Estado Mundial de la Infancia 2004

Niñas excluidas, países atrasados

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© UNICEF/HQ97-0821/LeMoyne

Los Objetivos de Desarrollo para el Milenio especifican que para 2015 todos los niños y niñas deben tener las mismas posibilidades de recibir y de terminar estudios primarios de calidad. Sin embargo, los Objetivos especifican que la eliminación de la desigualdad de género en la educación debe cumplirse en 2005. Si no se elimina la desigualdad de género en la educación para esa fecha, no se logrará la educación universal en 2015.

En todas las regiones han aumentado las tasas generales de matriculación –la media mundial de matriculación es del 81%– pero las cifras son engañosas. Las diferencias regionales son muy grandes. Mientras que las tasas de matriculación en América Latina y el Caribe están cerca de las de América del Norte y Europa Occidental, un 94% y un 97% respectivamente, Asia occidental y meridional se quedan muy atrás, con una tasa del 74%, mientras que África subsahariana se hunde en un mero 59%.

Las tasas generales de matriculación ocultan otras diferencias. La tasa neta de matriculación está disminuyendo incluso a pesar de que las cifras generales hayan aumentado. Hay más niños y niñas en la escuela pero también los hay más fuera de la escuela. Debido al crecimiento de la población en edad escolar, no hay escuelas suficientes. Esto es especialmente marcado en África subsahariana, donde proporcionalmente habita el mayor número de niños y niñas en edad de asistir a la escuela primaria que están sin escolarizar, 41 millones en 1990 y 45 millones en 2002.

Cuando se analizan los datos, resulta fácil pasar por alto la incapacidad de escolarizar a las niñas. En muchos casos, las niñas sin escolarizar son “invisibles”: o bien no se informa sobre su presencia o no se proporciona información suficiente. Los países recogen sobre todo cifras promedio en sus informes, y así ocultan con frecuencia desigualdades de género muy graves entre varias regiones, y entre grupos étnicos o económicos.

El abandono escolar de las niñas

El desfase de género en la matriculación primaria se ha reducido en los años 1990. La proporción de matriculación bruta de las niñas con respecto a los niños en los países en desarrollo se incrementó de 0,86 a 0,92. Pero la tasa de terminación de estudios entre las niñas sigue estando por debajo de la de los niños, un 76% contra un 85%.

La crisis oculta

En Bosnia y Herzegovina, como ocurre en otros países de las regiones de la Europa central y del este y en toda América Latina y el Caribe, los problemas asociados con la educación de las niñas constituyen una “crisis oculta”. A pesar de las elevadas tasas de matriculación y asistencia, el incremento del número de niñas que abandonan la escuela revela un grave problema. La matriculación desciende de la escuela primaria a la secundaria. Cuando hay paridad en la matriculación, existe a menudo una disparidad en la calidad de la educación.  Esto se refleja en la retención escolar y el rendimiento en el aprendizaje, donde se da a menudo una amplia diferencia entre niños y niñas. Las niñas que terminan la escuela primaria o secundaria comprueban a menudo que no hay mujeres en puestos de responsabilidad o que ganan un salario más bajo que los hombres.

La financiación del déficit

Ninguno de los países ricos se desarrolló sin invertir en educación de un modo considerable. Es preciso inyectar más fondos en los presupuestos de educación de los países en desarrollo antes de que se produzca un crecimiento considerable en los índices de desarrollo. Cada país tendrá que cargar con la parte del león de la responsabilidad a este respecto. Y, sin embargo, tan sólo ocho países en desarrollo asignaron a la educación más de una quinta parte del gasto gubernamental entre 1999 y 2000.

Los países industrializados y las instituciones financieras internacionales no han conseguido hasta ahora cumplir su parte del trato. A pesar de las promesas de destinar fondos adicionales a la educación realizadas tanto en la Conferencia de Jomtien como en la Cumbre Mundial en favor de la Infancia, la asistencia disminuyó de 60.600 millones de dólares en 1991, a 49.600 millones en 2000, una reducción del 18%. La financiación bilateral de la educación se ha desmoronado todavía más con un descenso general a lo largo de todo el decenio, seguido por un recorte en el año 2000 que dejó la ayuda en 3.500 millones de dólares, un 30% menos que en 1990.

En lugar de formar parte de la solución, el reducido nivel de la asistencia internacional forma parte del problema por el que sigue habiendo niñas sin escolarizar.

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