La participación infantil conlleva alentar y habilitar a los niños y las niñas para que expresen sus puntos de vista sobre las cuestiones que les afectan. Cuando se pone en práctica, la participación conduce a que los adultos escuchen a los niños, quienes a su vez se expresan a través de medios de comunicación múltiples y variados. Este proceso asegura la libertad del niño de expresarse por sí mismo y asume sus puntos de vista cuando se toman las decisiones que les atañen. Involucrar a los niños en el diálogo y el intercambio de ideas les permite aprender maneras constructivas de influir en el mundo que les rodea.
La participación infantil debe ser auténtica y significativa. Debe comenzar por los propios niños y jóvenes, en sus propios términos, en el marco de sus propias realidades y en la búsqueda de sus propias visiones, sueños, esperanzas y preocupaciones. Y en mayor medida, una participación infantil auténtica y significativa exige un cambio radical en el pensamiento y la conducta de los adultos: de un enfoque excluyente a un enfoque incluyente hacia los niños y sus capacidades.
El impulso hacia la participación es innato en todos los seres humanos. Promover una participación significativa y de calidad entre los niños y los adolescentes es esencial para asegurar su crecimiento y su desarrollo. Los niños han demostrado que cuando participan, pueden cambiar el mundo que les rodea. Tienen ideas, experiencia y aportes que enriquecen la comprensión de los adultos y ofrecen una contribución positiva a las actividades de los adultos.
El UNICEF considera que para que se alcancen las metas de “Un mundo
apropiado para los niños” y se logren los Objetivos de Desarrollo
para el Milenio, para conseguir un mundo verdaderamente apropiado para todas
las personas, solamente lo conseguiremos mediante la participación
plena de los niños, las niñas y los jóvenes.

