autonomía de la mujer; reducir la mortalidad infantil; mejorar la salud materna; luchar contra el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades; garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; y establecer una asociación mundial en pro del desarrollo.

Dos de los objetivos son más decisivos que los demás: la educación universal, y la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer.

Si bien podría parecer que la educación universal es un objetivo fácil de alcanzar, entraña una enorme dificultad. Tras decenios de compromisos, todavía hay 121 millones de niños y niñas a quienes se les niega ese derecho. La paridad de la educación que reciben los géneros sigue siendo una cuestión esquiva, y 65 de esos millones de menores de edad sin escolarizar son niñas.

En consecuencia, millones de niñas que no han recibido una educación corren el riesgo de contraer enfermedades y ser víctimas de la violencia, el abuso y la explotación de todo tipo. Y los millones de niños y niñas que podrían haberse salvado si sus madres hubieran recibido instrucción, siguen muriéndose. Aquellos que sobreviven, siguen sufriendo innecesariamente. Y la pobreza causa cada vez más estragos.

Invertir en la educación de las niñas tendría como resultado la protección de los derechos de estas niñas y de toda la infancia y podría en marcha todos los demás objetivos para el desarrollo.

El objetivo más urgente de todos

El Objetivo para el Milenio de lograr que los géneros reciban una educación primaria y secundaria se ha establecido para 2005, 10 años antes que ningún otro. Todos los objetivos estarían en peligro si no se alcanza la paridad de género, lo que convierte a este objetivo en el más urgente de todos.

Educación para todos los niños y niñas

La meta de conseguir la paridad entre los géneros para 2005 se estableció antes de los Objetivos de Desarrollo para el Milenio. La primera vez que se propuso fue en la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos, celebrada en 1990 en Jomtien, Tailandia, y luego fue reafirmada en el Foro Mundial sobre la Educación, celebrado en el año 2000 en Dakar, Senegal.

Durante más de un decenio, la campaña Educación para Todos, coordinada por la UNESCO, ha evaluado los progresos anuales de cada país hacia el logro de esta meta. En su informe de 2000, Educación para Todos señaló que, si bien 86 países ya han logrado la igualdad entre los géneros respecto a la tasa de matriculación en la educación primaria, otros 36 parecen estar cerca de conseguir ese objetivo y 31 países –la mayoría de ellos en África subsahariana– corren el riesgo de no conseguirlo en 2015.

Después de Dakar, el UNICEF, como organismo coordinador, se unió a otros 12 organismos de las Naciones Unidas para crear la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas. La Iniciativa trabaja en los planos nacional e internacional para  mejorar la calidad y disponibilidad de la educación de las niñas.

La comunidad mundial volvió a expresar su compromiso con la educación y con la eliminación de las disparidades entre los géneros en la educación primaria y secundaria en mayo de 2002, durante la Sesión Especial de las Naciones Unidas sobre la Infancia. Los participantes en esta reunión prometieron hacer de la educación de todos los niños un elemento esencial de la construcción de “Un mundo apropiado para los niños”.


El alcance del fracaso

El precio del fracaso de no educar a todos los niños y niñas es una enorme pérdida de potencial. Los costos de este fracaso son especialmente graves en el caso de las niñas. Los efectos negativos de no ir a la escuela son peores para las niñas que para los niños, y su alcance se transmite a la siguiente generación.

Razones de la exclusión

A las niñas se les impide sistemáticamente la asistencia a la escuela por varias razones, todas las cuales están interrelacionadas. 

La falta de asunción de responsabilidades. En vez de entenderla como un derecho de todos los niños y niñas, a menudo se concibe que la educación es “algo bueno” para los niños y niñas. A los gobiernos no se les considera responsables de no cumplir con esta obligación.

La falta de una teoría adecuada. Las ideas dominantes sobre el desarrollo –el crecimiento económico y el ajuste estructural– infravaloraron el valor del desarrollo social, la educación en general y la educación de las niñas en particular. Los asuntos que afectan a las mujeres y a las niñas son prácticamente invisibles en las teorías, políticas y prácticas del desarrollo.

La falta de una estrategia adecuada. Incluso entre los que nos hemos comprometido a promover el objetivo de una Educación para Todos, hay una tendencia a no reconocer la necesidad de una estrategia multidimensional. A menudo al sector educativo se le deja únicamente la tarea de identificar problemas y proponer soluciones. Además, las perspectivas tradicionales no tienen en cuenta el género cuando este elemento debería ser una de sus principales consideraciones.

Desafiar el status quo

Para eliminar eficazmente los obstáculos que impiden que las niñas reciban una educación y consigan terminarla, cada sociedad debe ocuparse de factores que son fundamentales para la calidad de vida de la comunidad en su conjunto. La educación de las niñas está unida de un modo inseparable a otros aspectos del desarrollo humano: la salud y la posición social de la mujer, el cuidado de la primera infancia, la nutrición, la calidad del agua, el saneamiento y la autonomía de las comunidades. La educación de las niñas puede contribuir a reducir el trabajo infantil y otras formas de explotación.

El UNICEF hace un llamamiento a todos aquellos que estén interesados en la defensa de los derechos humanos y la consecución de los Objetivos para el Milenio con el fin de:

1. Incrementar el ritmo e intensidad de las medidas que se deben adoptar en los países con indicadores que revelan una discriminación de género concreta y flagrante hacia los niños y las niñas, en especial en aquellos países en que uno de los dos grupos corra un riesgo considerable de quedar excluido de la escuela.

2. Adoptar una estrategia para el desarrollo que sea multidimensional y esté basada en los derechos humanos, con el fin de reparar las numerosas situaciones discriminatorias que niegan a los niños y niñas el derecho a una educación primaria de calidad.

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