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III: Acciones que pueden cambiar el mundo
La inversión en la niñez constituye, pura y simplemente,
la mejor inversión que puede realizar un gobierno. Ningún
país ha ingresado en la senda del desarrollo significativo
y sostenido sin haber realizado una inversión considerable
en beneficio de sus niños.
La capacidad de liderazgo estratégico
Las decisiones de los dirigentes políticos tienen efectos
profundos en las vidas privadas de las familias, desde los primeros
años de la vida del niño hasta la edad escolar;
los años del aprendizaje, que abarcan de manera general
el período de la enseñanza primaria; y los años
de la adolescencia, cuando el niño confronta la compleja
realidad del mundo.
El desarrollo del niño en la primera infancia La atención
de buena calidad en la primera infancia es un requisito indispensable
para el desarrollo humano saludable. También se trata de
un derecho humano fundamental. Los dirigentes mundiales deben
garantizar que todos los niños, sin excepciones, sean inscritos
al nacer; que puedan comenzar sus vidas a salvo de la violencia
y el abuso; que reciban una nutrición suficiente, agua
potable, saneamiento ambiental adecuado y atención de la
salud. Y lo que resulta igualmente importante, las comunidades
deben garantizar que se satisfagan las necesidades de los niños
en cuanto a su desarrollo intelectual y emocional; que los niños
reciban suficientes estímulos y oportunidades de aprender
a edad temprana; y que sus padres y las otras personas que los
atiendan dispongan de suficiente apoyo e información para
ofrecerles un ambiente donde los niños reciban amor y se
enriquezcan intelectual y emocionalmente. Los gobiernos nacionales
que no les ofrezcan todo esto estarán cometiendo un costoso
error, y estarán faltando a las obligaciones morales y
jurídicas a que les obliga la Convención sobre los
Derechos del Niño.
Los buenos programas de desarrollo del niño en la primera
infancia abarcan todas las metas de la supervivencia del niño
con las que se ha identificado tradicionalmente el UNICEF: la
salud materna, el alumbramiento seguro, consultas médicas
periódicas tras el parto, la inmunización, la lactancia
materna como método para garantizar el crecimiento del
lactante, la alimentación complementaria y la educación
de los padres acerca de la nutrición y la salud. Pero también
cubren el desarrollo mental, social, emocional y espiritual de
los niños en sus primeros años, especialmente la
atención física y psicosocial y los estímulos
que reciben.
La
educación básica
Los beneficios de invertir en la educación básica
de alta calidad, especialmente en la educación de las niñas,
han sido evidentes en multitud de casos. La educación enriquece
la vida y amplía las oportunidades de todo el mundo.
Las niñas que disponen de la oportunidad de ir a la escuela
no sólo tienden a contar con mejores oportunidades y más
posibilidades en la vida, sino que aumentan las de sus futuros
hijos y familias, así como las de las sociedades en que
viven. Se ha demostrado que la educación de las niñas
reduce la mortalidad infantil, mejora la nutrición y la
salud de los niños y de las mujeres, y reduce el aumento
de la población, ya que las mujeres educadas tienden a
contraer matrimonio a mayor edad y a tener menos hijos.
La adolescencia
Los gobiernos que han ratificado la Convención sobre los
Derechos del Niño deben reconocer que los adolescentes
disfrutan de derechos inalienables que en la actualidad no se
toman en cuenta. Los adolescentes tienen derecho a obtener información
fidedigna y pertinente de fuentes diversas, como sus padres, sus
maestros, los medios de comunicación y la educación
entre pares. También tienen derecho a aprender las aptitudes
para la vida que necesitan durante los años de adolescencia,
cuando buscan su identidad e independencia. Se trata de las aptitudes
para resolver las diferencias de opinión, para resolver
conflictos de manera pacífica, para ejercer un pensamiento
crítico, para tomar decisiones, para comunicarse y para
ganarse la vida. Cuando se aseguran y garantizan estos derechos
no sólo se está ayudando a los jóvenes sino
a toda la sociedad humana.
Responsabilidades sin fronteras
Todos los países tienen diversos incentivos económicos
para invertir en los niños. Todo estado que haya ratificado
la Convención sobre los Derechos del Niño está
obligado a cumplir la cláusula que establece que los gobiernos
nacionales deben respetar todos los derechos enumerados en la
Convención hasta el máximo de los recursos
de que dispongan y debe acatar la obligación jurídica
y moral de emplear el interés superior de los niños
como principio rector cuando se vean obligados a tomar decisiones
espinosas. Los ministros de finanzas y las instituciones financieras
nacionales y provinciales deben hacerse cargo de las responsabilidades
que les caben con respecto a las maneras en que los países
emplean los fondos públicos para invertir en los niños.
Pero la Convención también contiene una cláusula
adicional que establece que cuando sea necesario se
deben obtener esos recursos dentro del marco de la cooperación
internacional. Los países en desarrollo deben hacer
al respecto todo que esté al alcance de sus posibilidades,
pero está absolutamente claro que a menos que se produzca
un importante aumento de la ayuda externa y una mayor infusión
de los recursos provenientes del alivio de la deuda, la mayoría
de ellos no logrará conquistar para 2015 las metas que
la comunidad internacional ratificó en la Cumbre del Milenio.
La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países
pobres muy endeudados (PPME), que se puso en marcha de una forma
muy lenta y limitada, ha comenzado por fin a cobrar ímpetu.
Para principios de 2000, la Iniciativa para la reducción
de la deuda de los PPME sólo había ayudado a cuatro
países: Bolivia, Guyana, Mozambique y Uganda. Hoy en día,
y en una versión mejorada, la Iniciativa ha
comenzado a dar resultados más positivos, ya que 22 países
pobres reciben beneficios de alivio que en el futuro totalizarán
unos 34.000 millones de dólares, lo que debería
ayudarles a reducir sus deudas a una tercera parte de sus montos
al comenzar el proceso.
Otro acontecimiento extremadamente esperanzador fue el anuncio
por parte de los países del Grupo de los Siete de que condonarán
el 100% de la deuda bilateral que mantenían con ellos varios
países de la Iniciativa para la reducción de la
deuda de los PPME. Las naciones que se adjudican el liderazgo
de la economía mundial deben dejar atrás las promesas
incumplidas del siglo pasado. Deben responder al llamamiento que
efectuó el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional,
Horst Köhler, en favor de una campaña de movilización
en pro de la acción para que todos los gobiernos y parlamentos
de la ODCE cumplan con la meta del 0,7% durante este decenio.
Obtener ese respaldo público no debería resultar
difícil: una encuesta realizada hace poco en los Estados
Unidos indicó que la mayor parte de la población
supone que su gobierno asigna mucho más del 20% del presupuesto
federal a la asistencia externa. Cuando se preguntó a los
encuestados cuál era en su opinión un nivel adecuado
de asistencia externa, la respuesta promedio fue un 14% del presupuesto.
En febrero de 2001 ocurrió en Londres un acontecimiento
profundamente esperanzador. El Ministro de Finanzas del Reino
Unido, Gordon Brown, y la Ministra para el Desarrollo Internacional,
Clare Short, convocaron una conferencia de un día sobre
la acción internacional contra la pobreza infantil que
trajo consigo un notable cambio de perspectivas. Asistieron a
la reunión los ministros de finanzas de muchos países
del mundo, así como los jefes del Banco Mundial y el FMI,
y delegaciones de los principales organismos de las Naciones Unidas
y de ONG. La reunión constituyó un reconocimiento
tácito de que no había manera de conquistar las
metas para el desarrollo que la comunidad internacional se había
comprometido a lograr para el año 2015 si todas las partes
no colaboraban con un grado de compromiso mucho mayor al que se
había demostrado hasta entonces, y especialmente si no
se contaba con la participación de los ministros de finanzas
y las instituciones financieras internacionales que controlan
los recursos.
Nelson Mandela se dirigió a los presentes mediante una
transmisión televisiva por satélite en la que les
dijo: Debemos dar prioridad a los niños en el temario
mundial. Debemos modificar las estrategias dirigidas a reducir
la pobreza de manera que otorguen prioridad a las inversiones
en los niños.
La Sesión Especial en favor de la Infancia
Estaba previsto que la Sesión Especial en favor de la
Infancia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la culminación
de varios años de trabajo por parte de miles de organizaciones,
se celebrara en Nueva York en septiembre de 2001, pero se canceló
después de los ataques contra el Centro del Comercio Mundial.
La nueva fecha prevista es a comienzos de 2002. Tal como sucede
con casi todas las conferencias importantes de las Naciones Unidas,
la Sesión Especial venía precedida por una serie
de reuniones preparatorias en las que se habían estudiado
y debatido sus aspectos fundamentales, y se habían redactado
y revisado una serie de principios rectores y metas con las que
los gobiernos tendrán que comprometerse.
La gama más amplia posible de organizaciones de la sociedad
civil que trabajan con los niños y para ellos desempeñó
una parte crucial en este proceso. Los representantes de las ONG
contaron con acceso pleno a los borradores de los documentos y
contribuyeron de manera notable al proceso. Establecieron una
alianza multidireccional con el propósito de garantizar
que los dirigentes mundiales se tomen con seriedad la idea de
que los niños disfrutan de derechos humanos fundamentales,
y de que debemos dedicarles con carácter prioritario nuestras
energías, nuestro compromiso y nuestros recursos. Se trata,
asimismo, de una alianza que no se limita a tratar de representar
las necesidades y los intereses de los niños, sino que
se propone basarse en su participación. A ello se debió
que en abril de 2001 se reuniera en Jomtien, Tailandia, un número
sin precedentes de niños de entre 11 y 18 años provenientes
de países de Asia Oriental. Ese mismo mes se reunieron
en Budapest niños de 27 países de Europa y Asia
Central, a fin de elaborar un temario juvenil regional. En noviembre
de 2000 se llevó a cabo un Foro Juvenil Regional de características
similares en Amman, al que acudieron niños de Oriente Medio
y África Septentrional, mientras que en Katmandú,
en abril de 2001, un grupo conocido como Los factores del cambio,
donde estuvieron representados niños de ocho países
de Asia Meridional, dio a conocer su visión del futuro
a los jefes de las empresas más importantes de la región.
Un mundo justo para los niños
La Sesión Especial en favor de la Infancia ofrecerá
a las naciones del mundo una oportunidad inédita de dejar
atrás una época en que cientos de millones de niños
cayeron en la pobreza o la explotación laboral, fueron
condenados a pasar hambre todos los días o se les denegaron
los beneficios de la enseñanza.
En los últimos decenios, hemos aprendido mucho durante
las actividades relacionadas con el desarrollo acerca de las diversas
maneras en que se pueden descartar o eludir las promesas o su
cumplimiento, y sobre la manera en que los niños terminan
pagando las consecuencias de esta negligencia. Hemos aprendido
que las metas y los objetivos deben ser específicos, sujetos
a plazos establecidos y mensurables, y que los avances que se
logren deben ser vigilados y examinados cuidadosamente.
Ahora es el turno para cambiar las cosas de quienes detentan
el poder político y la confianza de la opinión pública,
aquellos que tienen las mayores oportunidades y responsabilidades.
Los millones de personas de todos los países del mundo
que han comprometido su apoyo con la causa de los derechos de
los niños les estarán observando más detenidamente
que nunca. Quienes se consideran dirigentes deben dar de sí
mismos todo lo necesario, porque menos que eso no sería
suficiente para crear un mundo justo para los niños.
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