Todas las generaciones se enfrentan a nuevos problemas – Uno de nuestros desafíos es escuchar los puntos de vista de la infancia.
El Estado Mundial de la Infancia 2003 se refiere a la participación infantil. Se centra en la responsabilidad de los adultos de
- tratar de obtener las perspectivas y las opiniones de la infancia y tomar sus puntos de vista en serio, y
- ayudar a los niños, las niñas y los adolescentes a desarrollar sus capacidades para que puedan tener una participación auténtica y significativa en el mundo.
La participación supone el acto de animar y capacitar a los niños y niñas para que den a conocer su punto de vista sobre los asuntos que les afectan. Cuando se pone en práctica, la participación requiere que los adultos escuchen a los niños, que estén atentos a sus múltiples y variadas formas de comunicarse, y que garanticen su libertad de expresarse y tengan en cuenta sus puntos de vista cuando llegue el momento de tomar decisiones que les afecten.
El principio de que los niños deben ser consultados sobre aquello que les afecta se encuentra a menudo con la resistencia de aquellos que lo ven como una forma de socavar la autoridad de los adultos dentro de la familia y la sociedad. Sin embargo, escuchar las opiniones de los niños no significa simplemente respaldar sus puntos de vista. Más bien, de lo que se trata es de entablar con ellos un diálogo y un intercambio que les permita aprender formas constructivas de influir en el mundo que les rodea. El toma y daca social de la participación alienta a los niños a asumir responsabilidades cada vez mayores como ciudadanos activos, tolerantes y democráticos en proceso de formación.
Auténtica participación infantil
La participación infantil puede adoptar varias formas de intervención,
entrega y compromiso, y no toda participación infantil es activa, social,
significativa o constructiva. La auténtica participación infantil
debe
partir de los propios niños y jóvenes, en sus propios términos,
dentro de sus propias realidades, y orientada a sus propias visiones, sueños,
esperanzas o preocupaciones. Para que puedan participar de una forma apropiada
y que refuerce su dignidad y autoestima, los niños necesitan información,
apoyo y unas condiciones favorables.
Sobre todo, una participación auténtica y significativa exige un cambio radical en la forma de pensar y la conducta de los adultos, de una actitud exclusiva hacia los niños y sus capacidades a otra inclusiva; de un mundo definido exclusivamente por los adultos a otro en el que los niños hagan su aportación al tipo de mundo en el que quieren vivir.
¿POR QUÉ LA PARTICIPACIÓN INFANTIL?
(Véanse las págs. 9 a 14)
Hay muchas y variadas razones que explican la importancia de la participación infantil, entre ellas:
1. Fomentar una participación significativa y de calidad de los niños y adolescentes es esencial para garantizar su crecimiento y desarrollo. Un niño cuya integración activa en el mundo ha sido alentada desde el principio será un niño apto para desarrollarse durante la primera infancia, para responder a las oportunidades educativas y para pasar a la adolescencia con confianza, firmeza y las capacidades necesarias para contribuir al diálogo y a los usos democráticos en casa, en la escuela, en la comunidad y en el país.
2. Los niños han demostrado que, cuando se involucran, pueden influir de un modo apreciable en el mundo que les rodea. Poseen las ideas, la experiencia y las intuiciones que enriquecen el entendimiento de los adultos y realizan una aportación positiva a las acciones de los adultos.
3. Cuando en mayo del 2002, en la clausura de la Sesión Especial de las Naciones Unidas en favor de la Infancia, la Asamblea General se comprometió a construir “un mundo apropiado para los niños y las niñas”, los dirigentes mundiales pusieron de manifiesto su compromiso de cambiar el mundo no sólo para los niños sino con su participación.
4. La construcción de la democracia es un tema de gran importancia para la paz y el desarrollo internacionales. Los valores de la democracia, tales como el respeto por los derechos y la dignidad de todas las personas, por su diversidad y su derecho a participar en las decisiones que les afectan, se aprenden por primera vez, y de un modo más eficaz, en la niñez.
5. El impulso a la participación es innato en los seres humanos, y está a punto para desarrollarse en cada bebé recién nacido, listo para ser influenciado en cada uno de los 2.000 millones de niños que hay hoy día en el mundo.
6. No se trata de plantearse cómo serían las cosas si los niños participaran, sino de cómo participan; ésa es ahora la cuestión fundamental, cuando tantos millones de niños sufren a causa del hambre, las enfermedades o la explotación. Lo que ahora nos corresponde mejorar es la calidad de su forma de interrelacionarse, y de la forma en que todos los niños tienen de relacionarse con su entorno social.
INTEGRARSE EN LA VIDA
(Véanse las págs. 19 a 22)
La participación no sólo parece diferente a distintas edades,
sino que es diferente. Alentar a los niños y niñas a que participen
implica escuchar no sólo a los niños mayores, a los más
aventajados o a los que se expresan mejor, sino a niños y niñas
de todas las edades y capacidades. Los niños participan en la vida
desde el primer momento, y su competencia para expresar sus necesidades y
frustraciones, sus sueños y sus aspiraciones, cambia con la edad y
va haciéndose más compleja a medida que avanza la niñez
y se pasa a la edad adulta. Aunque la participación del niño
de menor edad difiere de un modo muy marcado de la del adulto joven, la evolución
de las capacidades
mantiene una continuidad que es posible seguir desde los primeros movimientos
del bebé a las acciones políticas del adolescente.
El mejor comienzo posible
El que en años posteriores la participación de los niños en la vida y en la sociedad sea efectiva depende de que la participación se fomente desde el principio. Si los progenitores y los cuidadores prestan atención a las señales del pequeño en el primer año de vida, el intercambio mutuo contribuye a que el menor establezca un vínculo saludable.
Por el contrario, cuando el proceso por el que se desarrollan vínculos sanos se ve perturbado por los malos tratos, la desatención o por cambios reiterados de cuidador, el resultado puede traducirse, entre otras cosas, en desconfianza del niño hacia los adultos que detentan la autoridad, en incapacidad para dar y recibir afecto y una imposibilidad de desarrollar empatía, es decir, conciencia o compasión hacia los demás. Estos resultados negativos previsibles forman la base de la enorme preocupación que se ha generado en torno al número cada vez mayor de niños pequeños que se quedan huérfanos a causa del SIDA, especialmente en África subsahariana.
Aumentar las posibilidades de participación del niño
La responsabilidad de garantizar a los niños el mejor inicio posible en la vida mediante la ampliación y el refuerzo de su forma de participar la comparten las familias, los gobiernos locales, la sociedad civil y el sector privado. Los gobiernos nacionales deben proporcionar los marcos de políticas e institucionales –y la capacidad de liderazgo – en apoyo de las iniciativas locales.
El Programa de Servicios de Efectividad Paterna de Filipinas es un ejemplo de un tipo de enfoque que enseña a las familias a escuchar y entender lo que su hijo intenta comunicar. Los padres aprenden, por ejemplo, la importancia de leerle cuentos al niño, o de ver con él un programa educativo de televisión.
El Programa ha mejorado la nutrición infantil y reducido tanto los malos tratos a los niños como los castigos corporales excesivos por parte de los padres.
APRENDIZAJE ACTIVO
(Véanse las págs. 27 a 30)
Las escuelas figuran entre los lugares donde los niños adquieren
conocimientos fundamentales y aprenden a conocer el mundo, y donde son “socializados”,
donde se les hace tomar conciencia de lo que la sociedad espera de ellos en
el futuro como ciudadanos. A menudo, esto ha conllevado la imposición
de una obediencia y una deferencia ciegas. Sin embargo, las escuelas son cada
vez más lugares para una socialización diferente, donde se capacita
a los niños para pensar críticamente, donde aprenden sobre sus
derechos y responsabilidades
y donde se preparan activamente para desempeñar su papel como ciudadanos.
Hace tiempo que las organizaciones para el desarrollo de todos los tamaños están de acuerdo en que es rentable invertir en la educación de la niña y en la urgente necesidad de hacer esa inversión, sobre todo en el África subsahariana y en el Sur de Asia, donde hay más de 50 millones de niñas en edad escolar primaria que no asisten a la escuela.
En la provincia de Baluchistán, en el Pakistán, donde la tasa de alfabetización femenina es del 2%, la oficina local del UNICEF ya había trabajado en la promoción de la educación primaria para las niñas en colaboración con un movimiento muy motivado de boy scouts. Nunca antes en la región habían participado los niños en la promoción de los derechos de las niñas. Los scouts fueron de casa en casa controlando la asistencia de las niñas a la escuela y, allí donde era necesario, intentado convencer a los padres para que matricularan a sus hijas. En las aldeas donde no había escuela primaria para niñas, los scouts convencían a la escuela de niños para que admitieran a niñas; allí donde una distancia larga hasta la escuela planteaba peligros, los scouts se ofrecían para escoltar a las niñas. Los resultados del primer año fueron alentadores: cada escuela que participó en la campaña matriculó entre 10 y 15 nuevas niñas, llegando el total a unas 2.500.
Escuelas
El UNICEF sigue haciendo campaña en favor de unos métodos
de enseñanza que potencien al máximo la participación
de niños y niñas, y que alienten el aprendizaje activo en lugar
de la recepción pasiva de datos y saberes tal cual se han transmitido.
La experiencia indica que el aprendizaje centrado en los niños y basado
en la vida y el entorno de la comunidad, servirá también para
alentar la matriculación de
las niñas y su permanencia en la escuela.
Los centros de la Escuela Nueva en países de América Latina como Colombia, Guatemala, Guyana y Honduras, por ejemplo, se basan en grupos de varias edades en los que los derechos de los niños y la participación democrática son fundamentales. Un estudio reciente llevado a cabo en 25 escuelas de dos de las zonas más violentas de Colombia respalda el argumento de que es posible enseñar cosas como la cooperación, la coexistencia y la solución pacífica a los conflictos. Mediante entrevistas con padres, antiguos alumnos, maestros y directores de escuela, el estudio constató que los 15 centros que utilizaban la metodología de la escuela nueva habían tenido una repercusión directa e importante en la participación y la conducta democrática de sus alumnos dentro de la comunidad, y en los hábitos de voto de los progenitores. El marco del modelo de Escuela Nueva evoluciona constantemente, concluía el estudio, debido a la creatividad de los maestros y los órganos de gobierno de alumnos, padres y comunidades que comprenden el potencial del cambio.
Deportes
Hace mucho tiempo que se reconoce el valor del deporte para el desarrollo
físico y mental de un niño. En la actualidad, cada vez está
más difundida la creencia de que el deporte tiene el potencial para
contribuir a que se logren los Objetivos de Desarrollo para el Milenio, y
el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi A. Annan, ha nombrado un
grupo especial sobre Deporte y Desarrollo, Salud y
Paz, encargado de formular recomendaciones para utilizar el deporte como un
instrumento para el desarrollo.
EL PUNTO MÁS CRÍTICO
(Véanse las págs. 35 a 38)
Los adolescentes son quienes heredarán el mundo a corto plazo: la
generación que se apresta a llegar a la edad adulta y a tener acceso
a las ventajas y a las oportunidades que ésta conlleva. Y sin embargo,
en
todas las sociedades, los adolescentes son el grupo con mayores probabilidades
de sufrir a causa de la marginación, el maltrato, la explotación
y la indiferencia, y de encontrarse en un limbo peligroso en el que no son
lo suficientemente jóvenes para inspirar la protección
de los adultos ni lo suficientemente mayores como para disfrutar el poder
y las posibilidades de la sociedad adulta. En casi todos los países
hay poblaciones de adolescentes que tratan de ganarse la vida en las calles
de los centros urbanos. Los últimos cálculos indican que puede
haber 100 millones de niños que viven en estas condiciones.
Lograr el cambio social
En el Brasil, los niños y niñas que viven en las calles de la ciudad han encontrado en el MNMMR (Movimiento Nacional de Niños y Niñas de la Calle) un espacio de participación que ha posibilitado que tomen conciencia de sus derechos, reorganicen sus perspectivas en la vida y luchen por que se respeten sus derechos. En 1985, educadores de todo el país que ya estaban trabajando con niños de la calle crearon el Movimiento tras una reunión nacional a la que asistieron delegaciones de adolescentes en representación de grupos locales. El Movimiento ha tenido efectos apreciables sobre la reforma de la legislación nacional y desempeñó un papel protagónico al denunciar a los grupos de exterminación. Al participar en el Movimiento, los niños y las niñas que han vivido en las calles aprenden cómo regresar a la vida en la familia y la comunidad, asistir a la escuela y aprovechar un espacio propio donde pueden luchar por sus derechos.
ESCUCHAR A LA NIÑEZ
(Véanse las págs. 43 a 49)
La transición desde la situación actual hasta un mundo donde se solicite sistemáticamente la opinión de la niñez es un proceso que depende de que todos los involucrados aprendan nuevas aptitudes: los niños y los adultos, las familias, las comunidades, las ciudades y las organizaciones. Y a medida que los niños crecen y se desarrollan, sus oportunidades de participar se amplían desde los espacios públicos hasta los privados, desde la influencia local hasta la mundial.
Las familias
La familia, el primer entorno donde los niños aprenden a participar,
es también el mejor foro donde pueden aprender a expresar sus puntos
de vista al mismo tiempo que respetan las perspectivas de
los demás. Tal como señaló el Comité de los Derechos
del Niño en una de sus primeras sesiones, “Tradicionalmente se
ha considerado al niño como un miembro dependiente, invisible y pasivo
de la familia.
Sólo últimamente el niño se ha vuelto ‘visible’
y la evolución de la situación tiende a crearle además
un espacio en que pueda ser oído y respetado… A su vez, la familia
se convierte en el marco ideal para la
primera etapa de la experiencia democrática de cada uno de sus miembros,
incluso los niños”.
Al reconocer la función esencial y vital de las familias, muchas organizaciones han formulado programas y campañas de promoción que prestan apoyo a los progenitores y a las familias en sus esfuerzos encaminados a alentar la participación infantil. Por ejemplo, la Oficina Regional del UNICEF para América Latina y el Caribe estableció una serie de orientaciones de política destinadas a fortalecer a las familias en varias esferas, entre ellas: económica y materialmente; mediante la promoción de la paternidad responsable y la creación de programas de ayuda a las familias; y mediante la aplicación de leyes y programas para erradicar la violencia doméstica y el maltrato de los niños.
ESPACIOS PARA LA PARTICIPACIÓN
(Véanse las págs. 53 a 57)
Para optimizar la participación infantil es preciso replantear el mundo de los adultos. Es menester que los adultos escuchen las sugerencias de los niños y niñas y que les den un espacio. Esto significa alentar a la niñez a que desarrolle y perfeccione sus competencias y ponga en práctica los valores democráticos. Es preciso que los adultos compartan el control, el poder, la adopción de decisiones y la información.
Para que la niñez tenga una voz, es preciso que tenga también acceso a una información oportuna y comprensible en cada etapa de su evolución. En muchas situaciones, la supervivencia depende del tener acceso a la información, y hoy en día ese acceso es mucho más urgente en medio de la pandemia del VIH/SIDA. En encuestas realizadas en 40 países se comprobó que más del 50% de los jóvenes de 15 a 24 años tienen nociones totalmente erróneas sobre las vías de transmisión del VIH/SIDA.
La niñez y la juventud son casi invisibles en las políticas
públicas y sus opiniones están casi siempre ausentes en el primer
plano de la actualidad nacional. Incluso en las sociedades democráticas
más robustas, dirigidas al servicio de los intereses de los votantes,
hay tendencia a marginar a los niños y niñas y suponer que sus
progenitores hablarán en nombre de ellos. Una solución es el
creciente número de parlamentos infantiles, una respuesta positiva
a la necesidad de escuchar las opiniones de los jóvenes y fomentar
el espíritu de civismo democrático.
EN LA SESIÓN ESPECIAL DE LAS NACIONES UNIDAS EN FAVOR DE LA INFANCIA
(Véanse las págs. 61 a 64)
La idea de una participación infantil significativa en el ámbito
internacional se puso en práctica por primera vez en la Sesión
Especial de las Naciones Unidas en favor de la Infancia. Nunca antes habían
participado tantos niños en una reunión de ese nivel, y los
resultados
fueron espectaculares. Desde los diálogos intergeneracionales al Consejo
de Seguridad, los niños se encontraban en todas partes y expresaron
sus opiniones y se hicieron tomar en serio.
El Movimiento Mundial en favor de la Infancia
En las etapas inmediatamente anteriores a la sesión especial, el Movimiento Mundial en favor de la Infancia reunió a adultos, adolescentes, niños, niñas, activistas, asesores y defensores de los derechos de la niñez: todos aquellos que se preocupan por crear un mundo apropiado para la infancia. Si bien reconoció que no puede esperarse de los niños, las niñas y los adolescentes que cuestionen por sí mismos las prioridades equivocadas del mundo, esta dinámica alianza hizo suya la idea de que ese cuestionamiento no puede quedar a cargo de los adultos sin contar también con la pasión y las perspectivas de la niñez.
El Foro de la Infancia
Los más de 400 niños y niñas que viajaron a la ciudad de Nueva York en mayo, a fin de asistir a la sesión especial, procedían de más de 150 países. La mayoría de ellos eran adolescentes, aun cuando algunos tenían sólo 10 años. En el Foro de la Infancia, que duró tres días, los niños fueron divididos en grupos para debatir ocho temas clave, que ellos mismos habían seleccionado: explotación y abuso, medio ambiente, protección contra la guerra, participación infantil, salud, VIH/SIDA, pobreza y educación. En la ceremonia de clausura, los niños presentaron a Nelson Mandela y Graça Machel los compromisos de la campaña“Decir sí por los niños”, un total de 95 millones. La declaración, “Un mundo apropiado para nosotros”, fue leída ante la Asamblea General de las Naciones Unidas durante su sesión especial sobre la infancia por Gabriela Azurduy Arrieta, de 13 años, de Bolivia, y Audrey Cheynut, de 17 años, de Mónaco.
UN MUNDO APROPIADO PARA LA INFANCIA
Cuando se clausuró la Sesión Especial de las Naciones Unidas
en favor de la Infancia, todos los países aprobaron la Declaración
y Plan de Acción “Un mundo apropiado para los niños”,
donde reafirmaron
su compromiso para promover y proteger los derechos de la niñez. Por
medio de medidas nacionales y la cooperación internacional, los gobiernos
se comprometieron a promover vidas saludables, a proporcionar una educación
de calidad, proteger a la niñez contra el maltrato, la explotación
y la violencia, y combatir el VIH/SIDA. Y se comprometieron a lograr estas
metas y a cambiar el mundo no sólo en favor de los niños, sino
con ellos.
Una de las lecciones más amplias y profundas es que los niños son capaces de mucho más de lo que se supone habitualmente. Los niños y niñas se pondrán a la altura de los retos que enfrentan.
Pero para los millones de niños y niñas atrapados en conflictos armados o condenados a una desventurada vida de esclavitud sexual o trabajo riesgoso, los retos son excesivos. Es preciso que el mundo otorgue a su niñez una protección muy superior a la actual, en momentos en que abre la puerta a su participación.
Y es imprescindible que abra la puerta; no sólo porque los niños y niñas que la trasponen estarán en mejores condiciones de protegerse a sí mismos, sino también porque no podemos diseñar un mundo apropiado para la infancia si no escuchamos escrupulosamente lo que ésta tiene que decir.
La democracia no es fácil ni está garantizada. Como nos recuerda
el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan: “Uno de los
mayores retos de la humanidad en el nuevo siglo será la lucha por lograr
que la práctica de la democracia sea verdaderamente
universal”.
Si hemos de alcanzar las metas de “Un mundo apropiado para los niños”
y los Objetivos de Desarrollo para el Milenio, si hemos de cambiar este mundo
dividido, maltratado y plagado de conflictos mediante la promoción
de la práctica de la democracia, si hemos de
lograr que el mundo sea verdaderamente apropiado para la infancia, sólo
podremos lograrlo con la plena participación de las niñas, los
niños y los adolescentes.

