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2002 Photo © UNICEF
 

 

III: Acciones que pueden cambiar el mundo

La inversión en la niñez constituye, pura y simplemente, la mejor inversión que puede realizar un gobierno. Ningún país ha ingresado en la senda del desarrollo significativo y sostenido sin haber realizado una inversión considerable en beneficio de sus niños.

La capacidad de liderazgo estratégico

Las decisiones de los dirigentes políticos tienen efectos profundos en las vidas privadas de las familias, desde los primeros años de la vida del niño hasta la edad escolar; los años del aprendizaje, que abarcan de manera general el período de la enseñanza primaria; y los años de la adolescencia, cuando el niño confronta la compleja realidad del mundo.

El desarrollo del niño en la primera infancia La atención de buena calidad en la primera infancia es un requisito indispensable para el desarrollo humano saludable. También se trata de un derecho humano fundamental. Los dirigentes mundiales deben garantizar que todos los niños, sin excepciones, sean inscritos al nacer; que puedan comenzar sus vidas a salvo de la violencia y el abuso; que reciban una nutrición suficiente, agua potable, saneamiento ambiental adecuado y atención de la salud. Y lo que resulta igualmente importante, las comunidades deben garantizar que se satisfagan las necesidades de los niños en cuanto a su desarrollo intelectual y emocional; que los niños reciban suficientes estímulos y oportunidades de aprender a edad temprana; y que sus padres y las otras personas que los atiendan dispongan de suficiente apoyo e información para ofrecerles un ambiente donde los niños reciban amor y se enriquezcan intelectual y emocionalmente. Los gobiernos nacionales que no les ofrezcan todo esto estarán cometiendo un costoso error, y estarán faltando a las obligaciones morales y jurídicas a que les obliga la Convención sobre los Derechos del Niño.

Los buenos programas de desarrollo del niño en la primera infancia abarcan todas las metas de la supervivencia del niño con las que se ha identificado tradicionalmente el UNICEF: la salud materna, el alumbramiento seguro, consultas médicas periódicas tras el parto, la inmunización, la lactancia materna como método para garantizar el crecimiento del lactante, la alimentación complementaria y la educación de los padres acerca de la nutrición y la salud. Pero también cubren el desarrollo mental, social, emocional y espiritual de los niños en sus primeros años, especialmente la atención física y psicosocial y los estímulos que reciben.

©UNICEF/La educación básica

Los beneficios de invertir en la educación básica de alta calidad, especialmente en la educación de las niñas, han sido evidentes en multitud de casos. La educación enriquece la vida y amplía las oportunidades de todo el mundo.

Las niñas que disponen de la oportunidad de ir a la escuela no sólo tienden a contar con mejores oportunidades y más posibilidades en la vida, sino que aumentan las de sus futuros hijos y familias, así como las de las sociedades en que viven. Se ha demostrado que la educación de las niñas reduce la mortalidad infantil, mejora la nutrición y la salud de los niños y de las mujeres, y reduce el aumento de la población, ya que las mujeres educadas tienden a contraer matrimonio a mayor edad y a tener menos hijos.

La adolescencia

Los gobiernos que han ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño deben reconocer que los adolescentes disfrutan de derechos inalienables que en la actualidad no se toman en cuenta. Los adolescentes tienen derecho a obtener información fidedigna y pertinente de fuentes diversas, como sus padres, sus maestros, los medios de comunicación y la educación entre pares. También tienen derecho a aprender las aptitudes para la vida que necesitan durante los años de adolescencia, cuando buscan su identidad e independencia. Se trata de las aptitudes para resolver las diferencias de opinión, para resolver conflictos de manera pacífica, para ejercer un pensamiento crítico, para tomar decisiones, para comunicarse y para ganarse la vida. Cuando se aseguran y garantizan estos derechos no sólo se está ayudando a los jóvenes sino a toda la sociedad humana.

Responsabilidades sin fronteras

Todos los países tienen diversos incentivos económicos para invertir en los niños. Todo estado que haya ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño está obligado a cumplir la cláusula que establece que los gobiernos nacionales deben respetar todos los derechos enumerados en la Convención “hasta el máximo de los recursos de que dispongan” y debe acatar la obligación jurídica y moral de emplear el interés superior de los niños como principio rector cuando se vean obligados a tomar decisiones espinosas. Los ministros de finanzas y las instituciones financieras nacionales y provinciales deben hacerse cargo de las responsabilidades que les caben con respecto a las maneras en que los países emplean los fondos públicos para invertir en los niños. Pero la Convención también contiene una cláusula adicional que establece que “cuando sea necesario” se deben obtener esos recursos “dentro del marco de la cooperación internacional”. Los países en desarrollo deben hacer al respecto todo que esté al alcance de sus posibilidades, pero está absolutamente claro que a menos que se produzca un importante aumento de la ayuda externa y una mayor infusión de los recursos provenientes del alivio de la deuda, la mayoría de ellos no logrará conquistar para 2015 las metas que la comunidad internacional ratificó en la Cumbre del Milenio.

La Iniciativa para la reducción de la deuda de los países pobres muy endeudados (PPME), que se puso en marcha de una forma muy lenta y limitada, ha comenzado por fin a cobrar ímpetu. Para principios de 2000, la Iniciativa para la reducción de la deuda de los PPME sólo había ayudado a cuatro países: Bolivia, Guyana, Mozambique y Uganda. Hoy en día, y en una versión “mejorada”, la Iniciativa ha comenzado a dar resultados más positivos, ya que 22 países pobres reciben beneficios de alivio que en el futuro totalizarán unos 34.000 millones de dólares, lo que debería ayudarles a reducir sus deudas a una tercera parte de sus montos al comenzar el proceso.

Otro acontecimiento extremadamente esperanzador fue el anuncio por parte de los países del Grupo de los Siete de que condonarán el 100% de la deuda bilateral que mantenían con ellos varios países de la Iniciativa para la reducción de la deuda de los PPME. Las naciones que se adjudican el liderazgo de la economía mundial deben dejar atrás las promesas incumplidas del siglo pasado. Deben responder al llamamiento que efectuó el Director Gerente del Fondo Monetario Internacional, Horst Köhler, en favor de “una campaña de movilización en pro de la acción para que todos los gobiernos y parlamentos de la ODCE cumplan con la meta del 0,7% durante este decenio”. Obtener ese respaldo público no debería resultar difícil: una encuesta realizada hace poco en los Estados Unidos indicó que la mayor parte de la población supone que su gobierno asigna mucho más del 20% del presupuesto federal a la asistencia externa. Cuando se preguntó a los encuestados cuál era en su opinión un nivel adecuado de asistencia externa, la respuesta promedio fue un 14% del presupuesto.

En febrero de 2001 ocurrió en Londres un acontecimiento profundamente esperanzador. El Ministro de Finanzas del Reino Unido, Gordon Brown, y la Ministra para el Desarrollo Internacional, Clare Short, convocaron una conferencia de un día sobre la acción internacional contra la pobreza infantil que trajo consigo un notable cambio de perspectivas. Asistieron a la reunión los ministros de finanzas de muchos países del mundo, así como los jefes del Banco Mundial y el FMI, y delegaciones de los principales organismos de las Naciones Unidas y de ONG. La reunión constituyó un reconocimiento tácito de que no había manera de conquistar las metas para el desarrollo que la comunidad internacional se había comprometido a lograr para el año 2015 si todas las partes no colaboraban con un grado de compromiso mucho mayor al que se había demostrado hasta entonces, y especialmente si no se contaba con la participación de los ministros de finanzas y las instituciones financieras internacionales que controlan los recursos.

Nelson Mandela se dirigió a los presentes mediante una transmisión televisiva por satélite en la que les dijo: “Debemos dar prioridad a los niños en el temario mundial. Debemos modificar las estrategias dirigidas a reducir la pobreza de manera que otorguen prioridad a las inversiones en los niños”.

La Sesión Especial en favor de la Infancia

Estaba previsto que la Sesión Especial en favor de la Infancia de la Asamblea General de las Naciones Unidas, la culminación de varios años de trabajo por parte de miles de organizaciones, se celebrara en Nueva York en septiembre de 2001, pero se canceló después de los ataques contra el Centro del Comercio Mundial. La nueva fecha prevista es a comienzos de 2002. Tal como sucede con casi todas las conferencias importantes de las Naciones Unidas, la Sesión Especial venía precedida por una serie de reuniones preparatorias en las que se habían estudiado y debatido sus aspectos fundamentales, y se habían redactado y revisado una serie de principios rectores y metas con las que los gobiernos tendrán que comprometerse.

La gama más amplia posible de organizaciones de la sociedad civil que trabajan con los niños y para ellos desempeñó una parte crucial en este proceso. Los representantes de las ONG contaron con acceso pleno a los borradores de los documentos y contribuyeron de manera notable al proceso. Establecieron una alianza multidireccional con el propósito de garantizar que los dirigentes mundiales se tomen con seriedad la idea de que los niños disfrutan de derechos humanos fundamentales, y de que debemos dedicarles con carácter prioritario nuestras energías, nuestro compromiso y nuestros recursos. Se trata, asimismo, de una alianza que no se limita a tratar de representar las necesidades y los intereses de los niños, sino que se propone basarse en su participación. A ello se debió que en abril de 2001 se reuniera en Jomtien, Tailandia, un número sin precedentes de niños de entre 11 y 18 años provenientes de países de Asia Oriental. Ese mismo mes se reunieron en Budapest niños de 27 países de Europa y Asia Central, a fin de elaborar un temario juvenil regional. En noviembre de 2000 se llevó a cabo un Foro Juvenil Regional de características similares en Amman, al que acudieron niños de Oriente Medio y África Septentrional, mientras que en Katmandú, en abril de 2001, un grupo conocido como Los factores del cambio, donde estuvieron representados niños de ocho países de Asia Meridional, dio a conocer su visión del futuro a los jefes de las empresas más importantes de la región.

Un mundo justo para los niños

La Sesión Especial en favor de la Infancia ofrecerá a las naciones del mundo una oportunidad inédita de dejar atrás una época en que cientos de millones de niños cayeron en la pobreza o la explotación laboral, fueron condenados a pasar hambre todos los días o se les denegaron los beneficios de la enseñanza.

En los últimos decenios, hemos aprendido mucho durante las actividades relacionadas con el desarrollo acerca de las diversas maneras en que se pueden descartar o eludir las promesas o su cumplimiento, y sobre la manera en que los niños terminan pagando las consecuencias de esta negligencia. Hemos aprendido que las metas y los objetivos deben ser específicos, sujetos a plazos establecidos y mensurables, y que los avances que se logren deben ser vigilados y examinados cuidadosamente.

Ahora es el turno para cambiar las cosas de quienes detentan el poder político y la confianza de la opinión pública, aquellos que tienen las mayores oportunidades y responsabilidades. Los millones de personas de todos los países del mundo que han comprometido su apoyo con la causa de los derechos de los niños les estarán observando más detenidamente que nunca. Quienes se consideran dirigentes deben dar de sí mismos todo lo necesario, porque menos que eso no sería suficiente para crear un mundo justo para los niños.

 
   


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II: "Cambiar el mundo con los niños"
 
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